
Aparentemente, el embargo comercial de Estados Unidos y la represión política en Cuba son dos fenómenos separados. (WikiCommons).

JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Cierta gente en Estados Unidos, de izquierda y de derecha, se ha enfrascado durante años en una ola de peticiones para que Washington suspenda el embargo comercial a Cuba. El influyente diario The New York Times publicó cinco editoriales en este sentido durante cinco semanas consecutivas entre octubre y noviembre de 2014, poco antes de la viaje del presidente Barack Obama a la isla, en una maniobra que tuvo más rostro de campaña política que de actividad periodística.
La demanda de suspensión del embargo se ha extendido a la Asamblea General de Naciones Unidas, donde se ha exigido esa suspensión a Estados Unidos en más de 30 ocasiones. Por lo general solamente las delegaciones de Washington e Israel votan a favor de mantener el embargo.
En Estados Unidos, se trata de una idea muy vieja de un sector político, a la cual se cuelgan ciertos activistas y empresarios. La base de esta idea es que un acercamiento de Washington a La Habana produciría cambios importantes en la realidad política cubana. Ese grupo piensa que más de medio siglo de sanciones comerciales no ha producido los efectos deseados, en materia de la caída del régimen comunista, y por tanto es momento de cambiar. Poco se habla de que más de medio siglo de política de mano dura, marxista leninista, en Cuba debe cambiar porque no ha producido los efectos deseados para lograr una sociedad próspera y libre.
La mejor definición del conflicto la explicó el fallecido ex presidente Jimmy Carter durante un viaje a Cuba en 2002, en la Universidad de La Habana, delante de Fidel Castro. Carter dijo que si bien no estaba a favor del embargo no creía que las sanciones fueran las causantes de las penurias en Cuba. El anciano líder norteamericano dijo entonces que Cuba tenía "relaciones comerciales con 180 países en los que podía comprar lo que necesitaba, a precios más bajos que en Estados Unidos".
Por otra parte, tampoco las relaciones normales de Cuba con esa cantidad de países han logrado cambios democráticos y respeto a los derechos humanos en la isla.
En realidad, las primeras sanciones se produjeron a finales de los años 50 cuando el gobierno de Dwight D. Eisenhower estableció un embargo de armas al régimen de Fulgencio Batista aun con Fidel Castro todavía en la Sierra Maestra. El embargo actual de siete décadas comenzó poco a poco, cuando Castro, ya en el poder, confiscó sin indemnización todas las propiedades norteamericanas, por valor de unos mil millones de dólares de aquella época. Todo empezó entre julio y octubre de 1960 cuando Castro ordenó a refinerías norteamericanas radicadas en Cuba refinar petróleo soviético. Las refinerías dijeron que no podían hacerlo, ya que tenían compromisos de refinar crudo británico que venía de Venezuela. La respuesta de Castro fue fulminante: las confiscó. En febrero de ese mismo año, Cuba había firmado su primer acuerdo de cooperación con la Unión Soviética.
Durante 30 largos años, hasta la muerte de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría en 1991, Moscú se hizo cargo de la mayor parte de los gastos de Cuba con subsidios que a veces llegaron o se acercaron a los seis mil millones de dólares por año. Entonces apenas se hablaba del embargo de Estados Unidos.
En Cuba, muy pocas cosas han cambiado desde los años de extremo radicalismo. Las libertades fundamentales consagradas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU han sido y siguen suspendidas. No es posible leer en medios oficialistas cubanos, todos propiedad del Estado, una columna del fallecido Carlos Alberto Montaner. El respetado columnista cubano, ex analista político de CNN, no sólo está todavía prohíbido, también ha sido acusado de ser agente de la CIA, sólo por haber sido un crítico de la dictadura. Ninguna prueba. No es posible asistir a un homenaje de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) a la obra musical realizada por Celia Cruz, Gloria y Emilio Estefan o Willy Chirino. Estos músicos están todavía en la lista negra del régimen. La inmensa mayoría de escritores y artistas exiliados, también lo están.
Después de las multitudinarias protestas de julio de 2021, el régimen la emprendió contra cientos de manifestantes con arrestos y largas condenas a prisión, algunas de ellas de hasta 28 años tras las rejas. En agosto de 2025, de acuerdo con la organización Prisoners Defenders, con sede en Madrid, España, había 1.185 prisioneros políticos en Cuba.
Por lo general, la gente se pone del lado del débil en el marco de cualquier controversia. La visión del débil en este conflicto ha sido confundida de manera grotesca, porque el problema de Cuba no es el diferendo entre Washington y La Habana. Tampoco es el embargo comercial al gobierno de la isla, aun cuando ambos elementos tengan cierto peso. Cuba compra anualmente millones de dólares en alimentos a empresas de Estados Unidos, porque el embargo permite la venta a Cuba de alimentos y medicinas.
Solamente entre enero y julio de 2025, Cuba había comprado 416.6 millones de dólares a Estados Unidos, principalmente en productos agrícolas, un aumento respecto a 2023 año en que importó desde este país 404 millones en todo el año y a 2022 cuando compró 328.5 millones así como a 2021, cuando compró 323.5 millones de dólares. Sin embargo representó una caída desde los 585.2 millones de 2024. Pero ojo, todavía faltaban cinco meses de 2025 por contabilizar.

Fragmento de un informe de 2025 de la Oficina del Censo del Departamento norteamericano de Comercio sobre importaciones y exportaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Las remesas de ayuda familiar desde Estados Unidos también han aliviado la extrema pobreza de los cubanos. En 2025, fuertes restricciones a esta actividad, y el cierre en febrero de las actividades de Western Union han tenido un impacto en la economía cubana. En 2023 se calculaba que Cuba recibía unos cuatro mil millones de dólares en remesas, enviadas por unos 700 mil cubanos residentes en el país del norte.
Otros embargos conocidos
En la década de los años 80, se desató una fuerte campaña de sanciones económicas contra el gobierno de Sudáfrica como castigo por su inmoral política de apartheid. El gobierno municipal de la ciudad de Los Angeles, donde he vivido desde 1984, penalizaba a las empresas locales que hicieran negocios con el régimen de Pretoria y no permitía la entrada a los predios municipales a ninguna compañía que tuviera relaciones con Sudáfrica. Importantes activistas de la época que actualmente abogan por suspender las sanciones al régimen cubano, no solamente respaldaron la campaña contra el apartheid en Sudáfrica sino que fueron protagonistas de la misma. Bien por ellos en aquel momento, mal por ellos en estos momentos. En Cuba existe desde 1959 un gobierno de apartheid político.
La universidad para los revolucionarios, la calle para los revolucionarios, pin pon fuera, abajo la gusanera, que se vayan, no los queremos, no los necesitamos, traidores, gusanos, vendepatrias. Estas son solo unas pocas consignas públicas, impulsadas por el gobierno comunista contra los cubanos que no simpatizan con el régimen, y que invalidan las posibilidades de desarrollo académico y profesional de esas personas en la isla.
Además de Cuba y Sudáfrica, también han sido blanco de fuertes sanciones inclusive de Naciones Unidas, países como Corea del Norte, Irak, Sudán, Libia e Irán. Muchos afirman que el de Cuba es el embargo más longevo en la historia, más de 60 años. Olvidan que el castrismo es la dictadura más larga, también más de 60 años, que ha tenido el mundo occidental en la era moderna.
Para bien o para mal, no habrá suspensión de las sanciones comerciales de Washington contra La Habana. No es algo que se puede definir por decreto. No está en las manos de ningún presidente. El embargo fue cuidadosamente codificado por el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos en 1996 a través de la Ley Helms-Burton, firmada por el presidente Bill Clinton días después de que jets de combate cubanos derribaran sobre las aguas del Estrecho de la Florida dos avionetas civiles desarmadas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate, con saldo de cuatro muertos. Sólo el Senado y la Cámara pueden echar abajo la Helms-Burton, algo que se lo dijo claramente el presidente Barack Obama al pueblo de Cuba y al general Raúl Castro durante su histórico viaje a la isla en marzo de 2016, cuando el mandatario norteamericano abrió la inútil etapa de "deshielo" hacia el castrismo. Fidel Castro murió ocho meses después.
Cuba y Estados Unidos reanudaron relaciones diplomáticas el 20 de julio de 2015, en medio de esa nueva política de Washington hacia La Habana decretada por Obama. Desde entonces el hostigamiento y la cárcel para quienes piensan diferente se han recrudecido, mientras que el hambre y la miseria castigan al pueblo como si la nación viviera sumida en una economía de guerra. El colectivismo marxista y la economía bajo el control del Estado socialista, aun después de la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, son los principales responsables de esa crisis sin fin. ©
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