Por
JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Después de 15 detenciones y deportaciones por cruzar ilegalmente la frontera
de Estados Unidos, el mexicano José Vargas, originario de Jalisco, se
convertía en el primer indocumentado que se graduaba de policía
en California. Tenía entonces 33 años de edad. Siete años
después figuraba en la lista de los 10 mejores policías de Estados
Unidos. A los 65 años, Vargas se retiró del servicio activo como
el policía más condecorado de California. Ejerció toda
su carrera policial en la ciudad de Santa Ana, en el condado californiano de
Orange. Hoy día, los estudiantes latinos pueden optar por la beca "José
Vargas", que les concede 20 mil dólares para salir adelante en sus
estudios.
Por su parte, el joven José A. Gutiérrez era un niño de
la calle en su natal Guatemala. Atravesó fronteras hasta llegar a Los
Angeles como indocumentado cuando apenas tenía 10 años de edad.
Creció en el seno de una familia adoptiva y cuando alcanzó la
mayoría de edad, se enroló en el Ejército de Estados Unidos.
Fue el primer hispano en morir en los campos de batalla de Irak. Tenía
sólo 22 años. Cayó en combate el 21 de marzo de 2003 mientras
trataba de tomar un punto importante del puerto de Umm Qasr, que luego de su
muerte sirvió como puente de entrada para la ayuda humanitaria.
El Caribe no es ajeno a estos relatos. A través de las peligrosas aguas
del Estrecho de la Florida, la joven Mirta Ojito abandonó su natal Cuba
a los 16 años de edad desde el puerto de Mariel, en 1980. Poco después
se graduaba de periodismo en Estados Unidos y se integraba al equipo de redacción
de The Miami Herald, y más adelante al de The New York Times, donde primero
ganó el premio de la Sociedad de Editores de Periódicos de Estados
Unidos en 1999, en la categoría de mejor reportaje internacional, y más
tarde, en 2001, compartió el codiciado Premio Pulitzer por una serie
de artículos sobre el tema racial en la sociedad norteamericana.
Perfil de una Comunidad
Las historias de Vargas, Gutiérrez y Ojito son sólo la punta del
iceberg de innumerables anécdotas vividas por los más de 44 millones
de latinos que viven en Estados Unidos, según cifras de la Oficina del
Censo. Algunos expertos calculan ese número en 50 millones, si se cuentan
los hispanos indocumentados.
Este año, el Centro Selig de la Universidad de Georgia divulgó
un estudio en el que se señala que en 2007, el poder adquisitivo de la
comunidad hispana superará al de los afroamericanos, con una cantidad
total de 863 mil 100 millones de dólares, una cifra más alta que
el producto interno bruto de muchos países latinoamericanos.
Por su parte, la firma eMarketer anunció que 16 millones de latinos navegan
por Internet en Estados Unidos, y los expertos pronostican que la población
hispana en la red aumentará alrededor de un 30 por ciento en los próximos
cinco años, por lo que en 2011 los internautas de este origen étnico
serían aproximadamente 20 millones.
A lo largo de los siglos, desde la fundación de la misión católica
Nombre de Dios en San Agustín, Florida, en 1565, y más tarde con
la anexión a Norteamérica de los territorios mexicanos de California,
Arizona, Nuevo México, Nevada, Texas, Utah, y grandes espacios de lo
que hoy es Colorado y Wyoming, a mediados del siglo XIX, los hispanos han dejado
una huella imborrable en la cultura y la sociedad de Estados Unidos.
En la era moderna, las continuas olas migratorias desde diferentes naciones
latinoamericanas, han hecho el resto. La música y la comida latinas son
hoy día parte de las preferencias norteamericanas. La mano de obra, especialmente
en los sectores de la construcción, los servicios y la agricultura, se
han hecho imprescindibles.
Pero la historia demuestra que el estereotipo que presenta al hispano sólo
como un obrero mal pagado, es sólo parte de la verdad. Una élite
latina notable ha hecho contribuciones decisivas en campos tan importantes como
las ciencias, la política, el arte, la cultura y el mundo empresarial.
En 1916, Ezequiel Cabeza de Baca se convierte en el primer hispano en ser elegido
gobernador de un estado norteamericano, Nuevo México; en 1928, el ex
gobernador de Nuevo México, Octaviano A. Larrazolo, es el primer hispano
en llegar al Senado de Estados Unidos; en 1932, Benjamín Nathan Cardozo
es el primer hispano nombrado juez de la Suprema Corte de Estados Unidos; en
1950 el actor José Ferrer es también el primero de su grupo étnico
en recibir un Oscar, por su interpretación de Cyrano de Bergerac.
En 1952, Desi Arnaz es el primer rostro hispano que aparece en la televisión
de Estados Unidos; en 1959 el médico Severo Ochoa obtiene el Premio Nóbel
de Medicina por sus trabajos en este país; en 1961, Rita Moreno es la
primera latina en ganar un Oscar, por su trabajo en la película West
Side Story. Más adelante, en 1981, dos hispanos hacen también
historia: Henry Cisneros es elegido alcalde de San Antonio, Texas, y se convierte
en el primer hispano en dirigir una gran ciudad; Roberto Goizueta es nombrado
ese mismo año presidente y director ejecutivo de Coca-Cola, símbolo
del mundo empresarial norteamericano.
En 1986, el Dr. Franklin Chang Díaz es el primer hispano en volar al
espacio en una nave de la NASA. Con el tiempo llega a ser el astronauta con
mayor número de vuelos en los trasbordadores espaciales y un pionero
en los experimentos sobre las posibilidades de vida fuera de la tierra.
Comunicación e Información
El enorme crecimiento de la comunidad hispana produjo también la necesidad
de la comunicación en español. En Estados Unidos hay más
de 400 publicaciones en castellano, muchas de ellas propiedad de periódicos
anglosajones, que han visto una gran oportunidad de ingresos procedentes del
mercado hispano. Este es el caso de la cadena de diarios Hoy, de Tribune Media,
que también es propietaria de Los Angeles Times. El influyente The Washington
Post edita el semanario Tiempo Latino, The Miami Herald tiene a su cargo El
Nuevo Herald, en Miami. El diario Orange County Register, en el condado californiano
de Orange, publica Excelsior, y en Texas, The Houston Chronicle imprime La Voz,
por sólo mencionar algunos.
Pero hay publicaciones históricas de gran influencia que son propiedad
de hispanos, como el diario La Opinión de Los Angeles, que este año
celebra su 80 aniversario, o el Diario/La Prensa de Nueva York, fundado en 1913,
y Diario Las Américas en Miami, inaugurado en 1953.
A diferencia de las publicaciones en inglés, cuya circulación
ha ido cayendo estrepitosamente en los últimos años, la circulación
de los periódicos y revistas en español ha aumentado considerablemente
en muchas regiones de Estados Unidos.
En el mundo de la televisión, hay en estos momentos cinco cadenas hispanas
de señal abierta, Univisión, Telemundo, Telefutura, Azteca América
y Galavisión, mientras que por cable y satélite está CNN
en Español. Es común que algunos canales locales con programación
en español, superen muchas veces en teleaudiencia a sus competidores
en inglés, en ciudades con gran población hispana como Los Angeles.
Telenovelas, noticieros, deportes, variedades y películas, así
como los nuevos géneros de "talk shows" y "reality shows"
son parte sustancial de la programación de estas cadenas, y de sus afiliados
en todo Estados Unidos.
Poder Económico y Negocios
El poder económico de los latinos en Estados Unidos va más allá
de los casi 800 mil millones de dólares que se atribuyen a esta comunidad
hoy día. Precisamente ese renglón de capacidad de compra, ha convertido
al hispano en un consumidor codiciado ante los ojos de las grandes corporaciones
e inclusive para los medianos y pequeños negocios de nacionalidad no
hispana.
Durante el reciente debate para conseguir la aprobación de una reforma
migratoria que beneficie a 12 millones de indocumentaods, se ha visto a muchas
corporaciones dar su apoyo, directa o indirectamente, al movimiento pro-inmigrantes.
Pero este gran número de habitantes hispanos y su poder de compra, ha
hecho posible también el nacimiento de una sólida comunidad empresarial
hispana, que ofrece productos y servicios a su propia gente. En Estados Unidos
hay alrededor de dos millones de empresas propiedad de latinos, más de
400 mil de ellas en California.
Asimismo, muchas economías latinoamericanas sobreviven gracias a las
remesas de ayuda familiar que envían los hispanos de Estados Unidos hacia
sus países de origen. Cifras recientes señalan que el monto total
de dinero que se envía al continente supera los 46 mil millones de dólares.
Este año, sólo México podría recibir más
de 27 mil millones de dólares por este concepto, lo cual significa 35
veces más dinero que en 1980, cuando el país vecino recibió
699 millones de dólares en ayuda familiar.
Puntos Débiles
La educación y el poder político parecen ser todavía los
puntos débiles de la comunidad hispano-estaounidense. La deserción
escolar y el endeble mecanismo de financiamiento de los estudios superiores,
han creado una brecha educativa entre los hispanos y el resto de la población
de Estados Unidos.
Sin embargo, esto parece estar cambiando. Ahora son los anglosajones los que
están abandonando la escuela secundaria en un porcentaje mayor. De cualquier
modo, el nivel de deserción de los estudiantes latinos es alto. Un informe
del Departamento de Educación de Estados Unidos señala que al
concluir el curso escolar de 2006, este verano, no se graduaron de la escuela
secundaria 44 por ciento de blancos, 27 por ciento de hispanos, 24 por ciento
de afroamericanos, tres por ciento de asiáticos y dos por ciento de indios
estadounidenses.
La educación influye decisivamente en el nivel de ingresos y pobreza
de la sociedad. A pesar del enorme poder adquisitivo hispano, este grupo compite
con los afroamericanos en estos renglones por el último lugar, si se
le compara con otros grupos étnicos.
De acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos, los hispanos tenían
en 2005 un ingreso familiar anual medio de 35 mil 967 dólares, superados
por los asiáticos con 61 mil 094 dólares y los blancos no hispanos
que tenían 50 mil 784. Los afroamericanos estaban por debajo con 30 mil
858.
El mismo organismo federal indica que el nivel de pobreza entre los hispanos
en 2005 era de 21.8 por ciento, más bajo que el de los afroamericanos
que era de 24.9 por ciento. El de los blancos no hispanos era de 8.3 por ciento
y el de los asiáticos era de 11.1 por ciento.
En materia de seguro médico, los hispanos eran en 2005 el grupo con peor
cobertura de salud en Estados Unidos. Aproximadamente 32.7 por ciento ó
14.1 millones de latinos no contaban con ningún seguro médico.
Entre los blancos no hispanos, 11.3 por ciento ó 22.1 millones de personas
no tenían seguro en el 2005, según la Oficina del Censo. Siete
millones 200 mil afroamericanos ó el 19.6 por ciento estaban en la misma
situación, al igual que dos millones 300 mil asiáticos ó
17.9 por ciento de ese grupo.
En términos generales, en 2005 había en Estados Unidos 15.9 por
ciento ó 46 millones 600 mil personas sin seguro médico.
Por supuesto, la mayoría de los hispanos arriba a este país sin
hablar inglés y sin los conocimientos básicos del funcionamiento
de la sociedad estadounidense. Lleva algún tiempo aprender el idioma
e informarse acerca de cómo funcionar aquí. Este proceso coloca
a los inmigrantes en franca desventaja, al principio.
En cuanto a poder político, igualmente, los hispanos tienen dificultades.
Un estudio del Pew Hispanic Center indica que de hay en Estados Unidos 27 millones
de hispanos mayores de 18 años, de los cuales 16 millones son ciudadanos
de este país, y de éstos sólo 9.3 millones están
registrados para votar. Cifras de la Oficina del Censo revelan que en las elecciones
presidenciales de 2004, el 79 por ciento de los votantes era de raza blanca,
11 por ciento eran afroamericanos, seis por ciento eran hispanos, y dos por
ciento asiáticos.
Una coalición nacional se ha propuesto conseguir un millón de
nuevos votantes hispanos para las elecciones de 2008. Esto representa un gran
esfuerzo, pero es absolutamente posible. Las campañas de promoción
del voto dejan claro ante los latinos que en Estados Unidos, "el que no
vota, no cuenta".
(Hernández
Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó
en julio de 1994. Ha escrito sobre temas hispanos de Estados Unidos desde 1984.
Ha sido editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles, redactor
de la agencia EFE e instructor de periodismo en la Universidad de California
en Los Angeles, UCLA).
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