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Entrevista
a Guillermo Cabrera Infante
"Lo Peor del Dragón
Está en la Cola"
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Entrevista efectuada
en marzo de 1997
Editada en enero de 2005
Cabrera Infante falleció el
21 de febrero de 2005.
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Sus padres fueron fundadores del Partido Comunista en Gibara, en el
oriente de Cuba, pero este hombre de prosa irreverente probablemente
nunca imaginó que viviría exiliado de un régimen
marxista-leninista la mitad de su vida.
Guillermo Cabrera Infante nació el 22 de abril de 1929, y con
su familia se trasladó en 1941 a La Habana, la ciudad que ha
marcado rigurosamente el mundo anecdótico de su obra literaria.
Hoy día, con 40 años en el destierro, vive en una de
las ciudades menos tropicales del mundo: Londres. Y los círculos
intelectuales y académicos lo consideran el escritor cubano
vivo más importante. Sus libros Tres tristes tigres,
La Habana para un infante difunto, Vista del amanecer
en el trópico y otros son ya parte de la historia de la
literatura en lengua castellana.
No es solamente un gran escritor, es también -es obvio que
no lo puede evitar- un anticastrista empedernido.
En 1997, con notable retraso, recibió el Premio Miguel de
Cervantes, considerado el Nóbel en español. Es el
tercer cubano que lo recibe, el único vivo de los tres y
el único que ha residido fuera de Cuba. El primer cubano
en ser galardonado con tan alta distinción fue Alejo Carpentier,
quien era funcionario diplomático cubano y miembro del Partido
Comunista de Cuba. El otro Cervantes fue entregado a la poetisa
Dulce María Loynaz, quien nunca abandonó la isla pese
a no simpatizar con el régimen de Fidel Castro.
He aquí las respuestas de Cabrera Infante a las preguntas
de Contacto:
J.H.C.- Dentro de Cuba ha surgido
un movimiento en favor de los derechos humanos y la democracia bajo
el acoso de la Seguridad del Estado. También se sabe de algunos
artistas contestarios que critican cuando pueden. ¿Cree que
esto es síntoma de alguna apertura, un estallido de ciertos
sectores que han llegado al límite pese a la represión,
o pura debilidad del castrismo?
G.C.I.-
Puede haber diferentes motivos (no razones: Fidel Castro
es cada vez más irracional) para el comportamiento del régimen.
Uno de ellos es que ni la KGB ni la Stasi existen más como
consejeros del diablo. Pero las amenazas contra cualquier disidente
y las detenciones de periodistas independientes permiten creer que
las palabras apertura y Castro son incompatibles. El régimen,
es evidente, se tambalea. Pero hay que creer el viejo proverbio
chino: "Lo peor del dragón está en la cola".
J.H.C.- ¿Cómo evalúa
la presencia de ese "nuevo exilio" intelectual cubano en Europa?
¿Es monolíticamente anticastrista, hay matices o hay
una tendencia, con excepciones, a consagrar el castrismo en el extranjero?
G.C.I.- El régimen de
Castro inventó una nueva modalidad de lo invisible: los "quedados".
Se trata de exiliados que viven en el extranjero pero no están
en el exilio. Han salido de Cuba con permiso pero con una condición:
podrán ganarse la vida en el extranjero, y no serán
hostigados ni hostilizados por los miñones de Castro dentro
o fuera de Cuba. Pero que no se les ocurra siquiera criticar al
régimen castrista. En esa categoría hay varios cubanos
conocidos (o desconocidos) que cumplen rigurosamente el acuerdo
con Castro como un pacto con el diablo.
J.H.C.- Zoé Valdés
ha sido finalista del Planeta en 1996. ¿Qué opina de
su labor literaria y de sus posiciones políticas respecto
a Cuba?
G.C.I.- Ha habido una reacción
negativa con (o contra) Zoé Valdés, motivada en parte
por la envidia y en parte porque Zoé se ha mostrado más
valiente que los "quedaditos" que ahora la atacan. No quiero cometer
la grosería de decir que ella ha evolucionado hacia un contra-castrismo,
sino que a medida que su voz se ha hecho más fuerte su mensaje
es cada vez más claro. Como sucede con todo cubano decente
ese mensaje es cada vez más enemigo de lo que ella ha llamado
el Comediante en Jefe.
Zoé nació en 1959. Esa fecha sirve para distinguir
a los que nacieron bajo Castro de los que conocían la Cuba
de antes y han mentido por interés personal o por lo que
es peor - por miedo. Todos estos escritores (y no escritores), toda
esta generación fue engañada no sólo por Fidel
Castro y sus secuaces, sino también por sus padres, madres
y maestros que conocían otra Cuba y presenciaron su destrucción
en silencio. Como cómplices. Para ellos, para la gente de
Zoé Valdés, dentro o fuera de Cuba, tengo, si están
adentro, compasión y comprensión, si están
afuera y si han sabido liberarse de la larga mano de Castro, tienen
toda mi simpatía y, si puedo, mi colaboración: presenté
a Zoé Valdés en la entrega de los premios Planeta
y la hubiera presentado con gusto si ganara el premio Cervantes.
Sólo tengo que añadir que literariamente, no se merecía
el segundo premio, se merecía el primero -y ahí está
de best-seller.
J.H.C.- ¿Ciertos sectores
académicos, intelectuales y artísticos de Occidente
siguen haciendo oídos sordos a los reclamos de democracia
y libertad de expresión para Cuba, o no tanto últimamente?
En cualquiera de los dos casos, ¿por qué ocurre esto?
G.C.I.- Son los que miran al
régimen de Castro como el último arcoiris y creen
ver la utopía cuando no es más que una de las más
crueles distopías del siglo --y sólo Dios sabe las
distopías que hemos sufrido en nombre de la utopía.
¿Les dicen algo los nombres de Hitler, Stalin, Mussolini, Franco?
Hay más. Recuerdo a los intelectuales franceses yendo en
peregrinación a la China de Mao y a los que celebraron a
Pol Pot como un enviado de Dios cuando sabían que era un
emisario del diablo. Los videntes a distancia creen menos en el
amanecer de Castro cuando más se convierte en el crepúsculo
de un solo dios. Castro tiene todavía sus defensores distantes,
gente que sabe la verdad de su régimen, aunque, como dice
Aldous Huxley en Brave New World: "Grande es la verdad,
pero todavía más grande, desde el punto de vista práctico,
es el silencio de la verdad".
J.H.C.-
¿Existe una cultura cubana del castrismo, y si existe
qué legitimidad tendrá cuando se escriba la historia
del arte y la literatura de Cuba, hechos en los últimos 40
años?
G.C.I.- Como enseña
esa gran novela cubana del presidio, Hombres sin mujer,
de Carlos Montenegro, existe una cultura de la cárcel. Toda
Cuba es una enorme cárcel. Es legítimo que exista
una cultura en la Cuba de Castro. Pero es, inevitablemente, una
cultura cautiva.
J.H.C.- ¿Le molestaría
que su nombre estuviera junto al de Carpentier y Nicolás
Guillen en los libros de historia de la literatura cubana?
G.C.I.- En absoluto. Los dos
son escritores cubanos. Nativo uno, adoptivo el otro. Algún
día se verá que a Nicolás Guillén le
hizo un daño irreparable hacerse comunista. Hasta entonces
había sido un poeta de "vuelo popular". A partir de entonces
fue un escritor al servicio del Partido Socialista Popular. Carpentier
en sus últimos años, no sólo era un funcionario
acomodaticio (vicepresidente de la Unión de Escritores, director
de la Imprenta Nacional, consejero cultural en París) del
gobierno castrista, sino que en sus últimas novelas se hizo
un oportunista literario. Pero sus primeras novelas hasta El
siglo de las luces, a pesar del lenguaje elitista y rancio,
son obras maestras, sobre todo Los pasos perdidos.
J.H.C.- ¿Qué ha
significado la literatura para Guillermo Cabrera Infante? ¿Cuál
es su mejor libro?
G.C.I.-
Un vasto campo de juego. Tal vez Exorcismo de esti(l)o
porque ahí llevé el lenguaje cubano y el juego a extremos
que nadie había hecho antes en español. (O tal vez
debiera hacer una excepción con Gómez de la Serna.
Aunque había antecedentes en francés, como Jarry,
Satie y Queneau y en inglés con Lewis Carroll y Joyce). Por
otra parte, Un oficio del siglo XX es no sólo mi
último libro (y mi primer libro libre) publicado en Cuba.
Ahí están los segmentos como elementos de Tres
tristes tigres y por supuesto de Exorcismo.
J.H.C.- ¿Qué significa
ser un escritor exiliado?
G.C.I.- Para mí es esencialmente
un escritor que ha perdido su lector natural, que es el lector de
Cuba. Tengo, es verdad, mis lectores repartidos por el mundo. Incluso
lectores cubanos en Estados Unidos y otras tierras. Pero el lector
cubano es el que está sometido a otras presiones, no sólo
políticas sino vitales y lingüísticas, para quienes
mis libros son una conexión con el pasado que es presente
y no sujetos de la nostalgia, que es la prisión de la memoria.
Espero, como ocurrió con Martí y Cirilo Villaverde,
que mis libros se puedan leer en Cuba libre un día sin zozobras,
como son comprarlos en bolsa negra o leerlos con los agentes de
Seguridad del Estado ahí, mirando por encima del hombro-
leyendo sin mover los labios.
J.H.C.- Si Fidel Castro y el
castrismo desaparecieran mañana, ¿podría Cabrera
Infante insertarse en La Habana de hoy, otra vez?
G.C.I.- Me preguntan a menudo
si volveré "con la frente marchita" y siempre contesto: No
en el primer avión. Lo único cierto es que llevo viviendo
38 años en esta casa de Londres. Es probable que pueda cambiar
de dirección pero no de sentido. Esa es una ley de física.
He aprendido que la física es más importante que la
metafísica.
Muere Cabrera Infante a los 75 Años
Cabrera
Infante - Réquiem por un Fabulador
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