El
Impreciso Mensaje de Ciertos
Pacifistas Norteamericanos
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
La paz es uno de los objetivos más importantes
y maravillosos de la humanidad. La simbolizó el pintor español
Pablo Picasso con la imagen de una paloma. Sus beneficios son conocidos
por igual por el general Colin Powell, por el multimillonario Bill
Gates y por el subcomandante Marcos.
El mundo se prepara, sin embargo, para la guerra.
Los pacifistas serios han condenado los ataques terroristas sufridos
por las ciudades de Nueva York y Washington, que han dejado un saldo
de tres mil muertos civiles sólo en las torres gemelas del
World Trade Center, y han advertido cuidadosamente de los peligros
de una guerra indiscriminada capaz de provocar una escalada de acciones
y reacciones.
En Estados Unidos, como en cualquier parte del mundo,
existe un movimiento pacifista y por lo menos un par de izquierdas.
Muchos pacifistas norteamericanos han comenzado sus actividades,
y de éstos algunos, desafortunadamente, las han comenzado
con el confuso e impreciso mensaje de antaño: la culpa es
de Washington. Ni una palabra sobre quienes originaron la violencia.
Ni una palabra acerca de cómo se ha usado la violencia, como
si hubiesen vivido durante los últimos 50 años en
otra galaxia.
El mensaje de la coalición internacional que
se prepara contra los agentes del terror ha dejado claramente establecido
que se trata de una ofensiva contra el terrorismo, no contra el
Islam. Una ofensiva contra quienes se proponen destruir los valores
que hoy permiten la existencia de movimientos pacifistas que pueden
expresarse libre y necesariamente, no una guerra entre Oriente y
Occidente.
Por lo general, el mensaje crítico de ciertos
pacifistas norteamericanos no está dirigido a Osama Bin Laden,
a Sadan Hussein, o a Moamar Ghadafi, a ETA, o a Fidel Castro. De
hecho, su mensaje nunca ha estado dirigido contra el terrorismo,
que es el principal enemigo de la paz en la era moderna.
No hay dudas de que la política exterior de
Estados Unidos presenta un largo historial de errores, contradicciones,
pasos en falso y provocaciones. Por supuesto, también muestra
un largo historial de contribuciones al mantenimiento de las libertades
y las sociedades de derecho. Si los fenómenos políticos
no se manifiestan en blanco y negro, sino con la inevitable gama
de grises de todos los fenómenos, la política exterior
de Estados Unidos presenta igualmente esa gama.
Pues bien, para ser tomados en serio, ciertos pacifistas
debían usar la gama de grises a la que se han referido al
acusar a Washington de ver el mundo en blanco y negro. Se podría
empezar por ciertos aspectos de esa gama, como por ejemplo: cuando
hay alrededor de tres mil familias, no sólo norteamericanas,
de luto por los ataques contra Nueva York y Washington, ¿es
el momento oportuno para guardar silencio hacia los perpetradores
y dirigir las críticas al gobierno de Estados Unidos?
Las libertades norteamericanas, sin dudas, otorgan
ese derecho a criticar y el gobierno en cuestión es el encargado
de garantizar esas libertades. Pero igualmente, quienes exigen a
ciertos pacifistas un mensaje menos confuso, gozan de estos mismos
derechos.
¿Se han preguntado alguna vez estos mensajeros
de la paz qué espacio tendría el auténtico
movimiento pacifista mundial en una humanidad gobernada por Sadam
Hussein o por el Talibán afgano? ¿Sabe este grupo mínimo
a dónde van a parar los amantes de la paz, los defensores
de los derechos humanos y del medio ambiente en Irak, Libia, Cuba
y Afganistán?
El mensaje que recibimos de estos pacifistas específicos
no refleja esa preocupación. No la reflejó durante
la Guerra Fría, cuando el mundo se debatía entre vivir
bajo regímenes totalitarios colectivistas y represores de
las libertades fundamentales o en las sociedades democráticas
que ofrecen la oportunidad de defender el libre flujo de las ideas,
el medio ambiente, los derechos civiles, el movimiento sindical
organizado y la paz.
La Izquierda Norteamericana
¿Por qué ocurre esto? Estados Unidos vive
una sociedad plural, y su movimiento pacifista no es ajeno a esa
pluralidad. No todos los pacifistas norteamericanos son imprecisos.
Al movimiento pacifista de este país le ocurre lo mismo que
al movimiento antiglobalización. Ambos han sido secuestrados
por elementos radicales dispuestos lo mismo a "defender la paz"
que a incendiar Seattle por ser sede de la cumbre de la Organización
Mundial de Comercio.
Estos elementos radicales son los que restan seriedad
a la izquierda norteamericana e impiden que, por ejemplo, haya más
representantes de los movimientos sociales auténticos en
el Congreso de Estados Unidos. Simplemente, la llamada mayoría
silenciosa de este país no favorece con su voto libre a los
representantes de este tipo de izquierda destructiva y atolondrada.
Es un tema viejo que viene desde los días del
enfrentamiento Este-Oeste, cuando la izquierda norteamericana hizo
oídos sordos a los cambios desarrollados por la izquierda
europea. En la década de los 70, el español Santiago
Carrillo, de vieja estirpe comunista, inauguró con otros
líderes el archiconocido eurocomunismo. Esa doctrina sembró
las bases de la separación de la izquierda europea de los
férreos dictámenes de Moscú.
El eurocomunismo y el socialismo democrático
abrazaron en Europa occidental los fundamentos de la libertad. Sus
pasos iban encaminados a llegar al poder a través de elecciones
libres y en competencia con otras fuerzas políticas, a las
que respetarían rigurosamente si eran elegidos. Públicamente,
condenaban la invasión soviética de Afganistán
y las violaciones a los derechos humanos en el bloque del este,
así como la política exterior de Estados Unidos en
el Medio Oriente y en Vietnam. De esta teoría se beneficiaron
gobiernos socialistas de España y Francia durante muchos
años, en medio de la Guerra Fría.
Mientras tanto, el Partido Comunista de Estados Unidos
se quedó encerrado en la defensa de las obsoletas doctrinas
de Moscú. Una contradicción inexplicable si se tiene
en cuenta que Estados Unidos era el país apropiado para el
desarrollo de una izquierda democrática, ya desembarazada
desde mediados de los años 50 del feroz anticomunismo que
desató el McCarthismo, una era de hostigamiento a los comunistas
que fueron acusados por el senador republicano Joseph R, McCarthy
de deslealtad a Estados Unidos. Según la mayoría de
los historiadores, el McCarthismo se manifestó entre 1950
y 1954, especialmente durante la guerra de Corea. Murió no
sólo por acusar a muchos norteamericanos sin pruebas, sino
también porque violaba preceptos importantísimos de
la Constitución de Estados Unidos. En aquel momento, la izquierda
norteamericana no se percató de que había obtenido
una victoria, y si lo hizo no aprovechó su victoria.
Muchos atribuyen aquella actitud del Partido Comunista
en los días de la Guerra Fría al hecho de que la izquierda
norteamericana pro-Moscú estaba convencida de que jamás
ganaría una elección, tanto por lo rezagos del McCarthismo
como por lo poco que podía ofrecerle a sus electores en el
país con el más alto nivel de vida del mundo.
A casi 30 años del fin de la tragedia de Vietnam
y a una década de la muerte de la Guerra Fría, la
izquierda norteamericana no se recupera. Sus elementos más
visionarios se integraron al Partido Demócrata. Su momento
de gloria en la era moderna fue durante la presidencia de Bill Clinton.
El resto se quedó girando sin rumbo fijo, en la protesta
por la protesta, carente de una propuesta inteligente y atractiva
para las masas, e interminablemente traumatizada por el derrumbe
del Kremlim.
Esa izquierda es todavía la misma que defendía
"libertades y derechos" sólo para sí misma, al tiempo
que se abrazaba y se abraza con los dictadores marxistas -muy especialmente
los antinorteamericanos- que negaban y niegan a sus pueblos esas
libertades y esos derechos. En tiempos normales, ningún norteamericano
promedio dejaría a un lado su pasatiempo favorito para escucharla.
Pero hoy, después del derrumbe de las torres gemelas del
World Trade Center, podría estar dispuesto a volverse contra
ella. Y esa izquierda ciega, podría perder otra vez las oportunidades
que tuvo en sus manos cuando McCarthy fue derrotado, cuando nació
el eurocomunismo y cuando terminó la guerra de Vietnam.
© CONTACTO Magazine
Publicado el 26 de septiembre de 2001
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