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Hugo Byrne

Varsovia 1939 y 1944

Lo que más me impacienta entre mis compatriotas desterrados es lo mismo que me impacienta en casi todo el resto de la gente. Me irrita la demostración de ignorancia política, que casi siempre corre a parejas y al menos parcialmente se origina en otra todavía más absurda e injustificable ignorancia histórica. Creo que los desterrados cubanos debemos tener derecho a todo, menos a la ignorancia.

El amigo lector sabe que no se ha inventado todavía un antídoto contra la ignorancia, excepto obtener información adecuada. Esa información está al alcance de todos. Estados Unidos es la nación del orbe mejor dotada de bibliotecas, tanto en número como en calidad informativa. Sin embargo, por desgracia nadie ha visto ni verá jamás una cola en la puerta de una biblioteca.

Con cómica suficiencia algunos afirman que obtienen la misma información que puede adquirirse en una biblioteca, utilizando la red electrónica, sólo que "mucho más al día". Desafío a cubanos y otros individuos de habla hispana con experiencias de Cuba y sosteniendo semejante idea, a buscar "Cuba" en la llamada Wikipedia y que después concurran en que la información que leyeran es fidedigna.

Para probar la veracidad de este punto solamente necesito referirme a un hecho histórico. Hecho que por resultar embarazoso a la agenda de quienes controlan los medios de comunicación norteamericanos, es virtualmente ignorado por la mayoría. Me refiero a la conspiración que desatara la Segunda Guerra Mundial. Ese es un tema tabú que muy raramente se aborda.

Y no especulo sobre los méritos o vicios del Tratado de Versalles, sino de algo muchísimo más elemental, como de dónde vino la agresión y cómo fue posible. Pregunte el amigo lector a cualquier persona educada quién fue el agresor en 1939 (aunque debe discriminar un poquito, pues supe de una maestra de instrucción primaria quien no sabía ni siquiera quien había sido Hitler). La respuesta de la inmensa mayoría será que el atacante fue Alemania Nazi. Punto.

Pregunte después si sabe lo que fue el "Pacto de no agresión" firmado entre el canciller nazi Ribbentrop y el soviético Molotov el 23 de Agosto de 1939. No se sorprenda que lo miren como si hubiera acabado de descender de una nave espacial. A pesar de eso afirmo que en Estados Unidos el público parece estar algo mejor enterado en promedio que en el resto del mundo. Acabo de leer que uno de cada diez británicos entrevistados en una reciente encuesta cultural cree que ciertos personajes históricos realmente nunca existieron. Entre ellos Cleopatra, el Duque de Wellington y...¡Winston Churchill! Por contraste creen que fueron personajes reales, el Rey Arturo (sí, amigo lector, el de la "Tabla redonda"), Robin Hood y el detéctive Sherlock Holmes, personaje ficticio de las novelas de Arthur Conan Doyle.

El acuerdo entre Hitler y Stalin del 23 de agosto de 1939 hizo posible el ataque alemán a Polonia una semana después, el día primero de septiembre de 1939. Polonia encaró al invasor nazi con el denuedo que ha caracterizado siempre la historia de ese sufrido y valeroso pueblo.

Diecisiete días más tarde, en la misma mañana en que las divisiones "Panzer" completaban el cerco de Varsovia, el embajador polaco en Moscú recibía una brutal nota de Molotov: "El Estado Polaco ha dejado de existir, por lo tanto el Tratado de no Agresión entre nuestras dos naciones es nulo. El Ejército Rojo se ve obligado a intervenir en el antiguo territorio polaco para proteger a las minorías de ucranianos y rusos blancos residentes de esas áreas". Nótese la cínica ironía que presenta al estado soviético como presunto "protector" de rusos blancos.

Cuando el día 28 de septiembre de 1939 la abrumada Varsovia se viera forzada a capitular, Molotov y Ribbentrop se reunirían de nuevo en Moscú para la partición del botín. A pesar de no haber tenido que pelear para obtener el desmembramiento de Polonia, los imperialistas soviéticos obtuvieron más de la mitad del territorio conquistado (75,000 millas cuadradas para Stalin, 71,000 para Hitler). Con el objetivo de asegurar el futuro dominio de Polonia por sus lacayos, los soviéticos asesinaron en masa y sepultaron en fosas comunes a todos los oficiales del Ejército Polaco que cayeran en sus manos.

La complicidad soviética en el desate de una conflagración que le costara a la humanidad más de cincuenta millones de vidas fue su mayor, pero no su única villanía en relación a la guerra. Polonia, la misma nación que sufriera la agresión inicial combinada de Hitler y Stalin, sería nuevamente la víctima. En agosto 25 de 1944, con la balanza de la guerra ya sonriendo a los Aliados y sus avanzadas a las puertas de París, una revuelta popular mas el ataque sostenido de una división francesa libre, culminarían en la capitulación del General Von Choltitz, defensor de la plaza, a quien Hitler había ordenado su total destrucción. La intervención oportuna de los militares trastornaría los planes comunistas para asumir el poder político de facto en la capital francesa.

Varsovia no estaba destinada a la misma suerte que París. Su pueblo se había alzado en armas desde el primero de agosto de 1944 en respuesta a las exhortaciones de los ejércitos soviéticos que ya habían cruzado el río Vístula en varios lugares al noreste de la capital polaca. Los insurgentes de Varsovia eran patriotas verdaderos representando al legítimo exilio de Londres. Por su parte Stalin, quien no confiaba en poder controlarlos, tenía ya entrenada una pandilla de lacayos entre los que se destacaban prominentemente el Mariscal ruso-polaco Konstantin Rokossovsky y el veterano agitador comunista Estanislao Gomulka. En ambos lados del Atlántico, historiadores de los que siempre tratan de ignorar la evidencia objetiva cuando señala culpabilidad en los totalitarios de su predilección, mencionan a "Panzer Leader" (memorias del Mariscal Heinz Guderian), para restarle crédito a esa evidencia en el caso del sangriento y fracasado levantamiento de Varsovia en 1944, que se prolongara hasta el mes de octubre, costando más de 300,000 vidas y la destrucción total de la hermosa capital polaca.

El repliegue de los soviéticos ante Varsovia y la reanudación de su ofensiva una vez que los alemanes habían devastado la ciudad, obedecían según esa versión más al supuesto éxito temporal de una imaginaria contraofensiva nazi, que a la ejecución calculada y fría del plan de dominación de Polonia en la post-guerra. ¿A quién puede sorprender que Guderian estuviera de acuerdo con una interpretación de los hechos que sin duda engrandecía su propia fama como guerrero profesional?

Sin embargo, nunca han dado una respuesta lógica a la interrogante de por qué los soviéticos rechazaran de plano el tímido pedido de los occidentales para que dejaran aterrizar en sus bases algunos vuelos de aprovisionamiento sobre Varsovia. La historia ya ha dado su veredicto en este capítulo bochornoso, con la publicación en 2003 de RISING'44, obra monumental de más de 700 páginas, fotos, mapas y documentos por Norman Davies, uno de los más extraordinarios historiadores contemporáneos de habla inglesa, quien precisamente se ha especializado en la historia de Polonia.

En definitiva, ¿es o no prudente apreciar la realidad antes de avanzar un juicio?

 © Hugo J. Byrne

La Columna de Hugo J. Byrne


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