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  La Raíz y el Miedo entre los Cubanos

¿Cuántos Piensan Regresar en el Post-Castrismo?



Innegablemente, la actitud de los cubanos exiliados ante la posibilidad de un eventual regreso a su país en caso de producirse un cambio político en la isla, depende de prácticos y disimiles factores. Entre todos ellos los tres más fuertes parecen estar relacionados con las raíces, el grado de compromiso y el temor a la profunda transformación en la personalidad del pueblo cubano que vive en Cuba.

Contribuye también en gran medida el tiempo transcurrido desde que estos cubanos salieron de su país. Se aprecian diferencias determinantes entre los tres grandes éxodos: el de los años 60, el de 1980 y el producido a partir de 1990.

Es necesario notar que aquéllos que salieron en los años 60 vivieron con el cuerpo fuera y el alma dentro de Cuba. A sus recuerdos de una Cuba próspera que la nostalgia idealizó casi hasta la perfección, para muchos de ellos indiscutible, se unían los de la añorada juventud. Mientras tanto el resto, harto del sistema, vivió en la isla pero sus metas estaban fuera. Es decir, la mente de los de afuera estaba dentro y la de los de adentro afuera.

Una encuesta general, sin tomar en cuenta el tiempo de exilio, realizada por la firma de Washington Robert Schroth and Associates, muestra que solamente el 16% de los cubanos regresaría después de Castro a vivir permanentemente en Cuba. Un 80% permanecería en Estados Unidos, aunque el 67% manifestó interés en viajar a la isla de visita.

La encuesta, hecha por encargo de WLTV-Canal 23 de Miami, se basó en entrevistas telefónicas a 300 personas residentes en el área cubana más representativa: el sur de la Florida.

Pero el Dr. Juan Clark, sociólogo y profesor del Miami-Dade Community College, basado en su experiencia, conjetura que el porcentaje de los que permanecerían en Estados Unidos es más alto que el real.

"Creo que en realidad regresaría sólo una pequeña minoría. El retorno es muy difícil. Las palmas están allí; pero nuestras raíces, física y psicológicamente, ya están aquí. Los cubanos sufrieron un trasplante traumático y después de 40 años de un totalitarismo devastador en Cuba, los que decidieran regresar sufrirían un choque muy fuerte", subraya Clark.

Señala el sociólogo que va a ser más arduo reconstruir a Cuba moralmente que hacerlo materialmente y los exiliados se sentirían extraños. Un ejemplo de las dificultades, indica, ha sido la reunificación de las dos Alemanias.

Una encuesta realizada por el profesor Clark en 1992 entre 4,680 cubanos, mostró que el 20% regresaría, el 34.4% no lo haría y casi el 46% estaba indeciso.

Sin embargo, a medida que transcurre el tiempo la voluntad de regreso parece reducirse en la masa exiliada.

Rubén Denis, profesor recientemente retirado en Franckfurt, Alemania, es de quienes están seguros de que no regresarían. Salió en 1969 en una misión educativa a México. Solicitó asilo político, trabajó un tiempo y después se trasladó a Alemania, donde también laboró en la docencia hasta su retiro en 1998.

"A mi edad, ¿qué voy a hacer en Cuba? Allí apenas me quedan amistades y en mi propia familia han crecido dos generaciones nuevas con las que tengo poco en común. Aquí, en cambio, tengo mi casa, un retiro y una actividad cultural intensa", señala Denis.

Por su parte, Leonor Seoane, de New Jersey, también profesora retirada, quién salió de la isla en 1970, piensa que la vida en Cuba va a ser muy difícil por mucho tiempo, cualquiera que sea el rumbo político que tome el país.

"Tanto los que están allá como los que vayan de aquí van a exigir que un nuevo gobierno resuelva en 40 días los problemas acumulados en 40 años. La tranquilidad demorará mucho en llegar. Cierto que aquí nos sentimos sin identidad; pero, aunque la emoción que se produzca cuando Cuba sea libre pudiera cambiar mis planes, yo diría que no proyecto regresar".

Durante más de dos décadas, la mayoría de los cubanos conservó la esperanza de volver. Era cuando la celebración de cada Navidad o fecha importante iba acompañada de una exclamación: "¡El año que viene, en Cuba!". Las huellas de las raíces estaban allí. En el extranjero, sin embargo, reconstruían sus vidas y plantaban raíces nuevas. Esas raíces, particularmente simbolizadas en sus hijos y en los hijos de sus hijos, fueron vigorizándose y mitigando el dolor de las antiguas huellas. No en todos los cubanos, desde luego.

Por otra parte, es necesario tomar en cuenta que el éxodo de los años 60 se reduce por días. Los niños de entonces, son hoy gente madura, los maduros son ancianos y la mayoría de los ancianos ya no está.

El Dr. Juan Pérez, médico de poco más de 30 años de edad, conserva pocos recuerdos de la Cuba que dejó siendo un niño; pero aún tiene presente el sufrimiento de su padre, quien tuvo que realizar duros trabajos agrícolas a los cuales no estaba acostumbrado, para 'pagar' el derecho a salir de la isla con su familia.

"Si hubiera un cambio en Cuba quizás pasaría allí mis vacaciones y pensaría en vivir allí cuando me retirara", expresa.

Han transcurrido 19 años desde que se produjo el segundo éxodo masivo: el de quienes partieron desde el puerto de Mariel en la primavera y el verano de 1980.

Ya no pasaban, como los primeros, de una sociedad capitalista a otra sociedad capitalista. El esfuerzo de adaptación fue mucho más traumático; pero la mayoría pudo rescatar la proverbial voluntad de progreso característica del perfil cubano, y se ha estabilizado.

Al igual que los del éxodo anterior, en general, no desean separarse de sus hijos, formados en otro entorno, otra tradición cultural, otra lengua, que les frena para dejar su patria de adopción. Regresar a Cuba provocaría otra ruptura familiar. Además, éstos a quiénes la adaptación resultó más difícil son aún más reacios a abandonar un espacio laboral que les costó enorme esfuerzo conquistar.

Gilberto Pérez Lavastida era un pianista reconocido en Matanzas, su ciudad natal. Pero en Nueva York, cuando llegó en 1980, era desconocido. Tenía que ganarse la vida de otra forma. Se introdujo en el campo de la computación que entonces comenzaba a alcanzar altos vuelos, y se hizo un experto. También se le reconoce y se le admira como músico.

"Yo salí de Cuba como pianista pero en mi misma ciudad tengo amigos cuyos hijos o hijas ya tienen una posición. ¿A qué voy a ir allí, cuando en realidad estoy conquistando Nueva York, una ciudad culturalmente importante?".

A diferencia de los que salieron de Cuba en los años 60, quienes pasaron años prendidos a la esperanza de regresar a su país "tan pronto se caiga Fidel", un alto porcentaje de los exiliados de esta década no parecen querer regresar de modo definitivo.

Fueron los que más sufrieron el rigor del régimen porque, como dice el escritor, actor y director de televisión Severino Puente, "para saber lo que es la libertad, hay que perderla".

"Estoy seguro de que Cuba se arreglará -después de Fidel-, y de que va a ser uno de los primeros países (en progreso y riquezas) de América, pero tendrán que pasar cinco ó 10 años para que eso suceda y ya será tarde para mí. Cuando se tiene 40 años es distinto; pero nosotros tenemos que pensar, más que nada, en nuestros hijos, que tienen ya sus raíces aquí", dice Puente, de 69 años.

Lo mismo piensa Bárbara Chávez, de 25 años, de Hialeah, Florida, quien llegó hace tres años a través de Colombia, y no regresa "porque éste es el país de mi hijo", nacido aquí hace un año y "porque Cuba está destruida".

El Dr. José Alberno es un médico joven que llegó a Estados Unidos en 1998 y actualmente estudia para revalidar su título. Es radical en su respuesta: no regresará a Cuba.

"Aquí me siento bien. En Cuba la situación puede cambiar pero no la gente: han sido oportunistas y continuarán siendo oportunistas después porque el hombre piensa como vive. Quizás si viviera como piensa sería distinto", afirma.

Sin embargo, Rodolfo González Almaguer, de 43 años, de Elizabeth, N.J., planea regresar después del cambio. Luego de haber tratado infructuosamente de salir en 1980, logró pedir asilo político en Venezuela en 1992 y vino a Estados Unidos en 1996.

Periodista y autor de la novela Yemayá las Bendice, Jineteras, dice haber salido de Cuba "por asfixia política", pero apunta que allí quedaron las cosas que él ama y volverá tan pronto desaparezca "la asfixia".

"Yo asumo la tragedia de ese pueblo e incluso perdono a aquéllos que alguna vez estuvieron a favor del régimen. Porque ese pueblo ha sido usado, ha sido manipulado", afirma González.

Pedro Miguel González, licenciado en lengua y literatura inglesas de 38 años y actual corrector de estilo del diario La Opinión, de Los Angeles, salió en una balsa durante el éxodo de 1994. Llegó a Estados Unidos un año después. Para él tampoco hay regreso.

"No voy a dejar un sueldo estable aquí. Además, quiero que mis hijos se eduquen en una universidad norteamericana y sean perfectamente bilingües, en inglés y español. El futuro de ellos está aquí", asegura.

"El nivel de vida en Cuba, aún después de Castro, nunca va a ser igual que el de Estados Unidos, y eso es importante. Esta situación quizás sea diferente para quienes se retiren y vayan a vivir a Cuba con una jubilación norteamericana..., pero a mí me faltan muchos años para eso", señala.

Francisco Figueroa y su familia llegaron hace menos de tres meses. Su hijo Carlos, de 23 años, es graduado de electrónica industrial, el mayor, Franroy, de 25, es graduado de la Escuela de Arte de Pinar del Río. Es pianista, trompetista, compositor y cantante. Su esposa Ileana, de 31 años, es también graduada universitaria en temas de artes y letras.

Ellos sí han decidido regresar cuando la situación cambie. Católicos prácticos, con una sólida formación, los cuatro consideran un deber regresar. Como cristianos, dicen, deben ayudar a reconstruir a Cuba, no sólo materialmente, sino moralmente porque, en este último sentido, "Cuba está muy mal".

Unos se quedarán, otros regresarán pero, al calor de lo que por ahora son sólo conjeturas, una pregunta queda colgando en nebulosa..., ¿aceptarán de buen agrado "los de allá" a éstos que piensan regresar "de aquí".






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