Negocios
Arte y Cultura
Tecnologia
Espectaculos
Ciencia y Salud
Latinos en EE.UU.
Mexico
Cuba
Comida Latina
Un Poco de Humor
Publicidad
Quienes Somos
Cartas al Editor
Who We Are
Advertising
Contact Us


 



Muere Guillermo Vidal, un
escritor cubano inconquistable




‘Si se es deshonesto como escritor uno está perdido o comienza a perderse’, afirmó el narrador tunero.

Bien temprano, serían alrededor de las 6:15 de la mañana del domingo 16 de mayo, cuando sonó el teléfono al lado de mi cama, y junto con el timbre salté y tomé el auricular, era Lilandia Veguilla, o “Cusy”, como le decía Guillermo Vidal a su tía-mamá. Ella preguntó si era yo, y por su tono supe lo que diría antes de que me lo anunciara: “Ay, Gayol, pasó lo peor, Guillermo murió anoche”…

Las crudas palabras de Cusy, diciéndome que había tenido complicaciones de salud como consecuencia de problemas respiratorios, que lo obligaron a hospitalizarse varias veces, me crearon, primero, el estupor, y después fue un desgarramiento, una pena honda que se acentuaba con el distanciamiento en que nos encontrábamos y el sufrimiento de aquella desconsolada mujer. En esa llamada, Cusy y yo mismo éramos el ejemplo del lamento, incluso por la impotencia de no haber podido estar en los últimos momentos de Guillermo.

Sólo una vez había sentido ese vacío tan inmenso, y fue cuando la muerte de mi padre, con el que no pude estar allá en La Habana, cuando falleció en 1997. Salvando la distancia entre estos dos afectos diferentes, pero que en esencia es el mismo amor que Cristo nos enseñó, vuelvo a sentir ese desasosiego, ese sentimiento de soledad que nos embarga cuando sabemos que ya no podemos contar más ni siquiera con la voz y los nuevos escritos de un ser tan especial como lo fue mi amigo Guillermo, “el Guille”, como a él le gustaba que le dijeran. Mi sincero dolor fue el de perder a un ser querido, pero también con la connotación de que Guillermo, en este preciso tiempo, significaba (significa) para mí un aliciente como nunca había tenido en mi propia inspiración literaria y humana. Sí, me enorgullezco de su amistad y de que él fuera una inspiración y hasta más: una aspiración de lo que yo he pretendido ser como narrador.

El amigo y escritor Amir Valle, otro de los buenos narradores y muy cercano a Guillermo, resume con una frase los tres aspectos que hacen que todo el mundo lo vea como un ser humano extraordinario y un creador literario no menos valioso: “Nos quedará siempre su ejemplo de humildad, su honestidad sin límites y su presencia”, declara Amir, para hacer que éstas fueran las primeras palabras sobre Guillermo que se dijeran mediante internet.

Guillermo Vidal Ortiz, nacido en Las Tunas, en 1952, fue esencialmente humilde; y esa humildad suya se reflejaba en un tono mesurado y firme de voz; nunca hablaba más de la cuenta, y siempre esperaba a que los demás terminaran. Nunca lo vi interrumpir a nadie, ni tampoco discutir por encima de la voz del otro. Guillermo sabía ser el otro mismo; era la otredad en persona; su rostro de lüenga barba y su cuerpo delgado daban una imagen en dos vertientes: una amable, sosegada, de maestro calmado que podía confundirse con la de un sabio antiguo; y otra, si lo mirábamos (él) de pie, hablando con su cabeza inclinada hacia arriba, era entonces la apariencia de un Quijote moderno, que con frecuencia tenía a su lado al fiel amigo Ramiro Duarte, quizás no con el realismo de un Sancho, pero sí con la magia de un Talkien y las observaciones insólitas de un Cardet. Un ejemplo de la humildad de Guillermo para mí era (es) el hecho de que siempre me dio a entender que no le importaba conquistar el mundo, pero que si eso sucedía, sería desde su más sencillo rincón en Las Tunas, nuestro pueblo natal y donde él quiso vivir siempre. Recuerdo que nunca pidió nada (a mí, siquiera); y, mucho menos, llevó a cabo algo por interés material, y sí por interés afectivo, espiritual, por el solo goce de servirme a mí o a los demás.

A todos los que le hemos conocido nos consta su “honestidad sin límites”. Esa honestidad también se encuentra en sus escritos, sus novelas, sus cuentos, su propia voz; en general, su palabra. Esta palabra suya, literaria y no literaria, fue irreverente, iconoclasta; desde la concepción griega de lo que es la democracia,. casi puedo decir que rozó los límites de la disidencia y nunca fue una palabra vendida; hasta la última de sus obras publicadas puede verse en él a un escritor que nunca cedió ante las “acusaciones ideológicas” que le formularon, y por ello me da satisfacción llamarlo El Inconquistable. Sus libros —sin miedo a equivocarme— están llenos de democracia, como dije anteriormente, porque las voces de sus personajes hablan por sí mismos, viven sus propias existencias sin dejarse censurar ni rendirles cuentas a nadie, discurren el discurso, tejen la estructura, alimentan la vida interna y propia de cada narración. Para mí es inolvidable Matarile, una de las novelas de mayor audacia de contenido y literariamente mejor escritas de la Cuba contemporánea, que va desde la isla hasta el exilio. También valoro mucho la novela La saga del perseguido (Premio nacional Alejo Carpentier), que cuenta con capítulos y momentos antológicos de la relación entre un hijo y un padre asesino y prófugo, además de las complejidades en las distintas etapas de un adolescente. Todos sus libros, cuentos y novelas, están rebosantes de cosas nuevas, de sorpresas técnicas (las técnicas literarias aprendidas del boom de la narrativa hispanoamericana son herramientas principalísimas en el proceso de su escritura); sus libros muestran con claridad meridiana el proceso evolutivo de un escritor auténtico que poco a poco apuntaba su mira a una narrativa de altos vuelos y largo aliento.

Premios obtuvo muchos, tales como: el 13 de Marzo (1985), el David (1986), el Luis Felipe Rodríguez de la UNEAC (1990), el Hermanos Loynaz (1996), el de la Casa de Teatro (República Dominicana, 1998), el Dulce María Loynaz (1992) y el Premio nacional Alejo Carpentier. Publicó más de 10 libros, entre cuentos y novelas: Se permuta esta casa, Los cuervos, El amo de las tumbas, Los iniciados, Confabulación de la araña, Las manzanas del paraíso, Ella es tan sucia como sus ojos, Matarile, Los enemigos, El quinto sol y La saga del perseguido. No en balde, la directora de la editorial Plaza Mayor de Puerto Rico, Patricia Gutiérrez, ha declarado haber “perdido a uno de los autores cubanos contemporáneos más talentosos y a uno de los mejores seres humanos que he conocido en toda mi vida”. Las manzanas del paraíso, novela publicada en la Colección Cultura Cubana, de esa editorial, según Gutiérrez, es una de las novelas que más se ha vendido, especialmente en España.. Por su parte, Luis Manuel García, editor de la revista Encuentro de la Cultura Cubana, que se publica también en España, declaró que “su prosa afilada y por momentos ácida suscitó con frecuencia la ira de los guardianes de la ideología, sin que por ello Guillermo Vidal, el hombre, quebrara su cordialidad y su sencillez con ninguna clase de vedettismo. Hasta el último minuto, como él mismo afirmó, escribió ‘con las tripas’, jugándose el alma, porque ‘si se es deshonesto como escritor uno está perdido o comienza a perderse’”.

Su honestidad fue así también su conducta de profesor universitario, cuando enseñaba a profundis los escritores clásicos de la literatura hispanoamericana, aun cuando corría el riesgo de la censura y hasta la posibilidad de la persecución política, pero tenía que ser sincero con sus alumnos y hablarle y enseñarles grandes autores literarios: Mario Vargas Llosa (por quien sintió una gran admiración), Jorge Luis Borges, Octavio Paz, José Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante, y muchos más que estuvieron prohibidos en su momento y durante muchos años. Los estudió, los promocionó y los impartió en sus clases hasta que esta actitud suya le valió la expulsión como profesor de la filial de la Universidad de Santiago de Cuba en Las Tunas, en la década de los 80. Su honestidad fue, además, su convicción de ser genuino y de decir lo que tenía que decir a través de la imagen, la sugerencia y la metáfora literarias.

Su presencia es la inspiración que nos legó; es el impulso que le otorgó (y otorga) a todos los que se acercaron a él y conocen su vida y su obra; fue la educación y la gentileza con que siempre trató a todos, para dejar siempre una estela de gusto y complacencia. En mi caso particular, el Guille me entregó su fuerza —al reencontrarnos, siquiera mediante el teléfono y los correos electrónicos, después de tantos años separados físicamente— y me hizo volver a dedicarme a la narrativa; pero para mí él fue, además de la constatación de que la amistad verdadera no muere, un pilar de los principios, alguien que no traicionó jamás su visión del mundo; alguien que no pudo ser conquistado.

Por todas estas cosas, su presencia siempre estará con nosotros, conmigo, aun cuando yo sé que ya el Guille Vidal “el Inconquistable” se encuentra en el mejor de los cielos posibles, echándole una mano a Dios, inventando con el Creador algunas nuevas historias.



Avisele a un amigo:

© CONTACTO Magazine
Publicado en CONTACTO el 18 de mayo de 2004

Volver a Primera Página
Visitar el Directorio Comercial Clasificado