

El Veredicto de la Historia
Durante la pasada campaña presidencial decidí revisar mi directorio
electrónico. Éste se compone de varios grupos de recipientes
encabezados por quienes publican semanalmente esta columna, ya sea en la
red o publicaciones impresas. A este grupo pertenecen el 20
de Mayo (origen
de mi columna) y otros medios, entre los que se destacan Contacto, Cuba
en el Mundo, La Voz de Cuba Libre, etc.
Un segundo grupo comprende las publicaciones de la red tanto semanales como
diarias que presentan mi columna varias veces al año y en esta sección
se encuentran órganos de prensa de Sudamérica, Europa y México.
El tercer grupo se compone de familiares, amigos y compatriotas de Estados
Unidos o el extranjero que comparten idénticas convicciones y propósitos.
Por último está el grupo más numeroso, compuesto de
lectores en general, la mayoría de los cuales ha recibido mi columna
a través de terceros y espontáneamente decidieron comentar
el contenido de algún artículo. Esos comentarios, positivos
en un 99%, no tienen necesariamente que serlo. Eso es beneficioso, pues me
brinda la oportunidad de aportar algunos elementos de juicio útiles
a lectores que tienen una perspectiva diferente.
Lo contrario es también bienvenido, cuando un lector enterado me ayuda
a rectificar o aclarar algún detalle histórico o es capaz de
aportar razonamientos filosóficos elocuentes que no necesariamente
coincidan exactamente con los míos. Es precisamente en el intercambio
de ideas e información donde reside la fragua que forja el criterio.
Sin embargo de este grupo de más de 300 direcciones he decidido eliminar
8. Sucede que el debate implica intercambio de ideas e información.
El uso repetitivo de lemas y propaganda política no es debate. Atender
correspondencia de quienes rehusan discusión inteligente de un tema
básico es distracción y constituye pérdida de tiempo.
En un debate legítimo no es suficiente afirmar que este político
o tal partido es culpable o que otro es capaz de arreglar cualquier batea
porque ha estudiado en un colegio exclusivo y habla generalidades con voz
de barítono y el ceño fruncido ante una masa frenética
de adoradores. Eso es metafísica y no tengo el menor interés
en ella. La comunicación entre adultos requiere demostrar el criterio
con datos reales y razonamientos lógicos, no referencias a mítines
masivos al estilo Hitler o Castro, o a titulares partidistas de una prensa
que renunció con desenfado a la objetividad desde hace tiempo. A continuación
un ejemplo de cómo puede objetivamente medirse la validez de un comentario.
En un artículo anterior afirmé que la victoria electoral demócrata
fue en este caso también la de los enemigos de la libertad de Cuba.
Esto, no es una simple opinión mía sino honestamente, una realidad
inobjetable. Bastan dos probables nombramientos de la próxima administración
para demostrar la validez de ese aserto.
El primero es el del abogado Gregory Craig, presunto futuro consejero en
la administración Obama, quien dirigiera la defensa de Bill Clinton
durante el enjuiciamiento del libidinoso ex presidente en la Cámara
de Representantes por sus falsas declaraciones públicas a raíz
del escándalo Lewinski. Esta es la única información
sobre este abogado de la izquierda radical que emana de la prensa absurdamente
llamada de “mainstream”. Parecería que Clinton ha sido
el único cliente de este picapleitos para super ricos, que carga honorarios
de miles de dólares por hora.
Clinton ciertamente no ha sido el único cliente de Craig. Ni siquiera
el más notorio. El más tenebroso sujeto que ha usado los servicios
legales de Craig desapareció de la vista pública hace un par
de años, aunque supuestamente aún escribe una columna con regularidad
en el libelo Granma. Durante el “proceso legal de los derechos de paternidad
de Juan Miguel González sobre su hijo Elián” en el año
2000, Craig supuestamente representaba al primero. Quien no supiera que un
pelagatos como González era incapaz de sufragar los gastos de Craig
por un segundo aunque comprometiera su salario entero de pesos castristas
por treinta años, necesitaba con urgencia una camisa de fuerza o regresar
al kindergarten. ¿Quién pagó los honorarios de Craig? ¿Janet
Reno? ¿Bill Clinton? ¿Los contribuyentes? No seré yo
quien insulte la inteligencia de los lectores.
Quizás el público en general ignore que en la sufrida Cuba
de hoy no existen derechos de ninguna clase y que los de paternidad son explícitamente
negados en lo que llaman “Constitución”, la que señala
claramente que “la niñez es patrimonio exclusivo del estado”.
Pero nadie dude que Craig sí lo sabía, como también
que el infeliz Elián sería usado como bufón de feria
para avanzar la propaganda del Tirano. Entre otros clientes del abogado millonario
se cuentan notorios enemigos del exilio cubano (y de Estados Unidos), como
el primer gobierno comunista de Nicaragua (cortesía de Carter), el
que en un Comité Senatorial de Ted Kennedy acusaba en 1984 a los llamados “Contras” de
crímenes contra indígenas. Se supo después que los dos
indios miskitos “testigos estrella” de Craig eran agentes a sueldo
de Managua.
El probable procurador general de Obama es nada menos que Eric Holder, quien
era viceprocurador con Janet Reno y aplicó inicialmente el decreto “pies
mojados o secos”, de Clinton contra el influjo de balseros cubanos
(mantenido arbitrariamente por la presente administración). Holder
fue quien manejó las acciones “legales” de Reno justificando
la invasión nocturna y armada a la residencia del tío abuelo
de Elián y el retorno del niño a Castrolandia. Esta excresencia
demócrata no es sólo enemigo de la libertad en Cuba, sino en
Estados Unidos: Holder afirma que la Segunda Enmienda de la Constitución
no ampara un derecho individual, sino que sólo se aplica a la milicia.
También lo afirmaba Obama, pero después de la reciente decisión
de la Corte Suprema el “iluminado” ha tenido el buen juicio de
cambiar la tonada. Por el contrario, Holder no ha dicho ni esta boca es mía.
Como consecuencia de lo expuesto puede objetivamente afirmarse que no es
posible haber contribuído a la era de Obama y al mismo tiempo ser
genuínamente cubano. Sé que invito la controversia y hasta
el insulto. Para eso soy exiliado cubano. Nadie podrá sin embargo
impugnar un adarme de lo anterior.
© Hugo J. Byrne
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