
Sobre la Demagogia
Toda artimaña usada con el propósito de distraer la atención
de la realidad puede caracterizarse como demagogia y por consiguiente es
difícil establecer límites claros a su definición. El
demagogo es aquel que utiliza el arte malévolo de sugerir una idea
a una audiencia o a un interlocutor, sin realmente comprometerse con ella.
La demagogia, tal como la obcenidad, quizás resista ser definida,
pero si prestamos suficiente atención sin duda la podemos reconocer
cuando la oímos, leemos o presenciamos. El demagogo es más
difícil de sujetar que un cerdo ensebado. Es casi imposible ponerlo
en evidencia. Siempre tiene excusas. ¿Ejemplo? “...debemos
ser capaces de tomar decisiones difíciles sobre la límpia energía
nuclear...” Esta frase del Presidente Obama en su discurso del “estado
de la Unión”, ¿quiere decir que se extenderán
licencias federales para construir nuevas plantas generadoras de energía
eléctrica mediante fisión nuclear más allá de
las dos ya en construcción y autorizadas durante el gobierno anterior?
No necesariamente. ¿Quiere decir eso que no se extenderán
nuevas licencias para construir nuevas plantas? Tampoco. Esa declaración
nada declara.
El demagogo es como un gato en el borde de un tejado disputando con sus zarpas
los favores de una gata y que en el combate es forzado fuera de la cornisa:
siempre impacta el suelo con las patas, no importa cual sea su posición
cuando lo empujen.
La gama de la demagogia es infinita. A veces varía con la capacidad
intelectual de la audiencia. Algunos personajes con especial talento para
la demagogia tienen un discurso diferente, por lo menos en estilo, para cada
grupo. En ocasiones esta discriminación es casi cómica: “¿Cuándo
se ha visto que los explosivos exploten?” Aunque luzca increíble,
el autor de esa interrogante joya oratoria fue Fidel Castro, hablando a un
grupo de estibadores en el muelle donde ocurriera la explosión del
carguero belga “La Coubre”.
Por supuesto, otros utilizan la demagogia a un nivel consistentemente ramplón,
como el dictador venezolano Hugo Chávez Frías, quien con frecuencia
cotidiana desbarra de lo humano y lo divino sin rubor. Un caso extremo de
demagogia a nivel orate fue el de Idi Amín Dada, el tirano de Uganda
del pasado siglo, quien sufría demencia sifilítica. Una vez
el antiguo campeón de peso completo del Ejército Británico
hablando ante un grupo de hombres de negocios europeos a quienes deseaba
impresionar, confesó su notorio canibalismo. Dijo Amín que
había tenido una novia que le gustaba tanto que terminó comiéndosela
(literalmente).
A un nivel algo menos horripilante pero igualmente grotesco está el
actual Presidente de Bolivia Evo Morales, quien a veces no se sabe en qué idioma
habla. A mi juicio es un alivio no entenderlo. Hace poco Morales afirmó que
las poblaciones indígenas “luchan hoy contra el Imperio Yankee” con
el mismo denuedo con el que antaño lo habían hecho contra los
Imperios “Británico y Romano”.
En Estados Unidos el caso de demagogia por antonomasia, en apariencias lo
representa el Fiscal General Eric Holder. De acuerdo al Presidente Obama,
fue Holder quien parió la peregrina idea de enjuiciar en New York
al responsable intelectual en el ataque de septiembre 11 de 2001 y él
(Obama) se limitó a “respetar su decisión”. Digo
en apariencias, porque Holder como cabeza del Departamento de Justicia forma
parte de la rama ejecutiva: de acuerdo a la descripción constitucional
de su empleo, Holder trabaja para Obama, lo que quedó 100% evidenciado,
caso de que alguien lo dude, cuando la semana pasada el presidente le ordenó buscar
otra localidad para el juicio.
El cambio de opinión de la Casa Blanca ocurrió sólo
después que los senadores Schummer (D-NY) y Feinstein (D-CA) le aconsejaran
respetar el criterio de una mayoría sólida en Estados Unidos
y del 80% de los residentes de la Gran Manzana. Y a propósito de demagogos
y de la Gran Manzana, otro que también cambió de opinión
al respecto fue el Alcalde Bloomberg, quien recientemente se gastó varios
centenares de dólares por cada votante de New York City en una reelección
a la Alcaldía que casi pierde.
Eric Holder es un redomado demagogo. Como asistente de Janet Reno en el Departamento
de Justicia de Clinton, Holder no dudó un segundo en aprobar el controversial
perdón de Marc Rich. Al hacerlo prevaricaba: Rich nunca fue condenado.
Huyó de Estados Unidos en 1983 precisamente para evitar ser procesado
por burlar impuestos y negociar con el enemigo. En consecuencia Rich no recibó perdón
alguno, sino una vergonzosa impunidad en pago de contribuciones jugosas a
las campañas de Clinton y a su Biblioteca Presidencial.
La Presidenta saliente de Chile, Michelle Bachelet, demostró hace
poco que antes de terminar su período presidencial es aún muy
capaz de asumir actitudes demagógicas. Bachelet anunció que
Chile no reconocerá al nuevo Presidente de Honduras, electo en un
proceso ostensiblemente civil, libre y pacífico.
Sin embargo, Bachelet tiene la impudicia de codearse con la repulsiva tiranía
castrista, producto de 51 años de crimen, represión y abuso.
Eso es pura demagogia. Esperemos que el recién electo Sebastián
Piñera tenga el suficiente respeto de sí mismo como para rectificar
esa infamia.
© Hugo J. Byrne
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