

Thanksgiving, ¿Motivos para Agradecer?
Incendios, terremotos, huracanes a granel, tornados en pleno otoño, la sombra del terrorismo cubriendo la tierra como una inmensa, siniestra bandada de buitres, además de los dramas, tragedias y/o sufrimientos que cada ser humano ha debido afrontar por cuenta propia desde el Thanksgiving Day 2006, podrían abrir una interrogante acerca de si tenemos motivos para agradecer en este Día de Acción de Gracias de 2007.
Depende. Para cualquiera con un mínimo de sensibilidad, éste no ha sido lo que pudieramos llamar "un buen año". Sin embargo, la mayoría de nosotros hemos tenido la oportunidad de contemplar la belleza de una flor, o aspirar su perfume, o escuchar el rumor de un riachuelo corriendo entre las piedras, o el de las olas del mar al deshacerse en espumas llegando a la arena.
Muchos probablemente han sentido el calor del abrazo de una madre, de un hijo, de un hermano o un amigo, o el de la sonrisa amable de un desconocido. Pequeñas alegrías que tomamos como si las mereciéramos y por las que jamás agradecemos a Dios. Nos parecen naturales.
En cambio, nos construimos en la mente una vitrina para guardar en ella, y exhibir por siempre, los agravios y las penas. Para pocos, si alguno, la vida es fácil. Los niños no llegan al mundo "con un pan debajo del brazo." Más creíble sería que el primer llanto que emite el recién nacido se deba, más que al cambio del ambiente protegido del útero materno al frío exterior, a una visión fugaz del propio futuro.
Todos los seres humanos normales sufren. Pero las penas bien aprovechadas fortalecen el espíritu, mientras que las alegrías son como caricias para aliviar los dolores. Por unas y por otras hemos de dar gracias a Dios.
Si tan sólo somos una brizna de la energía de Dios - ¿no pasamos todos la vida recibiendo bienadanzas?-, ¿por qué, entonces, hay tantos y tantos ciegos y sordos que no saben reconocer lo que El les da?
Siempre hay motivos para agradecer. Que el mundo esté lleno de topos es otra cosa. "En todas partes cuecen habas", claro. Pero, ¿sabía usted que en las escuelas de Cuba, por ejemplo, se enseña a los niños que decir "gracias, señor", "gracias, señora", es un rezago de los "vicios burgueses"? Por eso, para los cubanos que llegaron a Estados Unidos cuando todavía el régimen actual (desde hace casi 49 años) no se había afianzado, es una tarea impostergable enseñar con amor y comprensión a los recién llegados de Cuba (y de otros países también), no solamente qué significa el Día de Acción de Gracias (que no es precisamente el Día del Pavo), sino también a dar gracias. A Dios y a sus semejantes.
"Thanksgiving Day" o "Día de Acción de Gracias" no tiene que ser necesariamente una fiesta en sentido de jolgorio, sino una reunión con el gozo de reunirse con familiares y quizás amigos queridos, y orar juntos dando gracias a Dios.
En Estados Unidos "Thanksgiving Day" es fiesta nacional, recordando la primera cosecha recogida por los peregrinos en Plymouth Colony, Massachusetts, en 1621, después de las penurias sufridas tras su arribo a estas tierras. El primer Thanksgiving Day oficial fue proclamado por el presidente George Washington el 26 de noviembre de 1789. El presidente Abraham Lincoln revivió la costumbre en 1863.
Obviamente, esta columna no es un tratado de historia, pero vale la pena mencionar algo curioso. Aunque Estados Unidos no había entrado oficialmente aun en la II Guerra Mundial, había un acuerdo de cooperación entre el primer ministro británico Winston Churchil y el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt. Y precisamente el 11 de septiembre de 1941 la U.S. Navy recibía la orden de disparar a la vista de cualquier barco aleman.
Poco después, ese mismo año, el Congreso decretaba que Thanksgiving Day debería celebrarse cada año el cuarto jueves del mes de noviembre. El 10 de diciembre Estados Unidos declararía la guerra a Japón y al día siguiente, 11, a Alemania y a Italia. Hoy, además de Inglaterra, otros países están aliados a Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo.
Si al inicio del horror de aquella conflagración que hasta ese momento
sería para esta nación la segunda más costosa en vidas
humanas y en dinero, se rogaba y se daba gracias a Dios, ¿por qué no
ahora? Por el contrario, es cuando más unida ha de estar la familia
y cuando más necesitamos esa onda expansiva de amor que, personalmente
o a través de la televisión, experimentamos durante los servicios
religiosos que siguieron al 11 de septiembre de 2001.
(Durán es editora asociada de Contacto Magazine desde su inauguración en
julio de 1994. Fue durante 15 años editora del semanario Ahora, del diario
The Dispatch, en Union City, New Jersey. Ha sido entrevistada por The New
York Times, CNN y otros medios. Su columna Una Vocecita se publica desde
hace casi 30 años en varios periódicos de Estados Unidos).
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