Esa
Desconocida Literatura
Centroamericana Por
ROBERTO QUEZADA
El estudio de la literatura universal, y especialmente
el de la literatura latinoamericana en los Estados Unidos, adolece
de un defecto que hasta ahora, después de tantos años
de inexplicable negligencia, la Universidad Estatal de Northridge,
en California, comienza a remediar.
Me refiero a la poca atención que se le ha
prestado a la literatura de la zona centroamericana en nuestros
colegios y universidades. Mientras las referencias literarias se
ocupan de las obras de gigantes como Gabriel García Márquez,
Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Isabel Allende,
la idea generalizada es que la literatura de Centro América
comienza y termina con Miguel Angel Asturias en Guatemala, y Rubén
Darío en Nicaragua.
Poetas y prosistas, de los cuales hay amplio número,
se ven ignorados en las escuelas y en nuestras bibliotecas. Mientras
que Mariano Azuela, Juan Rulfo, Octavio Paz en México continúan
ocupando la atención de los eruditos de las letras en el
mundo entero, poca atención se presta a escritores como Enrique
Gómez Carrillo, Rafael Arévalo Martínez, Hugo
Cerezo Dardón, Marco Augusto Quiroa, Víctor Muñoz,
Rodrigo Rey Rosa, Carlos Wyld Ospina, Flavio Herrera, Augusto Monterroso,
Miguel Angel Vásquez para mencionar unos cuantos escritores
guatemaltecos; Arturo Ambroggi, Salarrué, Roque Dalton, José
María Peralta Lagos, Manlio Argueta, en El Salvador; Alejandro
Alvarado Quirós, Rafael Angel Troyo, María Fernandez
de Tinoco, Joaquín García Monge, en Costa Rica; Sergio
Ramírez, Tomás Borges, Ernesto Cardenal, en
Nicaragua.
Todos ellos son desconocidos en las aulas y las bibliotecas
de este país, y los descendientes de las olas migratorias
que llegan a estas costas están condenados a crecer desconociendo
el tesoro literario que nuestros pequeños países en
vano tratan de dar a conocer al mundo.
Buscando la razón que explique este silencio,
se debe tomar en cuenta el tipo de vida que se vive en Centro América.
Más ocupados en sobrevivir las dictaduras civiles
y militares que han regido los destinos en los cinco países
del istmo, los pueblos de esas naciones no consiguen llevar sus
letras más allá de sus fronteras, y la publicidad
que le ofrecen a sus obras literarias es prácticamente nula.
Ahogados por la estrechez económica que les
impide publicar ediciones gigantescas, los autores por lo general
tienen que financiar sus obras, y ofrecer tirajes de 500 a 1,000
copias de cada libro.
Resultado de esas limitaciones es el peregrinaje que
nuestros escritores se ven forzados a efectuar, viniendo a terminar
en los brazos abiertos de México, donde el apoyo oficial
y la actividad intelectual es mil veces superior a lo que pueden
encontrar en cualquier país de Centro América.
Una consecuencia que es de esperarse es la mexicanización
de nuestros escritores. Desde Otto René Gonzalez, hasta Luis
Cardoza y Aragón, activo aún el primero y recientemente
fallecido el segundo, sus escritos ya vienen salpicados del léxico
mexicano, que los separa dolorosamente del escritor netamente centroamericano.
Es un desapego involuntario, impuesto por las circunstancias, que
termina desnaturalizando al escritor exilado, quien es natural que
se vea absorbido por una cultura vigorosa como es la cultura mexicana.
El advenimiento del Internet y sus avances cibernéticos
anuncian la llegada de una nueva era, que Centro América
debe aprovechar para dar a conocer sus valores literarios en las
páginas web.
Los libros publicados electrónicamente y la
diseminación que casas editoriales dan a los libros que publican,
hacen más fácil la publicidad para los escritores
centroamericanos, que hasta ahora han nacido, crecido y producido
una cosecha insignificante, causando el efecto de una piedra que
cae en una poza y apenas produce una alteración en la superficie
del agua literaria.
(Quezada es autor de "Ardillas Enjauladas", Premio
Novela Guatemalteca 1983, "El Filo de tu Locura", "Por Amor a los
Muchachitos" y otras obras literarias. Vive en Los Angeles, California).
© CONTACTO Magazine
Publicado en CONTACTO Magazine el 17 de febrero de 2002
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