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  El Trasplante de Organos,
Asunto de Vida o Muerte

Roberto de Jesús Pérez, de 18 años, estaba en su primer año universitario, era activo, deportista, saludable y aspiraba a trabajar algún día en la Organización de Naciones Unidas. Hace casi tres años sufrió un fuerte dolor de cabeza que resultó ser un aneurisma. Alrededor de 24 horas más tarde el médico declaró muerte cerebral.

En las difíciles horas que siguieron, mientras el corazón de Roberto latía aún mediante aparatos médicos, sus padres, Carlos y María Pérez, decidieron donar seis de los órganos de su hijo, que fueron transferidos a cinco personas en lista de espera. La Sra. Pérez ha hecho algo más: ha convertido su dolor en una herramienta útil a los demás.

La diabetes y las fallas renales resultan de cuatro a seis veces más frecuentes entre los hispanos que en la población general; la compatibilidad se encuentra con mayor facilidad entre los miembros del mismo grupo étnico; las religiones más extendidas lo aceptan; la escasez ha alcanzado un punto crítico. Y aun así, en la lista de Estados Unidos de donantes de órganos solamente el 15 por ciento es hispano.

De acuerdo a la United Network for Organ Sharing (UNOS), la organización más importante a cargo de trasplantes de órganos, cada día se realizan 20,000 trasplantes y aproximadamente 20 pacientes mueren diariamente mientras esperan su turno para recibir un órgano compatible.

UNOS es una organización nacional no gubernamental y sin fines de lucro, con base en Richmond, Virginia, y oficinas en la mayoría de los estados y en ciudades muy pobladas.

Con 64,000 personas en lista de espera para un órgano sólido (48,000 para un riñón) y decenas de miles más esperando por un tejido, el desequilibrio entre el número de recipientes potenciales y el de donantes, es obvio. Organos sólidos son el corazón, los pulmones, el hígado, el pancreas y los riñones.

Tejidos: corneas, piel, vasos sanguíneos, médula ósea, tejido óseo, etc.

Con referencia a los hispanos, 550 murieron en 1998 mientras esperaban para recibir un órgano sólido compatible con ellos. La espera se prolonga un promedio de cinco años; pero en el caso específico de los hispanos y de los afroamericanos, la espera puede extenderse mucho más. Esto no se debe atribuir a discriminación sino a que, de acuerdo a los descubrimientos científicos, la misma etnicidad de recipiente y donante hace más exitosa la operación, además de que el grado de compatibilidad es más alto entre los miembros del mismo grupo étnico. Y el número de donantes hispanos, y afroamericanos, en comparación con el de la población general, es mínimo.

Por esa escasez el periodista colombiano Rubén Darío López estuvo a punto de morir en 1994.

Hasta hace 16 años se sentía perfectamente; pero cuando fue a Inmigración a arreglar su documentación le dijeron que, aunque estaba en general bien y apto para ser aceptado, le aconsejaban que viera a un especialista porque presentaba un problema renal. Sintiéndose bien e ignorando que los problemas renales pueden agravarse, lo dejó pasar.

"¿Para qué iba a ir a un especialista, con lo cara que es la medicina en este país, si no me sentía nada?. Entonces mis tres hijos eran pequeños y yo tenía que mantener a mi familia.", cuenta López.

Según "The Medical Adviser", publicado por los editores de Time-Life Books, las enfermedades renales pueden ser agudas y ocurrir inesperadamente, o crónicas, las cuales son "insidiosas". El deterioro va ocurriendo gradualmente a veces por un período de años, sin presentar síntomas, hasta llegar a un punto en el cual ya es considerable, y a menudo irreparable.

Pasado el tiempo López comenzó a sentirse mal pero tampoco visitó a ningún médico. "Tenía pavor a que me encontraran algo malo", recuerda.

Cuando se sintió peor cada día, fue a ver a un médico, quien lo hizo trasladar en ambulancia al hospital más cercano. Los riñones le estaban dejando de funcionar. Entonces entró en un tratamiento de diálisis y en la lista de espera de dos hospitales en distintos estados. Cuatro años después, cuando ya estaba cerca de su turno en la lista, sufrió un infarto y uno de los hospitales lo trasladó al final de la lista para ver cómo reaccionaba después del infarto. Con la escasez de órganos no se podía, ni se puede, arriesgar un riñón donado.

En total, López estuvo siete años en diálisis. A los 43 años de edad su condición había empeorado al punto de que los médicos dijeron a la familia que le quedaba poco tiempo de vida si no se hacía un trasplante de riñón. Dos hermanas se ofrecieron como donantes. Una de ellas, de 25 años de edad, era compatible.

La operación se realizó hace siete años y costó alrededor de $120,000. En su caso especificó los gastos fueron pagados por el Medicare y Medicaid, de acuerdo con el mismo López, puesto que él había sido incapacitado para el trabajo cuando su salud empeoró. Eso no quiere decir que el gobierno pague en muchos casos por los trasplantes. Se trata de un procedimiento caro ya que involucra a muchos especialistas en el campo de la salud.

"Sentía que había revivido. Esa operación me cambió la vida. Estoy muy bien y mi hermana también. Todos podemos funcionar con un solo riñón porque éste asume las funciones de los dos. Es más, muchas personas han nacido con un solo riñón y ni siquiera lo saben", afirma López.

Hay dos formas de donación de órganos: el donante vivo, generalmente un familiar o amigo muy cercano al paciente, y el donante que acaba de fallecer pero ha llenado una tarjeta como donante (las hay disponibles en los departamentos de Motor Vehicle) pero, más importante aún, ha expresado su deseo a sus familiares quienes son, en definitiva, quienes deciden. Por lo general. las personas jóvenes y saludables ofrecen al morir los órganos sólidos más aptos para trasplantes; pero hasta las personas mayores poseen también tejidos que pueden resultar útiles a otros seres humanos.

López opina que las iglesias y las organizaciones formadas en los Estados Unidos por oriundos de países de habla hispana deberían ofrecer charlas educativas sobre el tema a los nuevos inmigrantes.

"Los hispanos no tienen suficiente información", opina.

La mayoría de las religiones más extendidas aceptan tanto los trasplantes como las donaciones de órganos.

"No hay problemas con la donación de órganos, ni de donantes vivos, ni de donantes muertos. La Iglesia Católica acepta los trasplantes", dice el padre Paul Nolan, capellán de una cárcel.

También la mayoría de las ramas del protestantismo y del judaismo, y las iglesias evangélicas. Incluso los Testigos de Jehová, quienes rechazan de plano las transfusiones de sangre, aun en los casos en los que una vida dependa de una transfusión, aceptan los trasplantes, siempre que los órganos hayan sido totalmente drenados de sangre.

El problema de la renuencia de los hispanos a donar órganos cuando mueran es complejo y reside sobre todo en el desconocimiento, el temor a pensar en la muerte y los errores que muchos arrastran consigo desde sus países de origen, además de que los trasplantes de órganos son un adelanto científico relativamente nuevo.

El primer trasplante exitoso de riñón se hizo en 1954, el primero de hígado y el primero de corazón, en 1967.

Más tarde se han realizado exitosamente trasplantes de pancreas, pulmones, de otros órganos sólidos y de tejidos, y cada día las técnicas se hacen más seguras y sofisticadas.

Entre los errores más frecuentes que circulan como rumores, figuran: quienes mueren son los viejos; la persona que muere se presenta con su cuerpo a la presencia de Dios; no se agotan todos los esfuerzos por salvar la vida de aquél que ha mostrado su deseo de donar sus órganos al morir; pueden extraer sus órganos antes de que se esté realmente muerto; el cuerpo queda visiblemente mutilado y los familiares pueden sufrir al verlo; hay racismo y discriminación; existe un mercado negro de órganos; solo reciben un trasplante los más ricos y/o famosos, es decir, hay preferencias por este motivo a la hora de escoger de la lista de espera.

Son errores infundados. La mayoría de las personas evita el tema de la muerte pero ésta es inexorable para todos. Al nacer el ser humano puede vivir un minuto o más de 100 años (hasta ahora); pero en ese lapso puede morir siendo niño, adolescente, joven, adulto o anciano. Cientos de jóvenes mueren todos los días en accidentes, incidentes violentos, enfermedades súbitas o lentas. Nadie sabe cuándo ni cómo va a terminar su vida.

Curiosamente, varios hispanos a quienes se les preguntó acerca de la donación de órganos tuvieron una respuesta común: "No, yo no donaría mis órganos. Me quiero ir entero para el otro mundo". Una mujer señaló: "No quiero ni oir hablar del tema: yo creo en la reencarnación".

Millones de personas creen que el alma, espíritu o energía continúa viviendo después de la muerte. Muchos piensan que el alma reencarna. Sin embargo, en caso de ser así, lo que reencarnaría sería en un nuevo ser.

Se puede abrigar esperanzas de que una persona en estado de coma se recupere, pero la muerte cerebral es irreversible, aunque el corazón continúe latiendo por medios artificiales. A nadie se le extraen los órganos que ha donado hasta que no se produzca la muerte cerebral.

Los médicos son muy cuidadosos al suturar las heridas abiertas para extrer los órganos, de modo que las suturas no resten dignidad a los servicios funerales. Tampoco hay tratos preferenciales porque el recipiente sea muy rico o famoso: en las listas de espera nacionales y regionales no se identifica por su nombre a los pacientes que esperan.

Pero estas operaciones son caras y el recipiente de un órgano debe tener el dinero para pagarla o un seguro médico que la cubra.

Las leyes federales en Estados Unidos prohíben la compra o venta de órganos. Por otra parte, el sistema de distribución de órganos es tan extenso, complejo y bien vigilado que es prácticamente imposible que un órgano robado pudiera penetrarlo. Además, el trasplante exige rapidez.

La escasez de órganos que puedan salvar vidas es crítica y, aunque los hispanos comprendan solamente el 15 por ciento de los donantes, comienza a notarse un despertar de la conciencia entre este grupo étnico que ya alcanza los 35 millones de personas.






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