Elena Mederos, una Figura
Histórica del Siglo XX

Por ALEIDA DURAN

El servicio y los derechos humanos, incluyendo el de la mujer a un trato equitativo y al sufragio, el de los niños a alimento y salud, el de los presos políticos a su dignidad y el de la libertad para su patria, Cuba, fueron sus principales banderas. Al morir hace 20 años con el espíritu joven a los 81 de edad, la Dra. Elena Mederos de González entró solemnemente en la historia, no solamente como una cubana importantísima del siglo XX, sino como una figura internacionalmente relevante.

Mederos no conoció la pasividad infértil. Por el contrario, su vida fue una entrega total al esfuerzo de lograr con inquebrantable determinación cada una de las muchas metas que se propuso, todas relacionadas de una manera u otra con el servicio a la sociedad.

A los 61 años, cuando la mayoría de las personas ven ya cercano el ansiado momento de jubilarse, ella comenzó a trabajar, por primera vez en su vida, con la necesidad de ganarse el sustento. Menos de un mes después de llegar a Estados Unidos como exilada política, en septiembre de 1961, estaba ya en plena labor con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Fue Oficial de Programas para el Area Norte de America del Sur, con sede en Bogotá y extensas responsabilidades, incluyendo la atencion a los niños vagabundos del área y los problemas ocasionados por la violencia desatada por la guerrilla.


Con la colaboracion del psiquiátra Franco Ferracuti desarrolló un programa especial para niños que habían sufrido experiencias traumáticas por el impacto de la violencia. En el campo educacional logró que se adoptara en Colombia un programa de entrenamiento y capacitación de maestros, que contó con la aprobacion de la UNESCO.

Desde Bogotá viajaba a los países de la zona que le correspondía, logrando programas para el beneficio de la niñez, entre ellos, saneamiento de áreas marginales. Ecuador y Venezuela estuvieron entre sus puntos de viaje.

"El ritmo que (Elena) imprimió a todas sus actividades a favor de los niños, de la mujer, de los necesitados, dejó una huella profunda en el pais y cambió muchas actitudes", dijo Isabel Ospina de Mallarino, quien en ese tiempo trabajaba en el Departamento de Protección de Menores del Distrito Especial de Bogotá.

Tras dos años y medio en aquel cargo, Mederos recibió un significativo ascenso y un reconocimiento a su labor al ser trasladada a Nueva York para hacerse cargo de la Oficina de Enlace de la UNICEF con las organizaciones no gubernamentales de todo el mundo. Un cargo con muchas y más extensas responsabilidades (77 organizaciones, representando a más de 44,000 otras organizaciones privadas no lucrativas, afiliadas a las primeras, en más de cien países, y millones de personas como miembros.

En la UNICEF trabajo intensamente por los ninos del mundo, recorrió países, incluyendo a varios del continente africano en los que investigó necesidades, dictó y participó en conferencias, redactó informes e influyó decisivamente logrando avances en el mejoramiento de niños cuya situacion era crítica.

Su exilio fue una evolución de la creatividad que había regido su vida en Cuba: 20 años más de actividad y servicios ininterrumpidos. Pero con la frustración de que la libertad de su patria, su cumbre más ansiada, no se lograba. La Dra. Mederos veneraba la libertad, un culto que fue, en parte, herencia de sus abuelos paterno y materno.

Tomás Fermín Mederos y José Cabañas habían formado parte del contingente de 250 criollos independentistas que en 1869 habían sido deportados a la inhóspita isla de Fernando Poo (Bioko), propiedad española en el Africa Ecuatorial. Sólo unos pocos sobrevivieron. Mederos y Cabañas no se contaron entre éstos.

Los padres de Elena, exilados en Tampa y colaboradores de José Martí, tuvieron dos hijos en la ciudad floridana y regresaron a Cuba cuando ésta se liberó de España. Elena nació en La Habana el 13 de enero de 1900.

Recibio una esmerada educación, se doctoró en la Escuela de Farmacia de la Universidad de La Habana, profesión que nunca ejerció, y fue esposa y madre.

La sonrisa amable, el gesto cordial, la voz modulada, dirigidos por igual al potentado, al obrero, a las personas de cualquier raza o nacionalidad, unidos a su porte elegante, a sus maneras suaves y a su sencillez, revelaban en ella una aristocracia natural, no únicamente de cuna, sino también de espíritu.

Sin embargo, si su trato era de terciopelo, su voluntad fue de acero. En 1928 surgió a la vida pública como miembro activo del Comité de Comunidades por una Acción Cívica, de la Federación Nacional de Mujeres. Fue una feminista acérrima, sin buscar la igualdad con el hombre, sino el equilibrio entre ambos sexos. Se incorporó al movimiento feminista, considerando que a las mujeres no les eran reconocidos derechos que como seres humanos merecían.

Fue secretaria de la Alianza Nacional Feminista, delegada de Cuba a cinco conferencias como parte de la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA), Consejera Técnica de Seminarios en México y Puerto Rico del Instituto Internacional para la Protección de la Infancia, con sede en Montevideo.

La Dra. Mederos fue designada delegada de Cuba a la Primera Conferencia de la Comision Interamericana de Mujeres, celebrada en La Habana del 17 al 24 de febrero de 1930. Por primera vez en la historia, las mujeres seleccionadas por los gobiernos miembros de la OEA se reunían oficialmente para investigar el estatus jurídico de las mujeres de América. La delegada de Cuba se mantendría siempre en contacto directo o indirecto con ese organismo, que ha sido designado "La voz de la mujer de las Americas".

A lo largo de su vida la Sra. Mederos, presidió, participó en el ejecutivo o fue miembro de unas 30 respetadas organizaciones, viajó extensamente, siempre en función de servicio y aprendizaje, e hizo amistades o se relacionó con personalidades muy destacadas alrededor del mundo.

La primera gran meta por la que ella había luchado tesoneramente junto a otras feministas, fue alcanzada en 1934 cuando el gobierno promulgó la ley del sufragio femenino en Cuba, cuarto país latinoamericano en reconocer los derechos políticos de la mujer, después de Ecuador (1929) y Brasil y Uruguay (1932). Estados Unidos lo había hecho en 1920.

La vida de Elena Mederos fue a vuelo de águila sobre las cumbres para desde ellas estudiar las rutas más idóneas, bajar, emprender el ascenso con inquebrantable determinación, alcanzar la cúspide y luego volar a otra cumbre más empinada. Pero el Lyceum de La Habana, prestigiosa institución cultural femenina, fundada en 1929, parece haber sido a partir de 1931 y durante 30 años, el nido en el que ella "empolló" sus más caros proyectos en su Cuba natal.

Fue tres veces presidenta y cuatro vicepresidenta de la institución. Pronto se convirtió en "alma del Lyceum", cualquiera que fuese la posición que ocupase, por su entusiasmo, sus condiciones de liderazgo y su facilidad para trabajar en equipo y atraer la colaboración de cuantos se acercaban a ella.

Por iniciativa suya, la sección de Beneficencia del Lyceun se convirtió en seccion de Servicio Social, transformando la caridad en servicio de mayor amplitud, que logró reconocidas mejoras en cárceles, centros correccionales, hospitales, etc. Su energética personalidad tuvo mucho que ver con la creación en el Lyceum de una escuela nocturna y de una biblioteca gratuitas para el pueblo.

De la seccion de Servicio Social surgió en 1938 una entidad independiente, el Patronato de Servicio Social, el cual involucró a más amplios sectores de la sociedad, presidido por el Dr. Joaquín Añorga con Elena como vicepresidenta.

Tras innumerables gestiones, este patronato logró en 1943 la creación de la Escuela de Servicio Social de la Universidad de la Habana, de la cual la Dra. Mederos fue profesora. De la escuela salieron graduados cientos si no miles de trabajadores sociales. La ESS se fundó anexa a la Escuela de Pedagogía de la universidad.

El servicio a los necesitados se había convertido en una profesión organizada en la pequeña isla de Cuba, tal como ya lo era en países grandes como Estados Unidos, Suecia, Bélgica y Chile, de los cuales ella había aprendido. Elena Mederos había alcanzado otra cumbre.

A principios de 1959, los cubanos contemplaban entusiasmados lo que creían era una nueva alborada para Cuba. El 4 de marzo comenzaba a trabajar oficialmente el Ministerio de Bienestar Social, con la Dra. Mederos como ministro. Esta vez sólo rozó la meta. Ella visualizó todas las posibilidades que ofrecía el Ministerio para mejorar la vida del campesinado, de los barrios marginales, de los niños y las madres pobres. Pero el sueño fue corto.

Pronto comenzó a experimentar inquietud por las acciones de aquel nuevo gobierno que ofrecía más enigmas que respuestas y pensó apartarse, pero no sabía cómo. El propio comandante Fidel Castro resolvió su dilema: el 12 de junio planteó la dimisión a la Dra. Mederos y a otros 5 ministros que no parecían compartir "los ideales de la Revolución".

Mederos, amante de la libertad y por ende anticomunista, permaneció dos años más en Cuba procurando "ser útil". Colaboraba con los movimientos clandestinos de oposición a la tiranía, como antes lo había hecho con quienes conspiraban contra las dos dictaduras que precedieron a la del comandante Castro: las de los generales Gerardo Machado y Fulgencio Batista.

El 18 de septiembre de 1961 se alejaría físicamente de Cuba con su hija María Elena (su esposo, el abogado Hilario González, había muerto repentinamente en 1954, después de 30 años de matrimonio); pero su espíritu se mantuvo siempre vinculado a su patria.

Los problemas de Cuba la preocuparon siempre, especialmente los de los presos políticos entre quienes se encontraba un sobrino suyo muy querido, José L. Pujals Mederos, quien era, y seguiría siendo por muchos años, un preso político plantado.

La Dra. Mederos se retiró en 1969 pero continuó colaborando con la UNICEF en proyectos especiales hasta 1975, aun viviendo ya en Washington D.C. a donde se mudaron en 1970 ella y su hija cuando esta, con una maestría en Estadisticas de Columbia University, New York, y graduada de la Escuela de Economía de Londres, fue nombrada para ocupar una posición en el Gobierno Federal.

Además de la realización de muchas otras actividades, la última gran cumbre que Elena Mederos alcanzó fue su participación en la creación y subsecuentes luchas de "Of Human Rights", organización dedicada a exponer al mundo los horrores del presidio político cubano, y la verdadera cara del totalitarismo en Cuba.

Entre decenas de otras actividades, tuvo oportunidad de plantear en muchas ocasiones ante la gran prensa internacional, la situación de Cuba y de los presos políticos.

En 1978, por intervención del profesor e historiador inglés Hugh Thomas, fue invitada por Amnesty International a los actos que esta organización estaba preparando para conmemorar en Londres el 10 de diciembre el trigésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada por la ONU.

La salud de Mederos menguaba ya en ese tiempo, pero no solamente habló en el acto, sino que tuvo la oportunidad de conversar separadamente con representantes de varios periódicos y revistas de extensa circulación en Gran Bretana. El viaje continuó por París en donde se repitieron las entrevistas.

Luego, el exprisionero político Miguel Sales, quien viajaba con ella en esa gira europea, quedó en la capital francesa cumpliendo otras actividades, mientras Mederos se dirigía a Madrid en donde la esperaba el periodista y escritor Carlos Alberto Montaner. Este la acompañó a una serie de entrevistas, incluyendo la revista Cambio 16 y la Agencia Internacional de Noticias EFE.

En los tres países la Dra. Mederos relató a destacados dignatarios las violaciones a los derechos humanos en Cuba y, en especial, a los presos políticos.

La labor de la Dra. Mederos en Of Human Rights continuaría siendo su interés principal en esa época. Grandes esfuerzos había requerido, sobre todo, la publicación en inglés, del mismo nombre, escrupulosamente documentada, cuyo primer número había salido antes de la Navidad de 1976. En vida de la Dra. Mederos llegó a alcanzar una tirada de 10,000 ejemplares e iba dirigida a congresistas y otros oficiales gubernamentales, intelectuales y prensa, es decir, a aquéllos que de una u otra manera podrían contribuir a la causa de los presos políticos, y/o de Cuba.

Algunos de sus más allegados afirman que el trabajo para "Of Human Rights" fue "la batalla más querida de Elena". Había sido resultado del encuentro de la Dra. Mederos con el activista cubano Frank Calzón, entonces estudiante de Georgetown University. A través de él se relacionó con el grupo de estudiantes cubanos de la universidad.

La idea de crear la organización surgió entre ellos y fue tomando cuerpo. La experiencia y capacidad organizativa de Elena fue de gran ayuda para los estudiantes. La Dra. Mederos se fue involucrando hasta formar parte del proyecto. Algunos profesores, entre ellos Jeane Kirkpatrick, se sumarían más tarde.

Esta sería su última batalla, aquélla a la que la Dra. Elena Mederos de González entregaría el resto de sus energías y aquellas últimas fuerzas que la abandonaron definitivamente el 25 de septiembre de 1981.

© CONTACTO Magazine

Publicado el 12 de enero de 2002 en CONTACTO Magazine

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