El Período Republicano Intermedio y la Crisis de la Democracia (1920-1933)

La República

Por ADOLFO RIVERO CARO

(Abogado, traductor, ensayista, uno de los fundadores del movimiento de derechos humanos en Cuba. Tiene un sitio en Internet llamado "En Defensa del Neoliberalismo" -www.neoliberalismo.com -. Actualmente reside en Miami y es columnista de El Nuevo Herald).

En 1895 la población de Cuba se estimada en 1.800,000 habitantes; el censo general realizado por el gobierno norteamericano en 1899 declaró 1.572,000 habitantes, de los cuales medio millón eran analfabetos. Teniendo en cuenta el posible crecimiento normal, la guerra había causado, en algo más de tres años, unas 400,000 víctimas. De ellas había no menos de 100,000 niños, lo que habría de tener profundas consecuencias demográficas. El país estaba en ruinas. Ferrocarriles, puentes y líneas telegráficas habían sido destruidos. De las riquezas de 1895 quedaba un 15% del ganado y 207 de 1,100 centrales y trapiches azucareros. Si en 1894 se habían producido 1.086,000 toneladas de azúcar, en 1899 se produjeron 314,000. De medio millón de tercios de tabaco producidos en 1894, no se llegó a 90,000 en 1898. Se estima que el país perdió las dos terceras partes de sus riquezas, y más de la quinta parte de su población. Por otra parte, las condiciones higiénicas eran deplorables y existían mortales enfermedades endémicas como la fiebre amarilla. En 1899, sólo en La Habana, hubo 1,300 casos de fiebre amarilla que ocasionaron 322 muertes. En la Universidad de La Habana sólo había 300 estudiantes y muy pocos alumnos asistían a los institutos de segunda enseñanza. En 1899, sólo quedaban 541 escuelas primarias en todo el país cuando en 1895 funcionaban 910.

La Conferencia de Paz entre Estados Unidos y España, en la que se decidía la situación jurídica de Cuba, origen de la guerra hispanoamericana, se efectuó en París sin participación de ningún representante del Gobierno de Cuba en Armas. Lógicamente, esto humilló y decepcionó a los patriotas cubanos. El Tratado de Paz fue firmado el 10 de diciembre de 1898 sin reconocer el derecho del pueblo en armas a conquistar el poder, castigar a los criminales de guerra, confiscar las riquezas ilegítimamente adquiridas o efectuar las reformas que el país necesitaba. Ni siquiera se mencionaba la lucha de los cubanos por su independencia.

El gobierno norteamericano no reconoció al gobierno de Cuba en armas, y el Ejército Libertador nunca se hizo cargo del poder como por derecho propio le correspondía. Es muy probable, que con su poderosa influencia, Estados Unidos hubiera podido conseguir sus objetivos económicos y políticos en Cuba sin necesidad de recurrir ni a la intervención militar ni a la Enmienda Platt. Pero la joven república norteamericana estaba viviendo un momento de incontenible expansión.

La intervención norteamericana produjo resultados mixtos. Se hizo una gran labor en el terreno de la salud pública y la educación: los problemas sociales más sencillos de atacar. La erradicación de la fiebre amarilla fue un logro histórico. En el terreno de la educación se abrieron centenares de escuelas primarias así como escuelas normales, institutos de segunda enseñanza y nueva facultades universitarias. Se aprobó el llamado plan Varona que modernizaba los cursos de estudio y que fue nombrado en honor de Enrique José Varona, el filósofo y patriota que había sido secretario de Educación en el gabinete del general Leonard Wood.

Al terminar la guerra de independencia, lo españoles mantuvieron intactas todas sus propiedades en Cuba, inclusive las que habían expropiado a los mambises como represalia durante la guerra. Con la llegada de la paz norteamericana, los capitales españoles se vieron en una posición privilegiada para fortalecerse y expandirse mientras que los cubanos que habían combatido por la independencia quedaron en la miseria. Esto aparejó consecuencias sumamente negativas, y constituyó una de las principales fuentes de la famosa corrupción de la república.

Generales, coroneles, oficiales, todos acostumbrados a mandar y de enorme prestigio social, carecían de tierras y capitales. Como los extranjeros controlaban la industria y el comercio, los puestos públicos pasaron a ser casi la única forma de enriquecimiento para los cubanos. Los veteranos aprovecharon su prestigio social para postularse y llegar a los mismos. Una vez allí, aceptaban sobornos de empresas privadas para darles contratos y ventajas, nombraban en cargos a familiares y amigos, concedían contratos a cambio de dinero, hacían pasar carreteras por determinadas zonas para aumentar su valor y aprovecharse de ello, vendían propiedades nacionales a empresas extranjeras a precios inferiores a los que se pudiera haber pedido y no daban a los más capaces sino a los que podían ayudarlos o les habían dado dinero. Es decir, aprovechaban el poder para su beneficio personal y no para servir al pueblo. Esto, a su vez, generalizó una actitud de cinismo entre la población en relación con los políticos. En realidad, esta práctica mantenía una continuidad cultural con el estilo de gobierno de la Corona española en Cuba. Durante toda esta época, los debates no giraban en torno a sistemas ideológicos. Sólo se discutían conductas pasadas e iniciativas concretas sobre temas específicos. En realidad, las ideas liberales eran hegemónicas.

La nueva república había progresado extraordinariamente en los primeros 20 años de su existencia, caracterizados por una política de gobierno fundamentalmente liberal. La presencia de grandes inversiones norteamericanas era, por supuesto, un factor fundamental de esa prosperidad. Urbanización había sido la palabra de orden: pavimentación, alcantarillados, introducción del transporte eléctrico (los tranvías), alumbrado moderno, acueductos, continua expansión de la red ferroviaria. En La Habana había 11 periódicos y 7 revistas, entre ellas Bohemia. Había numerosos periódicos locales en el interior de la isla. El principal periódico liberal de la época era El Heraldo de Cuba. El periódico de los conservadores era La Discusión. En La Habana había 40 cines y 300 en el interior del país. Había 23,000 teléfonos y un cable submarino que nos conectaba con Estados Unidos. Es la época en que Cuba tiene al campeón mundial de ajedrez José Raúl Capablanca, al campeón mundial de billar Alfredo de Oro y al campeón mundial de espada Ramón Font. Adolfo Luque y Miguel Angel González brillaban en las Grandes Ligas del beisbol.

Por otra parte, en el segundo período de Menocal había habido más de 200 huelgas que provocaron tanto un aumento de la represión como también la medición gubernamental. En 1920 se había realizado el Segundo Congreso Obrero Nacional que reclamó entre otras cosas la jornada de ocho horas y salario igual para las mujeres. Criticó la injerencia de Crowder y envió un mensaje de solidaridad "al pueblo de la República Soviética". El incipiente movimiento sindical cubano estaba dividido entre reformistas y anarquistas. Los anarquistas predicaban la lucha de clases, la abolición de la propiedad privada, la no-participación en organismos políticos, la acción directa y el rechazo a toda autoridad. Tenían importantes puntos en común con los comunistas. El triunfo de la Revolución Rusa en 1917, sin embargo, había fortalecido extraordinariamente a los comunistas. La pråctica parecía darles la razón. Hubo un acercamiento y muchos anarquistas se asimilaron al marxismo. En Cuba, Enrique José Varona dijo que el ejemplo de Rusia era una enseñanza y un estímulo, y el general Eusebio Hernández dijo que "era bolchevique".

INTRODUCCION

LOS RUGIENTES VEINTE

LA REPUBLICA

EL GOBIERNO DE ZAYAS (1921-1925)

GERARDO MACHADO (1925-1933)

CONCLUSIONES

© Adolfo Rivero Caro

Publicado el 9 de enero de 2002 en CONTACTO Magazine

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