JORGE LUIS RODRIGUEZ
¨Hay recuerdos que son para llevárselos en la maleta, y otros que son para dejarlos donde están¨, dice Santiago (Edwin Rivera) mientras devuelve a su hermana Teresa (Blanca Araceli Soto) los poemas suyos que ella había guardado enterrados durante años esperando por su regreso. Años de búsqueda y espera al borde de “este maldito abismo irreconciliable” que separa una familia en los extremos de la intolerancia política y sexual.
_ ¿Por qué te fuiste? _ Le reprocha ella
_ ¿Por qué te quedaste? _ Le reprocha él
Balada de un verano en La Habana, es el drama de un exilio y sus muertos, narrados en el marco del calor tropical, un vaso de agua fría y una virgencita…
“Si esto es el infierno, aquello es el purgatorio”, define Santiago al exilio y la Isla.
Una familia en el marco de la diáspora cubana, sirve de plataforma universal para representar la tragedia del exilio, vidas paralelas que sólo se vuelven a encontrar en la memoria infinita.
El tiempo y el amor, son las figuraciones narrativas de este drama sin fronteras, esas huellas de lo que somos si no nos borra la distancia.
Triunfar, aunque el paso de los años nos seque las lágrimas y la garganta, que los mismos gritos de la infancia se escuchen por última vez en la calle donde nacimos.
Volver. El himno del destierro, volver a la tierra, a la amada, volver a la puerta del tiempo, aunque sólo sea para encontrarla cerrada.
“Yo me fui para ser persona”, explica Santiago, aunque sus argumentos se derritan con el calor y el vacío de una casa en ruinas, de un paisito en ruinas. El rencuentro de dos hermanos escenificado en Plaza de la Raza, Agosto del 2012 en el Este de Los Angeles, ante la diversidad latinoamericana de una audiencia que comparte el drama de la separación familiar en la carne común del emigrante.
“El padre que tu recuerdas, no es el que yo recuerdo. En algún lugar tiene que estar el verdadero”.
Los peces de la nostalgia vuelan por la sala del Teatro Margot Albert y la catarsis de una buena puesta en escena hace que cada cual cruce su propio mar hacia el origen. Esos puertos de la memoria donde siempre nos espera el mismo adiós, ese regreso al vacío, esa danza con fantasmas imposibles, los muros del olvido. “…También en las maletas nos llevamos nuestros propios verdugos”.
Balada de un verano en La Habana es una obra original del escritor cubano Héctor Santiago que, bajo la dirección de Gerardo Gutiérrez, forma parte del repertorio de la compañía de teatro Tierra Blanca. La obra se presentó en Los Angeles anteriormente con los mismos actores, bajo la dirección de Jorge Folgueira, maestro de la Universidad Autónoma de Baja California en Tijuana, y estuvo de gira por México y Brasil.
Las obras de Hector Santiago se representan por la compañía Habana Fama de Miami, Florida, para los cuales ha escrito ya cinco monólogos. Su octava novela, La memoria del agua, apareció recientemente publicada por la editorial Aduana Vieja en España.
Balada de un verano en La Habana regresa el sábado 3 de noviembre a la sala Margot Albert de Plaza de la Raza, con una función única como parte de las celebraciones tradicionales del Día de los Muertos.
Para más información, llamar al
(323) 394 1010 www.tierrablancaartscenter.org
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