¿Emigran los Cubanos por Motivos Económicos, o Políticos?

ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES

El criterio de que los cubanos emigran por razones económicas y no políticas ha cobrado fuerza desde que el mes pasado el gobierno de los hermanos Castro suprimió la “tarjeta blanca” mediante la cual autorizaba o impedía a los cubanos viajar al extranjero.

Roberto Alvarez Quiñones

Roberto Alvarez Quiñones, autor de este artículo, es un veterano periodista, experto en temas económicos con gran conocimiento de la realidad política, económica y social de Cuba y América Latina. Ha trabajado en periódicos, revistas y programas de televisión durante más de tres décadas. Sus artículos se publican en varios medios de comunicación de Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.

Al abrirse la posibilidad de que más personas puedan salir del país si el gobierno les entrega el pasaporte o lo “actualiza” –nueva forma de controlar el derecho a viajar--, también se ha recrudecido el debate en torno a la llamada Ley de Ajuste Cubano, que permite que los cubanos que lleguen a territorio de Estados Unidos ilegalmente puedan obtener su residencia--, y que es cada vez más cuestionada por su obsolescencia política, y porque no sólo se está abusando de ella, sino que irónicamente está siendo incluso utilizada por el régimen castrista para infiltrar espías o propagandistas suyos en el “imperio”.

Pero no es esta ley de 1966 --que a tantos cubanos protegió y benefició en su momento—lo que voy a analizar aquí, sino si quienes abandonan Cuba lo hacen por motivos económicos como afirma la dictadura cubana.

Visto a priori, esto es cierto. La mayoría de los cientos de miles de cubanos que se han marchado en los últimos 20 años lo han hecho por razones económicas, diría que casi de sobrevivencia en muchos casos. Sin duda el pueblo cubano es ahora uno de los más pobres y que peor vive en el hemisferio occidental.

Así las cosas, habría que darle la razón al régimen cuando afirma que quienes se marchan de Cuba no se diferencian en nada del resto de los millones de emigrantes del Tercer Mundo. Lo que pasa es que esto es parte de la verdad y no toda la verdad.

Una vez más las apariencias engañan. Para decirlo a la manera de Enmanuel Kant, el genial filósofo alemán, no es lo mismo la “cosa en sí” (las que no conozco), que la “cosa en mi” (las que sí conozco). Que la gente se va de Cuba por razones económicas es cierto, pero ¿de quién es la culpa de que la economía nacional se derrumbara por completo y quedara inmersa en una crisis estructural --cincuentenaria-- que compulsa a emigrar?

No, las causas del éxodo cubano son políticas aunque parezcan económicas y la mayoría de los emigrados pueda viajar luego a la isla sin problemas a ver a sus familiares.

Imán para inmigrantes

La clave aquí es que antes de los Castro la isla era un imán para atraer inmigrantes de Europa, Medio Oriente, Asia, el Caribe e incluso de Estados Unidos. Estadísticas del antiguo Ministerio de Hacienda de Cuba revelan que sólo entre 1902 y 1930 llegaron a la isla 1.3 millones de inmigrantes, 261,587 de ellos en los últimos seis años de ese período.

En esos 28 años encabezaron la lista 774,123 españoles, 190,046 haitianos, 120,046 jamaicanos, 34,462 estadounidenses, 19,769 ingleses, 13,930 puertorriqueños, 12,926 chinos, 10,428 italianos, 10,305 sirios, 8,895 polacos, 6,632 turcos, 6,222 franceses, 4,850 rusos, 3,726 alemanes y 3,569 griegos.

Además, luego siguieron llegando a Cuba más inmigrantes de las nacionalidades mencionadas, así como también libaneses, judíos (del Este de Europa), palestinos, rumanos, húngaros, filipinos y mexicanos (sobre todo de Yucatán), etc. En 1958 había en la embajada de Cuba en Italia 12,000 solicitudes de italianos para emigrar a la isla.

Pero si en 1958 Cuba era uno de los tres países de Latinoamérica con mayor ingreso per cápita, con 374 dólares –el doble que en España ($180) y casi igual al de Italia—hoy es uno de los más pobres. Es el único que en vez de avanzar involucionó y presenta ahora un grado menor de desarrollo económico y social que hace media centuria. Ni Haití sufrió tal retroceso.

Notable pujanza

Los efectos del castrismo realmente asombran cuando se examinan algunas cifras del Anuario Estadístico de Naciones Unidas, el Atlas of Economic Development (1961) de Norton Ginsburg, el Banco Mundial, el Departamento de Comercio de EE.UU, el Cuban Center for Cultural Social & Strategic Studies, Inc, la FAO y la CEPAL.

Como en cualquier nación en desarrollo, en 1958 había pobreza en la isla, pero Cuba era el octavo país del mundo con mayor salario promedio en el sector industrial, con $6.00 diarios, por encima de Gran Bretaña ($5.75), Alemania Federal ($4.13) y Francia ($3.26). La lista la encabezaban EE.UU ($16.80) y Canadá ($11.73). Y ocupaba el séptimo lugar mundial en salario agrícola promedio, con $3 diarios, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Hace 54 años Cuba registraba la mayor longitud de vías férreas en Latinoamérica, con un kilómetro de vía por cada 8 kilómetros cuadrados. Y era líder en televisores, con 28 habitantes por receptor (tercer lugar en el mundo); la primera señal de TV a color en el mundo fuera de EE.UU fue lanzada en La Habana por Gaspar Pumarejo, el 19 de marzo de 1958. Ocupaba el segundo lugar latinoamericano en número de automóviles, con 40 habitantes por vehículo.

Tenía la más baja tasa de inflación en Latinoamérica, con 1.4%. Se autoabastecía de carne de res (desde 1940), leche, frutas tropicales, café y tabaco; y era casi autosuficiente en pescados y mariscos, carne de cerdo, de pollo, viandas, hortalizas, y huevos. Era el primer país latinoamericano en consumo de pescado y el tercero en consumo de calorías, con 2,682 diarias. Producía el 76% de los alimentos que consumía (hoy produce el 21%) y había una vaca por habitante (hoy hay 4 habitantes por vaca , y desde 1962 está vigente una cartilla de racionamiento mensual de alimentos).

La isla exportaba más de lo que importaba, y era la tercera economía más solvente de la región por sus reservas de otro y de divisas y por la estabilidad del peso, a la par con el dólar. Era el país latinoamericano con menos mortalidad infantil y el que dedicaba mayor porcentaje del gasto público a la educación, con el 23 %. (Costa Rica, 20%; Argentina, 19.6%, y México el 14.7%). En 1953, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Finlandia, contaban proporcionalmente con menos médicos y dentistas que Cuba.

Cuba era también proporcionalmente en 1958 el país latinoamericano con más salas de cine, ostentaba el segundo puesto en cantidad de periódicos, con 8 habitantes por ejemplar, luego de Uruguay (6), y tenía el segundo lugar en teléfonos, con 28 habitantes por aparato.
Por otra parte, en la isla se construían cientos de edificios modernos y La Habana era una deslumbrante urbe con una vida cultural, artística, comercial, financiera y turística que la ubicaban entre las más importantes capitales del continente y de todo el mundo.

Cataclismo

Entonces ¿qué cataclismo hundió la economía cubana e invirtió el flujo migratorio y convirtió a Cuba en un emisor neto de emigrantes? ¿Nada tiene que ver el brutal descenso en el nivel de vida de los cubanos con la implantación de un régimen político comunista?

Por el contrario de lo que afirma La Habana, Cuba es precisamente el único país de Occidente que no puede achacar a motivos económicos el abandono del país de sus ciudadanos, por cuanto su sistema político impide que las fuerzas productivas creen riquezas libremente.

Las razones para emigrar serían económicas si Cuba fuese un país con economía de mercado, como pasa en el mundo subdesarrollado, desde donde millones se van para el Primer Mundo en busca de las oportunidades que no encuentran en su suelo natal.

Pero en la isla caribeña impera un sistema político estatista que prohíbe la empresa privada capitalista. El gobierno es dueño de “vidas y haciendas”, y es el culpable de que no haya empleos suficientes y bien remunerados.

Efecto, no causa

La dictadura cubana nunca ha admitido que quienes emigran lo hacen por razones políticas. No importa que Fidel gritara en sus discursos “que se vayan, no los necesitamos…” a quienes no coincidían con él ideológicamente. En enero último, la directora del Centro de Estudios de Migraciones Internacionales de la Universidad de La Habana, Ileana Sorolla, reiteró que “excepto la primera oleada de emigrantes comprometida con el régimen de Fulgencio Batista y los intereses del gobierno estadounidense”, todos los cubanos que hoy viven en 150 países se fueron por motivos económicos.

Falso. Ese sofisma ofende la dignidad de nuestros padres y abuelos, y la de todos los que en los años 60 y 70 salieron de Cuba por razones políticas. No eran batistianos ni empleados de Washington y muchos sufrieron años de prisión. El régimen insulta también a los cientos de miles que emigraron posteriormente, incluso muchos ya en edad “madura” (para ser benévolo), a enfrentarse con lo desconocido en tierra ajena y comenzar, desde cero, una nueva vida.

En resumen, que la debacle económica cubana no es causa, sino efecto. La verdadera razón que fuerza a emigrar de Cuba es el sistema político que sepultó la libertad económica y transformó la isla en una ameba gigante que se nutre de subsidios extranjeros.

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