La Segunda República (1940-1958)

("La Segunda República (1940-1958)" es un fragmento del capítulo 1 del libro "Cuba: Mito y Realidad" (Saeta Ediciones, 1990), de Juan Clark, sociólogo y profesor de ciencias sociales del Miami-Dade Community College. En esta pieza, Clark analiza principalmente los gobiernos de Fulgencio Batista (1940-1944), Ramón Grau San Martin (1944-1948) y Carlos Prío Socarrás (1948-1952). También toma nota de la violencia "gangsteril" de la década de los 40 y del surgimiento del líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), Eduardo Chibás, quien se suicidó en 1951 después de haber despertado grandes esperanzas en amplios sectores de la sociedad).

Las elecciones presidenciales de 1940 llevaron al ya general Batista a la presidencia, pero ahora como civil. Su triunfo sobre el Dr. Grau San Martín, el popular líder del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), es atribuido en gran parte a la mecánica del voto presidencial que favoreció de modo parcial a la Coalición Socialista Democrática, encabezada por Batista, aunque también se reportaron irregularidades en los colegios electorales. De esta forma comenzó un nuevo proceso democrático y constitucional, que paradójicamente habría de ser truncado más tarde por la misma persona que había sido instrumento principal de su creación. El gobierno de Batista (1940-1944) se caracterizó por la continuación de la deshonestidad administrativa, con el enriquecimiento ilícito de muchos funcionarios, principalmente dentro de las fuerzas armadas y la policía, siendo el primer beneficiado el propio Batista, del cual se afirma que amasó una inmensa fortuna. Este contó con el apoyo de los comunistas, quienes lo habían atacado anteriormente como "lacayo de los americanos". Batista no sólo los reconoció como partido, sino que también les entregó dos carteras ministeriales, y otros beneficios, facilitándoles alcanzar el control del movimiento obrero en la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).

Como crédito a la administración de Batista, debe señalarse que durante su gobierno se realizaron numerosas obras públicas -las cuales constituyeron una importante fuente de enriquecimiento ilícito- y se dio énfasis a la educación. La economía continuó prosperando gracias al impacto benéfico para Cuba de la Segunda Guerra Mundial, principalmente por la exportación del azúcar y la laboriosidad del cubano. Tal vez el mayor logro de Batista en su único período como presidente verdaderamente constitucional haya sido su traspaso del poder de modo pacífico a la oposición, lo cual el pueblo reconoció efusivamente.

Siguiendo los dictados de la Constitución de 1940 que prohibía la reelección presidencial, Batista celebró elecciones usando en esta ocasión el voto directo y libre. Estas fueron consideradas honradas y sin las irregularidades de las de 1940. Sin embargo, aparentemente hubo la intención y el plan de alterar el resultado de las elecciones si a Batista le resultaba adverso, pero éste se retrajo de ello debido tanto a presiones internas como externas. De este modo entregó el poder a la oposición que arrolladoramente encabezaba Grau San Martín (1944-1948). Batista marchó entonces al extranjero. Grau llegó al poder con aureola semimesiánica y con gran apoyo del pueblo que celebró masivamente su elección. El pueblo recordaba su legislación positiva durante el "gobierno de los 100 días" de 1933 y ahora cifraba sus esperanzas de mejoramiento en el nuevo caudillo democrático. Desafortunadamente para Cuba, los gobiernos "auténticos" de Grau San Martín y su sucesor constitucional Carlos Prío Socarrás (1948-1952), no cambiaron de modo fundamental el patrón de deshonestidad administrativa, aunque durante el período de este último se aprobaron importantes leyes encaminadas al control definitivo de esta lacra. Continuaron las "botellas" y otras formas de enriquecimiento ilícito. Debe notarse que en este período, al igual que durante el gobierno de Batista y otros gobiernos, hubo ministros y altos funcionarios honrados.

Otro grave problema de estos gobiernos "auténticos" fue el gansterismo político. Este estuvo basado principalmente en la capital y tuvo su origen remoto en la lucha de los grupos de acción urbanos contra Machado y más tarde contra Batista entre 1934 y 1940. Algunos tuvieron a la Universidad de La Habana como punto focal. Más tarde, de grupos de acción mayormente con inspiración pseudopolítica, la mayoría degeneró en pandillas que aspiraban a disfrutar del botín gubernamental, principalmente a través de "botellas" en el gobierno, o a través de la extorsión a personas adineradas. Dichos grupos se nutrieron también de hombres con experiencia militar en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española. Estos grupos fueron una lacra particular de los gobiernos "auténticos", principalmente el de Grau, el cual se afirma que en vez de reprimirlos, los manipulaba y utilizaba, permitiendo que luchasen entre sí, llegando a situar a sus líderes en la nómina gubernamental. Como consecuencia, hubo numerosos hechos de sangre en las guerras privadas entre ellos y contra aquéllos que se les oponían. Los grupos más conocidos eran la UIR (Unión Insurreccional Revolucionaria), a la que perteneció Fidel Castro -a la sazón estudiante de la Universidad de La Habana-, el MSR (Movimiento Socialista Revolucionario), y el ARG (Acción Revolucionaria Guiteras). Es justo reconocer que tanto en el gobierno de Grau como en el de Prío se llegó a encarcelar a algunos de los responsables de hechos de sangre, pero por diversas circunstancias la mayoría de sus líderes disfrutó de impunidad, burlando la ley a pesar de ser aprehendidos por la fuerza pública.

La deshonestidad administrativa estuvo muy extendida, al punto de que muchos consideraban al político o alto funcionario honesto como ingenuo y hasta tonto. Esta nueva frustración tuvo repercusiones muy negativas en el proceso de mejoramiento político del país, teniendo en cuenta las grandes esperanzas cifradas de modo especial en Grau San Martín. Mas otra vez hubo esfuerzos por mejorar la situación, tanto desde dentro del gobierno como desde la oposición. Desde dentro se promulgaron leyes, particularmente en el gobierno de Prío, como las del Tribunal de Cuentas, el cual estaba llamado a ser uno de los obstáculos más fuertes contra la corrupción administrativa. También se situaron hombres de probada honestidad en posiciones clave que garantizarían el funcionamiento de los referidos organismos de supervisión.

Entre los logros de los gobiernos "auténticos" deben mencionarse, en el de Grau San Martín, la realización de numerosas obras públicas y una legislación social con fuerte énfasis en el beneficio de los trabajadores, como la "jornada de verano" para los empleados del comercio y el llamado "diferencial azucarero", el cual con un gran sentido de justicia hacía partícipes a los sectores productores del azúcar, particularmente a los obreros, en los beneficios adicionales derivados del posible aumento en el precio del azúcar en el mercado mundial. La abundancia económica de la posguerra se reflejó fuertemente en el bienestar del pueblo, afirmándose que "cualquiera tenía cinco pesos en el bolsillo".

Estos gobiernos (1944-1952) promovieron un sano nacionalismo encaminado a estimular la producción para el consumo doméstico y por ende el desarrollo económico del país, principalmente en el sector no azucarero. En este período -como veremos más adelante- se promovió la recubanización de la industria azucarera, así como de la banca comercial, en gran medida como consecuencia de la gran iniciativa del empresario nativo. Durante esos años se produjo un extraodinario desarrollo económico que sentaba las bases para un horizonte altamente promisorio para el país.

El gobierno de Prío Socarrás tuvo como principal acierto la implementación de importantes leyes complementarias de la Constitución, tales como la del ya mencionado Tribunal de Cuentas, otras vitales a la economía como la del Banco Nacional y el Banco de Fomento Agrícola e Industrial (BANFAIC), encaminados a promover el desarrollo económico. También debe mencionarse el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales. Se señala también como acierto el haber logrado desplazar a los comunistas de la dirigencia del movimiento obrero con una fuerte acción gubernamental. En ambos gobiernos del Partido Auténtico se respetaron de modo sobresaliente la libertad de expresión y muy en particular la voluntad popular en los comicios, lo cual fue bien palpable en las elecciones parciales de 1950.

Desde la oposición, el fustigador más notable de la deshonestidad administrativa fue durante la década de 1940 el popular líder de la "generación del 30", el entonces senador Eduardo Chibás, gran defensor de Grau antes de 1944, con el cual rompió para fundar el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo). La Ortodoxia surgió en parte como protesta por la corrupción de los gobiernos "auténticos", pero también, y no menos importante, como instrumento de las propias aspiraciones presidenciales de Chibás que éste no había podido satisfacer dentro del partido de gobierno, del cual había sido uno de los pilares. Algunos consideran que la guerra verbal sostenida principalmente por Chibás contra el gobierno -particularmente el de Prío- desde su popular tribuna radial dominical en la radioemisora CMQ -a menudo con fuerte énfasis demagógico- haciendo uso de la absoluta libertad de expresión y de prensa reinante, fue un factor que contribuyó a ahogar la confianza del pueblo en las instituciones democráticas, minando de este modo la estabilidad constitucional.

Por otra parte, a pesar del énfasis muchas veces demagógico de la crítica de Chibás, el Partido Oxtodoxo elevó las esperanzas de muchos ciudadanos en favor de un cambio radical en las costumbres públicas, ganando amplio apoyo dentro de la juventud. En este sector comenzaba a destacarse Fidel Castro Ruz, recién graduado de abogado, que aspiraba tenazmente a un escaño en el congreso en las próximas elecciones. La muerte súbita de Chibás en agosto de 1951, al dispararse un tiro -según él para despertar la conciencia del pueblo- en su programa dominical por la CMQ, dejó un vacío profundo en el liderazgo político del país. Este, junto al descrédito de la cuestión pública debido a la magnificación de lo negativo de los gobiernos "auténticos", facilitó el camino al nuevo golpe de estado que daría Batista en 1952.

"Cuba: Mito y Realidad", Juan Clark © Derechos Reservados

Publicado el 27 de octubre de 2001 en CONTACTO Magazine


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