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Premio Nacional de Novela de Guatemala, Roberto Quezada ha vivido en Estados Unidos desde 1952. Es autor de "Ardillas Enjauladas", obra con la que ganó ese premio y de otras muchas novelas de temática latinoamericana y de los hispanos que viven en Estados Unidos.

Roberto Quezada o el Arte
de Ser Escritor en EE.UU.




Ganador del Premio Nacional de Novela de Guatemala en 1983, Roberto Quezada nació en aquel país centroamericano en 1928. Desde 1952 vive en Estados Unidos, donde además de escribir novelas y relatos, es traductor de tribunales y propietario de una librería en el área de McArthur Park, de Los Angeles.

Disfruta de un privilegio extraño para los escritores hispanos de Estados Unidos: sus libros se anuncian en la televisión guatemalteca, algo reservado en la realidad norteamericana para las estrellas del cine y el mundo del espectáculo.

Su buen humor no ha mermado con los años -cumplió 75 el 10 de agosto-, más bien es parte de una personalidad jocosa y ágil, médula de un hombre preocupado por lo que ocurre a su alrededor, que ha sido testigo de excepción de lo ocurrido en Los Angeles durante los últimos 52 años.

No empezó en este país como escritor ni como traductor, sino como empleado de una famosa tienda de ropa en la que ganaba un dólar y diez centavos la hora moviendo mercadería. Luego lavó platos, secó vasos y atendió mesas, hasta que comprobó "un día que la vida de laborante no era para mí".

"Me inscribí en Los Angeles City College y estudié tres años de ingenería mecánica. Seguí en East Los Angeles College, donde comprobé que si me quedaba dormido en las clases de matemáticas y de hidráulica, esa babosada no era para mí. Trabajaba como Calculations Engineer para ITT Barton, en Monterey Park, haciendo cálculos hidráulicos y pequeños diseños. Pero mi corazón le pertenecía a las letras", subraya.

Entre sus libros más conocidos están "Ardillas Enjauladas", la ganadora del premio en Guatemala; "El Filo de tu Locura", la primera en que se aventuró a tratar el tema hispano en Estados Unidos; le siguieron "La Naya", "Por Amor a los Muchachitos" y "Cuando Jala la Querencia".

JHC.- ¿Cuál ha sido tu motivación más importante para sentarte a escribir relatos y novelas?

QUEZADA.- Los indo-hispanos somos por naturaleza soñadores. No creo que sea escapismo. Simplemente que nos rodea un ambiente tropical que invita a la sustracción de la realidad y nos hace soñar con lo que podría ser y no con lo que es. Seguimos con los pies puestos en la tierra, conscientes de la dura realidad en que vivimos.

Mi más importante motivación fue la necesidad que sentí de continuar la labor que iniciara mi padre. El viejo fue un fértil narrador (el hablador de Mario Vargas Llosa) que puso en palabra la realidad campestre que le tocó vivir. Su obra está condenada a permanecer anónima por razones que ameritan una entrevista separada. Valga decir que le encantaba presentar sus obras bajo el nombre de una segunda persona, pero eso no le restó ante mis ojos la grandeza de sus cuentos. Verlo trabajar con la palabra como un joyero que engarza sus joyas, me incentivó para cultivar la adicción a la escritura.

JHC.- ¿Qué significa ser un escritor latinoamericano que hace más de 50 años que vive en Estados Unidos?

QUEZADA.- Para mí, significa haber nadado en dos aguas por más de medio siglo, manteniendo mi identidad de hispano, al mismo tiempo que he absorbido la cultura estadounidense, que puede ser agotadora si uno se deja llevar por ella.

El escritor latinoamericano en los Estados Unidos tiene que enfrentarse a una lucha por la supervivencia que no encuentra en su país.

Existe la tentación de perder la pureza de su propio lenguaje, en aras del falso dios llamado Spanglish.

Cuando un escritor, digamos guatemalteco, se va a vivir a México, tarde o temprano comienza a introducir en sus obras palabras netamente mexicanas. El apartamento se vuelve departamento. El profesional se vuelve profesionista, palabra por la que siento especial aversión. Pero al llegar a los Estados Unidos, esa pérdida de identidad adquiere un carácter más grave. Es como rendirse a una ola que nos convierte en hijos bastardos de una cultura que nos tolera sin llegar a aceptarnos.

Mis 54 años en este país estuvieron a punto de hacerme olvidar la pureza de mi lenguaje. Afortunadamente, un editor en una compañía de traducciones, hombre que habla 29 idiomas, me señaló mis faltas y me rescató, digamos, para que no perdiera mi identidad.

Creo que en ningún momento estuve a punto de olvidar lo que soy y de donde vengo.

JHC.- Si tuvieras que escoger entre la llamada temática hispana de Estados Unidos y la de nuestros países latinoamericanos para escribir, ¿cuál escogerías?

QUEZADA.- Contra mi voluntad, escogería la temática hispana de los Estados Unidos. No puede ser de otra manera. Si saliste de tu tierra cuando tenías 24 años de edad, y has transcurrido más de dos veces ese número de años en este país, tu visión de latinoamericano se ha vuelto obsoleta. Has perdido tu contacto directo con aquella realidad, y tu visión de aquellas realidades se ve alterada por la cultura que has chupado al vivir en este país.

Lo veo cada vez que regreso a Guatemala. Mi gente ya no habla como hablábamos en la década de los cincuenta. La televisión nos ha mexicanizado. Nuestra visión del mundo ha evolucionado con los años, y uno llega con su mente enfocada en los problemas que nos afectaban en 1950.

Lo que yo escribo ahora se basa en la realidad del inmigrante en los Estados Unidos. En mi novela "El Filo de tu Locura", describo la situación de tres parejas latinoamericanas en este país, y la forma en que cada mujer acepta su posición ante el machismo.

En "Cuando Jala la Querencia" me remito a la época en que yo regresé a Guatemala procedente del Canadá. Me senti a gusto describiendo la situación del empleado gubernamental en aquellos tiempos. Estoy seguro que ahora sería distinto. Una realidad que no es tangible para mí, puesto que no la estoy viviendo.

JHC.- Te ganaste el Premio Novela Guatemalteca cuando tenías 55 años y demoraste 18 en pasar Ardillas Enjauladas -la obra galardonada- del inglés al español. ¿Por qué tantos años?

QUEZADA.- Escribí una novela en inglés en 1965. Estudiaba yo periodismo en una universidad local, y lo hacía en inglés. Esto es parte de la pérdida de identidad a que nos referimos en una pregunta anterior. La escribí sin pensar que debía hacerlo en mi lenguaje natal. Y cuando admiraba a mi primogénito literario, el escritor judío-americano Bernard Malamud, quien recibía el Premio Nacional de Literatura con su obra The Fixer, la cual seguía paso a paso la trama de mi novela. Una coincidencia que me decepcionó, pues veía mi trabajo desperdiciado. Por eso, en vez de quemar el manuscrito, lo refundí en una gaveta, donde descansó hasta 1983, cuando me enteré de la convocatoria al Concurso de la Novela Guatemalteca.

Tomé la idea principal de aquel manuscrito y la transformé en una novela que tiene lugar en un país latinoamericano. Le introduje un presidente que era una coambinación de Jorge Ubico, Anastasio Somoza y Rafael Leonidas Trujillo. Tres tiranos distintos y un solo diablo verdadero.

Al leer el manuscrito resultante, mi adorada madrecita me vaticinó un premio literario o la cárcel por andar escribiendo "lo que no debes".

Entre 75 novelas que se presentaron, ganó la mía y eso me convirtió en un adicto a la escritura. De los placeres solitarios, el menos degradante.

JHC.- Se dice que en Estados Unidos los escritores son simplemente escritores, sin embargo en América Latina el escritor es un semi-dios, un experto en política, un consejero de la sociedad. En Estados Unidos a nadie se le hubiese ocurrido nunca pedirle algún consejo político a Hemingway, pero Carlos Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa son como oráculos, patriarcas, embajadores. Octavio Paz y Jorge Luis Borges eran como la esencia del espíritu pensante de México y Argentina. ¿Por qué?

QUEZADA.- Tienes que tomar en cuenta la diferencia de nuestras culturas. En este país, la calidad de un libro está dada por el número de copias que se vendieron. Dinero, money, moolah. Si pusiéramos a algún escritor estadounidense a la par de un Octavio Paz, un Vargas Llosa, un Carlos Fuentes, Borges o Galeano, el norteamericano saldría mal parado, porque su fama descansa en el mercadeo de sus libros.

La cultura de este país le ofrece más respeto al conductor de un caterpillar que a un maestro de escuela. Mira los salarios. Entonces, el escritor, el intelectual se ve reducido a un segundo plano.

Los escritores latinoamericanos llevan en sus sueños el futuro de su país. El norteamericano lleva los ratings y los contratos jugosos.

El pueblo norteamericano adora el materialismo y procura no identificarse con el "egghead". Es interesante ver cómo se vanagloria de no comprender las matemáticas y no haber escrito una carta en su vida. Hablo del estadounidense medio. El average man. Y son el pueblo más rico en la faz de la Tierra.
Nosotros idolatramos la historia de nuestras patrias. Leemos en nuestras páginas editoriales trozos de nuestras efemérides. Respetamos la palabra de nuestros intelectuales. Y somos el Tercer Mundo.

JHC.- ¿Cuándo leeremos la próxima novela de Roberto Quezada y cuál es el tema?

QUEZADA.- La siguiente novela de Roberto Quezada ya está en el horno. El Ministerio de Cultura y Deportes (de Guatemala) -mira qué combinación más ridícula- prometió publicar mi manuscrito de "Los Potros del Recuerdo". Sigo esperando con decreciente paciencia. Luego, en 1991, mi novela La Naya obtuvo Mención Honorífica en el Concurso de la Novela Guatemalteca. Una de las condiciones del concurso era que se publicarían las obras ganadoras. Primero veremos un soldado intelectual. Pero es mi tierra, y sigo aguantando a mis paisanos.

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