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Escuche
Usted, Señor Político
Pobreza, Desarrollo e Inmigración
en América Latina
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Sí, es con usted. No importa si es usted el Presidente de la
República, senador, diputado, ministro o gobernador con gran
autoridad y protagonista de espectaculares giras internacionales,
galas diplomáticas y fiestas palaciegas, o un sencillo funcionario
municipal que recibe un magro salario con el que apenas puede aliviar
los gastos mensuales de su familia. Tampoco importa si llegó
usted allí en defensa de las ideas tradicionales y conservadoras
o con grandes promesas sociales, en nombre de los humildes de la tierra.
Es con usted.
¿Ha escuchado usted alguna historia de los desiertos de la
frontera que divide a México de Estados Unidos? ¿Sabe
dónde está situado el Estrecho de la Florida? ¿Le
han contado lo que ocurre en el Canal de la Mona? ¿Tiene alguna
idea de la vida de los "sudacas" en España?
Usted es político, y por tanto sabe que América Latina
es una región privilegiada por tener extraordinarios recursos
naturales. Petróleo, destinos turísticos, minas, ganadería,
agricultura y un capital humano laborioso y emprendedor, son sólo
algunas cualidades de esta región bendecida, en la que habitan
500 millones de personas, la inmensa mayoría con un idioma,
una cultura y una historia común. Sin embargo, aproximadamente
220 millones de latinoamericanos, o el 40 por ciento de la población
de América Latina, viven por debajo de la línea de pobreza,
el mismo porcentaje que había hace 25 años, según
el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Hay hoy
día 85 millones de pobres más en la región latinoamericana
que a principios de los años 80.
En todo el mundo hay 854 millones de personas que sufren de hambre,
52 millones de ellas viven en América Latina, según
la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO). Si bien esto representa una reducción
para Latinoamérica, porque había 59 millones entre 1990
y 1992, de cualquier manera significa el 6 por ciento de las personas
malnutridas del mundo y el 11 por ciento de la población latinoamericana.
¿Estos datos significan algo para usted? Quizás estos
datos lo ayudarán a comprender mejor las historias de muerte
en los desiertos fronterizos, los miles de ahogados en las peligrosas
aguas del Estrecho de la Florida o el Canal de la Mona, y la vida
tal vez más afortunada de los "sudacas" de España.
Si en sus años de trabajo como funcionario público usted
hizo algo para evitar todo lo anterior, lo felicito. Usted no es la
regla, usted es la excepción. Mucha gente se pregunta por qué
los que conforman la regla no se avergüenzan. Hay siempre una
excusa a mano: América Latina fue colonizada por España
durante más de 300 años; las potencias mundiales han
saqueado los recursos naturales del continente; el neoliberalismo
nos ha sumido en la miseria; nos imponen condiciones injustas de comercio.
Mi amigo, en un rincón del norte de Europa hay un pequeño
país que se llama Finlandia. Tiene poco más de cinco
millones de habitantes. No se independizó en el siglo XIX,
si no en 1917. Hasta entonces había sido un ducado del Imperio
de los Zares de Rusia. Entre 1917 y 1918 sufrió una horrible
guerra civil. Se le trató de imponer un sistema monárquico,
con un rey alemán. La derrota alemana en la Primera Guerra
Mundial permitió a ese pequeño país convertirse
en una república. Entre 1939 y 1945, cuando se desarrollaba
la Segunda Guerra Mundial, Finlandia debió librar tres guerras,
dos contra el imperio comunista soviético de Joseph Stalin
y una contra el imperio alemán nazi-fascista de Adolfo Hitler.
Su tratado de paz con Moscú en 1940 la obligó a ceder
a los rusos tres regiones que componían el 10 por ciento de
su territorio, donde operaba el 20 por ciento de su capacidad industrial.
Cuatrocientos mil finlandeses tuvieron que evacuar esos territorios.
En total, medio millón de finlandeses estuvieron emigrando,
principalmente hacia Suecia, hasta la década de 1970. Pero
su democracia y su economía se han estado fortaleciendo constantemente
desde entonces, al punto de que se ha convertido en una nación
receptora de inmigrantes de la antigua Unión Soviética,
con minorías étnicas que hablan 20 idiomas diferentes.
Hoy día, Finlandia es un país altamente industrializado,
con una sólida economía de mercado, cuyos habitantes
tienen un poder adquisitivo de 152 mil 955 millones de dólares.
Poco más de 30 mil dólares al año constituyen
el ingreso individual de un finlandés. La tasa de desempleo
de Finlandia en 2006 es de 7.7 por ciento. El país es hoy día
la segunda economía más competitiva del mundo, después
de Suiza. Le siguen Suecia, Dinamarca, oiga esto, Singapur, que es
uno de los pocos países que saltó al primer mundo en
décadas recientes, y en sexto lugar, por primera vez, Estados
Unidos.
Por favor, no me repita el cuento de las diferencias culturales que
hacen imposible funcionar como Finlandia, Suiza o Singapur. No ofenda
usted a la cultura hispanoamericana. No me decepcione. Ayúdeme
a respetar su inteligencia. La única diferencia es que los
políticos finlandeses tienen una extraordinaria vocación
de servicio público y capacidad cero para la corrupción.
Pero si el ejemplo de Finlandia le parece demasiado lejano, vea usted
el ejemplo de Chile, un país como el suyo, latinoamericano,
hispánico. Chile es hoy día la economía más
competitiva de América Latina. ¿Sabe usted por qué?
Porque una coalición de centro-izquierda que ha gobernado el
país durante 16 años, ha trabajado con los más
bajos niveles de corrupción de la región, es decir con
transparencia de primer mundo, en medio de políticas sociales
sustentadas por una sólida economía capitalista e instituciones
respetables y respetadas.
Hace poco, la cadena británica de televisión BBC comisionó
a la firma Gallup una encuesta entre 50 mil personas de 68 países.
Participaron 14 naciones de América Latina. La idea era conocer
los anhelos y las frustraciones de la gente. Le tengo una mala noticia:
en América Latina, sólo el cuatro por ciento de los
encuestados confía en usted.
En estos momentos difíciles, usted, si lo desea, puede sumarse
a las críticas al muro que Washington se propone construir
en la frontera con México. Pero escuche bien, si usted en lugar
de ser la excepción es la regla de los políticos latinoamericanos,
por lo menos un ladrillo de ese muro va a ser colocado allí
por usted. ¿Por qué? Por su pobre vocación de
servicio público, por su insensibilidad, por su indiferencia,
por su incapacidad.
Para oir "Escuche
Usted, Señor Político" en audio (archivo .mp3)
(Hernández
Cuéllar es director y editor jefe de Contacto Magazine)
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