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Los Derechos Humanos en
la Doctrina Social de la Iglesia


MARIO U. TAPANES

Los derechos humanos, llamados también libertades civiles, derechos naturales, inalienables o fundamentales del hombre, quedaron jurídicamente reconocidos por los modernos Estados nacionales que surgen históricamente como resultado de la Independencia de los Estados Unidos de América, en 1776 ,y la Revolución Francesa, en 1789.

Un breve recuento, que puede dividirse en tres períodos, revela como la Iglesia Católica, desde una primera actitud negativa ante el nuevo ordenamiento jurídico-político, lo acepta después de una evolucion gradual que termina reconociendo los derechos humanos como fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia.

Las persecuciones y los serios conflictos políticos, económicos y sociales surgidos entre la Iglesia Católica y la Revolución Francesa y los demás Estados europeos que se unen a las ideas liberales democráticas, laicas y anticlericales proclamadas por los revolucionarios franceses, justificaron la actitud inicial de rechazo que adoptara la Iglesia Católica.

Esta posición de la Iglesia adversa al liberalismo democrático va a perdurar por casi un siglo hasta el fin del Pontificado de Pío IX en febrero de 1878. Durante este período se expanden y consolidan las libertades de la Declaración de los Derechos del Hombre. Como dato histórico cabe señalar que fueron incorporadas a la Revolución Francesa de 1789, a petición del Marqués de Lafayette ,quien por haber participado en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos llevó al seno de la Asamblea Constituyente Francesa, los principios que trece años antes habían inspirado la Declaración de Independencia Norteamericana.

La actitud negativa de la Iglesia Católica, ha quedado representada históricamente por el infortunado documento emitido el 8 de diciembre de 1864 por Pio IX conocido como Syllabus, donde compiló todos los errores del liberalismo enfrentando así a la Iglesia con la nueva mentalidad liberal democrática. Entre los ochenta errores catalogados, Pío IX condenaba que "El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna".

Un segundo período comienza con el Papa León XIII (1878-1903) y termina con el Pontificado de Pío XII en 1958. Va a tocar a Leon XIII iniciar la conciliación de la Iglesia con las ideas del liberalismo democrático. Este Pontífice comprendió que una de sus más urgentes e importantes tareas consistía en propiciar un clima de mejor entendimiento con el nuevo ordenamiento político para reclamar un sitio apropiado en la sociedad para Dios y la Iglesia. Sus encíclicas servirán de base al Magisterio de los posteriores Pontificados.

El 15 de mayo de 1891, León XIII publica su encíclica Rerum Novarum, considerada la Carta Magna de la Doctrina Social de la Iglesia. Pero antes y después de esta encíclica, Leon XIII emite otras importantes encíclicas políticas. En 1885, la Immortale Dei sobre la constitución cristiana del Estado, inicia la recuperación de los derechos humanos con una apertura y aceptación de las instituciones e ideas del nuevo mundo social y político. Le seguirán otras sobre la libertad humana, los deberes del ciudadano cristiano, la postura católica ante la Revolución Francesa, y el auténtico sentido de la democracia cristiana a la que concibió como una fuerza moral social en beneficio del pueblo, y no reducida a un partido político.

Pío XI, cuyo pontificiado abarca de febrero de 1922 a febrero de 1939, va a destacarse por la publicación el 15 de mayo de 1931 de la segunda gran encíclica de la Doctrina Social de la Iglesia: la Quadragesimo Año que actualiza y conmemora la Rerum Novarum. Pío XI publica otras encíclicas en contra de los nacientes regímenes totalitarios: el comunismo, el fascismo y el nazismo, oponiéndoles los derechos naturales y fundamentales dotados al hombre por Dios y por tanto anteriores y superiores al Estado

A Pío XI lo sucede su Secretario de Estado, quien había colaborado intensamente en la elaboración de las encíclicas de su antecesor. Adopta el nombre de Pío XII y sus largos treinta y siete años de Pontificado de marzo de 1939 a octubre de 1958, van a estar marcados por la Segunda Guerra Mundial, la consolidación de la Unión Soviética, la expansión del comunismo al Este de Europa y China, el conflicto de Corea y la llamada guerra fría. Todo esto explica que el Magisterio de Pío XII sea preferentemente sobre cuestiones políticas.

La contribución más esencial de Pío XII sobre los derechos humanos está constituída por sus Radiomensajes de Navidad, especialmente los de 1942 y 1944 donde opta por la democracia, reconoce diez derechos fundamentales e insta a la creación de un organismo internacional que los proteja para lograr la paz. Los Radiomensajes pueden ser considerados como antecedentes de la creación de la ONU el 26 de junio de 1944 y de su posterior Declaración Univesal de los Derechos del Hombre de 1948.

El tercer y último período comienza con el Pontificado de Juan XXIII (1958-1963). Su encíclica Pacem in Terris, considerada su testamento espiritual porque fue dada a conocer el 11 de abril de 1963, casi dos meses antes de su fallecimiento, constituye la primera vez en la historia de la Iglesia que los derechos humanos son tratados formalmente en una encíclica. Consiste en una síntesis de la doctrina política de la Iglesia donde Juan XXIII recoge los aportes diseminados en los documentos de los Pontífices anteriores, sistematizándolos y enriqueciéndolos con el suyo propio.

Juan XXIII menciona positivamente la Declaración de la ONU de 1948 aunque expresa que "ciertos capítulos de esta declaración han suscitado algunas objeciones fundadas". No explica cuáles son, pero entre las mismas debe estar el Artículo 16 que implícitamente reconoce el divorcio, así como la falta de referencia a Dios. Pero acepta las libertades de opinión, de expresión y de información "dentro de los límites del orden moral y del bien común". Es de notar que estas libertades fueron unas de las grandes reivindicaciones del liberalismo democrático a las que más fuertemente se opuso la Iglesia.

Con esta encíclica, cuyos principios acogió el Concilio Vaticano II celebrado de 1962 a 1965, más el valioso aporte de las encíclicas de los Pontífices Pablo VI (1963-1978) y las emitidas por el actual Papa Juan Pablo II desde su primer mensaje al mundo el 17 de octubre de 1978, la Doctrina Social de la Iglesia se expande y queda construída sobre la sólida base de los derechos humanos y sus recíprocos deberes.

Por último, como punto esencial, la Doctrina Social de la Iglesia aclara que los derechos humanos son la realización de otro concepto superior del cual dimanan todos: el respeto a la dignidad humana, la misma que quizo Martí como ley primera para Cuba. A su implementación en la futura República Democrática, con sus implícitos valores: libertad, justicia, verdad y solidaridad, estamos obligados todos los cubanos para que nunca más pueda repetirse en nuestra Patria la tragedia que vive hace más de cuarenta años.





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