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  Esa Desconocida Literatura
Centroamericana

El estudio de la literatura universal, y especialmente el de la literatura latinoamericana en los Estados Unidos, adolece de un defecto que hasta ahora, después de tantos años de inexplicable negligencia, la Universidad Estatal de Northridge, en California, comienza a remediar.

Me refiero a la poca atención que se le ha prestado a la literatura de la zona centroamericana en nuestros colegios y universidades. Mientras las referencias literarias se ocupan de las obras de gigantes como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Isabel Allende, la idea generalizada es que la literatura de Centro América comienza y termina con Miguel Angel Asturias en Guatemala, y Rubén Darío en Nicaragua.

Poetas y prosistas, de los cuales hay amplio número, se ven ignorados en las escuelas y en nuestras bibliotecas. Mientras que Mariano Azuela, Juan Rulfo, Octavio Paz en México continúan ocupando la atención de los eruditos de las letras en el mundo entero, poca atención se presta a escritores como Enrique Gómez Carrillo, Rafael Arévalo Martínez, Hugo Cerezo Dardón, Marco Augusto Quiroa, Víctor Muñoz, Rodrigo Rey Rosa, Carlos Wyld Ospina, Flavio Herrera, Augusto Monterroso, Miguel Angel Vásquez para mencionar unos cuantos escritores guatemaltecos; Arturo Ambroggi, Salarrué, Roque Dalton, José María Peralta Lagos, Manlio Argueta, en El Salvador; Alejandro Alvarado Quirós, Rafael Angel Troyo, María Fernandez de Tinoco, Joaquín García Monge, en Costa Rica; Sergio Ramírez, Tomás Borges, Ernesto Cardenal,  en Nicaragua.

Todos ellos son desconocidos en las aulas y las bibliotecas de este país, y los descendientes de las olas migratorias que llegan a estas costas están condenados a crecer desconociendo el tesoro literario que nuestros pequeños países en vano tratan de dar a conocer al mundo.

Buscando la razón que explique este silencio, se debe tomar en cuenta el tipo de vida que se vive en Centro América.

Más ocupados en sobrevivir las dictaduras civiles y militares que han regido los destinos en los cinco países del istmo, los pueblos de esas naciones no consiguen llevar sus letras más allá de sus fronteras, y la publicidad que le ofrecen a sus obras literarias es prácticamente nula.

Ahogados por la estrechez económica que les impide publicar ediciones gigantescas, los autores por lo general tienen que financiar sus obras, y ofrecer tirajes de 500 a 1,000 copias de cada libro.

Resultado de esas limitaciones es el peregrinaje que nuestros escritores se ven forzados a efectuar, viniendo a terminar en los brazos abiertos de México, donde el apoyo oficial y la actividad intelectual es mil veces superior a lo que pueden encontrar en cualquier país de Centro América.

Una consecuencia que es de esperarse es la mexicanización de nuestros escritores. Desde Otto René Gonzalez, hasta Luis Cardoza y Aragón, activo aún el primero y recientemente fallecido el segundo, sus escritos ya vienen salpicados del léxico mexicano, que los separa dolorosamente del escritor netamente centroamericano. Es un desapego involuntario, impuesto por las circunstancias, que termina desnaturalizando al escritor exilado, quien es natural que se vea absorbido por una cultura vigorosa como es la cultura mexicana.

El advenimiento del Internet y sus avances cibernéticos anuncian la llegada de una nueva era, que Centro América debe aprovechar para dar a conocer sus valores literarios en las páginas web.

Los libros publicados electrónicamente y la diseminación que casas editoriales dan a los libros que publican, hacen más fácil la publicidad para los escritores centroamericanos, que hasta ahora han nacido, crecido y producido una cosecha insignificante, causando el efecto de una piedra que cae en una poza y apenas produce una alteración en la superficie del agua literaria.

(Quezada es autor de "Ardillas Enjauladas", Premio Novela Guatemalteca 1983, "El Filo de tu Locura", "Por Amor a los Muchachitos" y otras obras literarias. Vive en Los Angeles, California).

© CONTACTO Magazine

Publicado en CONTACTO Magazine el 17 de febrero de 2002






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