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“El
Hombre Sobrevive Allí Donde el Animal No Puede”
Entrevista a Miriam Ortega, Ex Prisionera Política
Cubana
Por ALEIDA DURAN
En el próximo marzo, en el Día Internacional de la Mujer,
la National Association of Cuban American Women rendirá honor
a las mujeres cubanas que pasaron años en prisión por
el delito de no simpatizar con la dictadura de Fidel Castro. Muchas
luchaban subrepticiamente de distintas formas contra el régimen
castro-comunista, otras fueron encarceladas porque algún miembro
de la familia lo hacía.
"Siempre se comentan las atrocidades de regímenes tiránicos
de extrema derecha, como el del general Augusto Pinochet en Chile,
y el de los militares en Argentina. Pero rara vez, si alguna, se dan
a conocer los horrores de la tiránica dictadura de Castro en
Cuba. Queremos proyectar de alguna forma el sufrimiento de las cubanas
que vivieron el horror de las cárceles políticas, y
rendirles honor", dijo Siomara Sánchez, presidenta de
la organización.
Veamos uno de esos casos. Imagine un cubículo de tres metros
de largo por uno de ancho. El piso de cemento, irregular, carcomido.
Un hoyo en una esquina como servicio sanitario. El techo rezumando
humedad. Una puerta de hierro al frente tiene una pequeña abertura
en la parte superior.
Vivienda para tres mujeres jóvenes, sus cuerpos cubiertos con
las dos prendas más íntimas de la mujer: pantaleta y
sostén.
Las mujeres son bravas. Protestan de varias maneras. Una de ellas
negándose a ingerir durante varios días, a veces semanas,
los nauseabundos y escasos caldos que, como alimento les hacen pasar
por la abertura de la puerta. No se permiten las protestas. De pronto
una horda de soldados entra en la celda. Las injurian, las apalean.
Quedan desnudas y sangrantes. A veces con los huesos rotos que se
soldarán más tarde a la buena de Dios. No hay atención
médica.
Allí pasaban 17, 18, o 19 años. Así eran las
condenas en los años 60 y 70.
"Si contara detalles creerían que es una ficción,
una película de horror. Pero es cierto, dolorosamente cierto.
Aprendí que el ser humano puede sobrevivir allí donde
el animal no sobrevive."
Es Miriam Ortega, una entre alrededor de 2.500 mujeres que entre 1960
y 1980 se negaron a disfrutar del “paraiso” que Fidel
Castro creó para la publicidad. Una de las 2.500 mujeres que
Castro mantuvo en prisión. Una de las cuatro últimas
prisioneras plantadas que fueron puestas en libertad entre 1979 y
1980: ella, Ana Lázara Rodríguez, Esther Campos y aquella
a quien llamaban "La Niña del Escambray", cuya psiquis
quedó afectada hasta su muerte en Miami años después.
Ortega compartió aquella fatídica celda con Ana Lázara
y Esther.
La historia revolucionaria de Ortega comenzó cuando, siendo
ella una adolescente, se enroló en el Movimiento 26 de Julio
liderado por Castro, contra la dictadura de Fulgencio Batista.
Al triunfo de la revolución cubana, no llegó a integrarse
completamente al nuevo orden. Como a muchos otros no le gustaba lo
que veía.
"Estás activamente con la revolución, o estás
contra ella", era la consigna. Sin embargo, de aquella época
le quedó la experiencia de los caminos revolucionarios.
Más tarde, corrió la misma suerte de otros millares
de revolucionarios. Fue arrestada, condenada, y comenzó su
peregrinaje por las cárceles de Cuba. En febrero de 1963 fue
llevada a las famosas oficinas de Seguridad del Estado, en La Habana,
para una entrevista más.
"Con la fuerza moral que me daba el haber luchado en las filas
del 26 de Julio, tuve un violento cambio de palabras con el oficial
entrevistador y traté de desarmarlo. Fui golpeada y empujada
dentro de una celda. Nerviosos, ellos fueron a buscar refuerzos. Se
olvidaron de cerrar la celda ...y yo me escapé. Pedí
unas monedas a un transeunte que pareció captar la situación
y me dio un peso. Tomé un taxi y fui a la casa de mi madre".
Ortega se cambió de ropa y, con su experiencia revolucionaria,
se las arregló para llegar a la Sierra del Escambray, en la
provincia de Las Villas. Allí, poco a poco fue reuniendo a
jóvenes opuestos a Castro. Así se convirtió en
jefa de una gerrilla de 260 hombres.
"La situación se puso cada vez más dificil, los
cercos tendidos por las tropas del gobierno, muy bien armadas, eran
frecuentes, los hombres morían y las balas se acababan. En
julio de 1964 ordené la rendición", narra Ortega.
Nuevamente, Ortega inició el recorrido por las cárceles
de Cuba. Huelgas de hambre como respuesta de las presas a las golpizas
y pateaduras. En una de éstas le fracturaron el fémur,
la tibia y el peroné de la pierna izquierda. Le negaron asistencia
médica y permaneció año y medio inválida.
Al principio se arrastraba; pero poco a poco, con una gran voluntad,
aprendió a caminar.
"Durante siete años estuve recluida en aquella celda,
una bartolina, en la que no veía la luz del sol. Las tres compañeras
vivíamos totalmente aisladas. Cuando Castro decidió
mejorar su imagen para aspirar a ser elegido líder del Movimiento
de Países No Alineados, en 1979, las cosas comenzaron a cambiar.
Para entonces ya yo estaba seriamente enferma a los 39 años.
La pierna me había quedado torcida, un riñón
desprendido presionaba el ovario, sufría descalcificacion de
los huesos, una dolorosa polineuritis y una tumoración en el
flanco renal izquierdo".
Durante años le habían negado toda asistencia médica.
Ahora insistían en que se dejara tratar médicamente.
Era la práctica carcelaria. Las mujeres que enfermaban de cáncer
eran llevadas al médico pocas semanas antes de morir, asegura
Ortega.
"Los médicos se asombraban de que yo hubiera logrado caminar
en las condiciones en las que estaba. No concebían que aquellas
placas radiográficas que me han sacado correspondieran a una
persona que era capaz de caminar. Quisieron llevarme a una junta de
médicos para que yo explicara los ejercicios que había
hecho para lograr caminar. Me negué, sabiendo que iba a ser
utilizada como propaganda."
"Conozco el aparato. Iban a decir que la presa política
Miriam Ortega estaba ante una junta de médicos explicando cómo
había logrado caminar, sin mencionar que ellos me habían
partido los huesos a patadas y golpes. Aunque sufría de terribles
dolores y vivía a fuerza de pastillas, me negué. Además,
pretendían ligarme rodilla y tobillo, como única solución.
Yo sabía que eso significaba dejarme inútil".
Después de haber sido liberada, Ortega vio a varios médicos
en Estados Unidos pero todos le han dicho que su pierna torcida no
tiene solución.
"No importa mucho. La estética no me interesa. Lo que
me interesa es mi patria. Yo soy un soldado y lo único que
lamento es que un soldado no pueda arrancar con una pierna torcida".
A pesar de sus 17 años de carcel, de los sufrimientos, las
huelgas de hambre de su rebeldía y las torturas que sufrió,
Ortega conserva razgos de su belleza y la determinación de
la lucha por la libertad de Cuba.
"Necesitamos que la opinion pública mundial sepa de los
presos politicos que quedan aun en Cuba. Necesitamos ir al rescate
de ellos. El exilio puede contar conmigo. No me pertenezco. Pertenezco
a los presos y al pueblo de Cuba que quiere su libertad", puntualizó
Ortega.
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