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La periodista
venezolana
María del Pilar
Marrero, columnista y experta en política del
diario La
Opinión, de
Los Angeles.
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El Periodismo
Como Vocación Social
Diálogo
con la Columnista María del Pilar Marrero
Por JESUS
HERNANDEZ CUELLAR
Ganadora de varios premios nacionales e internacionales,
María del Pilar Marrero es actualmente integrante del equipo
periodístico del diario La Opinión de Los Angeles,
donde ha trabajado desde 1990. Sus atrevidas columnas en ese rotativo
la han hecho acreedora de una bien merecida reputación,
como periodista interesada en los más
polémicos temas sociales.
Se graduó en 1986 de Comunicación Social,
en la especialidad de prensa, en la Universidad Católica
Andrés Bello, de Caracas, Venezuela, su país natal.
Recién graduada viajó a Estados Unidos "a estudiar
inglés, por un tiempo, y me quedé".
A los seis meses de haber llegado a Los Angeles comenzó
a trabajar en la desaparecida edición angelina del diario
Noticias del Mundo, en el cual permaneció de 1987 a 1990.
Después pasó a La Opinión.
Como difusora de información y de opinión,
si bien asume el necesario y a veces difícil concepto de
la objetividad periodística, Marrero ejerce su profesión
como un acto de vocación social. Y admite que le sería
muy difícil trabajar para un medio que estuviese divorciado
de sus principios. "No hago periodismo para hacerme millonaria",
afirma, sino para "darle a la gente las herramientas para salir
adelante".
En 1992 obtuvo el 4th Annual Hispanic Print Media
Award de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas
de Estados Unidos, por su "sobresaliente labor informativa en
temas latinoamericanos". En 1997 obtuvo el premio José Antonio
Miró Quesada, de la Sociedad Interamericana de Prensa
(SIP), por su participación periodística en una
campaña
sobre el voto hispano en la Unión Americana, y en 1998 obtuvo
también de la SIP el premio Pedro Joaquín Chamorro
de Relaciones Internacionales, por su trabajo sobre las leyes
migratorias de Estados Unidos y su impacto en la sociedad norteamericana.
Actualmente cubre las elecciones presidenciales de EE.UU., que
se realizarán en noviembre de 2008.
Estas son sus opiniones sobre el ejercicio de una
de las profesiones más influyentes de la era moderna, y también
una de las más criticadas por ciertos sectores de la sociedad:
¿Qué significa
hacer periodismo de temas hispanos, en español, en una nación
con una mayoría de angloparlantes? ¿Cómo se diferencia
esta actividad de la de hacer periodismo en las naciones latinoamericanas?
Es una tarea de gran importancia
porque estás al servicio de una comunidad que tiene urgencia
de recibir información, no sólo porque le guste estar
informada sino porque lo necesita. Necesita saber de las leyes de
este país, de las formas de vida de esta sociedad. El periodismo
de nuestros países es el "mainstream", aquí somos
una subcultura, así somos considerados. Aquí el periodismo
hispano es emergente, no podemos hacer el periodismo que se hace
en América Latina. A veces no se nos toma en serio, aunque
eso está cambiando. Mientras sea así, al periodismo
hispano le costará expandirse. Hay espacio para más
diarios y se necesita invertir en ello, pero no hemos acostumbrado
a los lectores a un periodismo de más calidad. A veces, los
medios hispanos subestiman al público y se nos está
escapando un lector que exige algo de más nivel, un público
que cuando aprende un poco de inglés se va al L.A. Times,
a pesar de que los medios en inglés no cubren los temas hispanos
y de América Latina como nosotros. Es que los medios hispanos
tienen mala fama, a veces, entre nosotros mismos..., nos vemos como
nos ve el mundo anglosajón y despreciamos a nuestros propios
medios. Mucho tiene que ver el aspecto comercial. El ser rentable
es muy importante en Estados Unidos, y el aspecto periodístico
está supeditado a lo comercial, se le da a la gente lo que
se vende. En América Latina no es tanto así, en cualquier
capital latinoamericana hay muchos más periódicos
que aquí, porque aunque no sean tan rentables, hay otra ética.
Allá un periódico es una necesidad y ves a todo el
mundo con un periódico o una revista en las manos. En América
Latina los periódicos se hacen parte de la vida nacional,
aquí no.
Si tuvieras que mencionar
un suceso en tu labor periodística que te haya impactado,
¿cuál sería?
En 1996, después de la
elecciones presidenciales en que los demócratas arrasaron
en California, el ex gobernador Pete Wilson hizo una conferencia
de prensa -en aquel momento era el hombre más odiado entre
los latinos-, y le pregunté que si él no creía
que las pérdidas electorales se habían producido por
su política antiinmigrante, y él respondió
arrogantemente: "Ustedes los periodistas de los medios hispanos
son los culpables que se diga eso de mí". Entonces los periodistas
anglos me miraron como si no estendiesen nada, y a mí, en
lugar de molestarme, me dio orgullo que él me señalara,
nos señalara como los culpables de aquello. A lo mejor los
periodistas anglos se sorprendieron de que alguien atribuyera a
la política de Wilson la derrota republicana. Eran dos puntos
de vista diferentes, y no era popular defender a los emigrantes.
¿Qué significa
la objetividad periodística y cómo ejercerla sin que
las ideas personales del periodista interfieran con ella?
Siempre hay que hacer lo posible
por presentar las diferentes opiniones que hay sobre un tema, pero
yo leo la prensa de Estados Unido, la hispana y la anglosajona,
y veo que todo el mundo tiene una tendencia, y es muy fácil
de revelar esa tendencia, por ejemplo, en cómo se construye
la información, dónde se coloca la información...,
es un proceso muy sutil, nadie te puede acusar de no ser objetivo
porque lo estás poniendo todo, pero le das una prioridad
como tú quieras, inclusive, con el titular que se publica.
Tú tienes que ver quién es tu lector, en nuestro caso,
vas a poner en primera plana una información sobre inmigración,
la Proposición 187 o sobre asuntos laborales, y le das más
importancia a eso que al alza de la bolsa de valores o a un campeonato
de golf, porque eso es lo que le interesa a tu público. Entonces,
no podemos cubrir lo que ocurre como lo hace el L.A. Times o el
New York Times. Para mí sería difícil trabajar
en un medio que promoviera ideas que vayan en contra de mis principios.
Yo no hago periodismo para hacerme millonaria, si así fuera
me hubiese ido mejor a la televisión o haría publicidad.
Hago periodismo porque creo en la necesidad de darle a la gente
las herramientas para salir adelante. Puedo trabajar donde haya
diversidad de opiniones. Las diferencias políticas, los partidos,
no son un problema. Pero la 187, por ejemplo, tocaba a los niños,
a la gente, habría sido muy difícil para mí
trabajar en un medio que respaldara esa medida, pero no fue el caso
de La Opinión.
¿Cómo se refleja
el cambio que has experimentado, de pasar de reportera de noticias
a columnista política?
Ser reportera es ser testigo
de los hechos, informas lo que ves. El columnista puede interpretar
los hechos y dar su opinión. Fue un cambio bien fuerte. Fue
como quitarme el bozal, tener una opinión y crear una opinión.
Es muy interesante y satisfactorio poderle comunicar a la gente
las cosas como yo las veo. Te da más libertad a la hora de
escribir, no estás tan atada a las reglas de la noticia.
Uno puede escribir como uno quiera, no es así con la nota
informativa. Es desnudarte ante la gente con tus propias ideas y
arriesgarte a que unos estén de acuerdo contigo y otros no.
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