

Rescatando a Piratas en Otras Latitudes
(Traducción libre con algunas adiciones, de un artículo
en inglés publicado en la Red)
Dormir en los laureles de la dramática victoria alcanzada por la
Marina de Estados Unidos sobre piratas somalíes puede tener el negativo
efecto de cegarnos ante el latente asedio de otros muchos piratas, algunos
mucho más cercanos a nuestras fronteras y mil veces más peligrosos.
El secuestro de Richard Philips, Capitán al frente de un carguero
con tripulación norteamericana y navegando bajo la bandera de este
país por cuatro piratas somalíes en una balsa salva-vidas
(el primer incidente de esa clase en más de 200 años), es
un perfecto ejemplo de lo que espera a Estados Unidos en otras muchas partes
del mundo en un futuro previsible.
Aunque apuesto a que los piratas somalíes en particular no dejarán
de amenazar de nuevo vidas y propiedades, aún las norteamericanas,
en el futuro. Hasta esta oportunidad habían logrado su botín
de otros, con tranquilidad, sin bajas y sin temor. Aún así,
la realidad es que los enemigos de Norteamérica no perdieron de
vista el hecho de que esta acción victoriosa fue alcanzada solamente
contra cuatro piratas aislados, con la única ventaja de tener un
rehén norteamericano.
Como los piratas estaban demandando un rescate de sólo $2,000,000.00
por la vida de Philips, confieso que temía que su exigencia fuera
aceptada. Sin embargo, el Presidente Obama analizó correctamente
el peligro que entrañaba semejante concesión a los intereses
norteamericanos futuros, tanto como a sus propios intereses políticos
domésticos y autorizó el uso de fuerza letal. Sería
absurdo tratar de desacreditar el éxito de la decisión. Empero,
no olvidemos a los otros muchos piratas que diariamente amenazan a Estados
Unidos con total impunidad.
No son los somalíes los únicos foragidos esperando buenos
términos de Obama. El régimen pirata de Corea del Norte,
tal como se esperaba lanzó al espacio un misil, temprano en este
mes, supuestamente para poner en órbita un satélite de telecomunicaciones.
El cohete de Kim Jong Il no funcionó adecuadamente cayendo en el
Pacífico a más de 2,000 millas de distancia del lugar de
su lanzamiento después de haber pasado sobre el Archipiélago
de Japón. No llegó a la altitud necesaria para poner un satélite
en órbita. No obstante, los norcoreanos se acercaron un poquitín
más a su real objetivo de adquirir un sistema adecuado para utilizar
su arsenal atómico. En otras palabras, el mandón totalitario
de ese estado artificial tuvo éxito de nuevo en desafiar a la comunidad
mundial y al poderío norteamericano.
Una delegación del llamado “Concilio Negro” de la Cámara
de Representantes visitó La Habana la semana pasada. Ese grupo es
llamado “Negro” por su composición racial (y racista).
En términos objetivos políticos o filosóficos ese
grupo de congresistas podría bien llamarse Concilio “Rojo”.
En vez de representar los intereses de cada distrito legislativo, este
grupo hace eco de los enemigos de Estados Unidos. Esta actitud incluye
por supuesto, repetir las consignas castristas que propaga el régimen
de La Habana. El viaje no era oficial ni inspirado por la administración,
pero tampoco fue desautorizado o denunciado.
Para no dejar dudas en cuanto a la “lealtad” de estos congresistas
a Estados Unidos, consideremos una anécdota de su líder,
la Representante Barbara Lee de Oakland, CA. Siendo ayudante del entonces
Congresista Ron Dellums (del distrito que ella representa hoy), Lee fue
con él a la isla caribeña de Granada en 1983 para supuestamente
aquilatar el peligro para Estados Unidos de un Aeropuerto Internacional
con capacidad militar que estaba siendo construído allí por
los castristas. Dellums estaba también bajo sospechas de deslealtad
a Norteamérica a pesar de ser eventualmente nombrado Presidente
del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes
por una mayoría de demócratas “progresistas”.
Documentos capturados durante la invasión norteamericana a Granada
confirmaron que Dellumns y Lee entregaron antes de someter el original
a la Cámara, una copia del reporte que habían preparado a
Maurice Bishop, entonces Primer Ministro Marxista de la isla, con la sugerencia
de que lo revisara atenuando el peligro a Norteamérica. Cuando el
minucioso columnista Joseph Farah fuera el primero en reportarlo Lee lo
amenazó con una demanda civil. ¿A quién le puede sorprender
que ésta nunca se materializara?.
Las protestas de muchos periodistas conservadores (algunos cubanos) ante
la negativa de esa manada a visitar las prisiones políticas de Castro
o expresar preocupación por el predicamento de los presos políticos
cubanos eran ingénuas. A esos no les interesaba si el Dr. Biscet
era blanco, negro o verde. El propósito de este grupo era muy distinto.
Su misión era ayudar a la interesada propaganda de la tiranía.
Si alguna vez existió un estado cuyos objetivos están en
completa oposición a los intereses de los Estados Unidos, al pueblo
y a las instituciones de esta República, ese es el régimen
de los Castro. Aunque nos olvidemos por un instante que ese mismo régimen
demandara de los soviéticos la destrucción nuclear de Norteamérica
en octubre de 1962, su contínua protección a fugitivos de
la justicia norteamericana, junto a su a veces abierta connivencia en conspiraciones
terroristas contra este país debe ser razón suficiente para
una inmensa dosis de escepticismo al considerar cualquier cambio en relaciones.
El relajamiento de las sanciones impuestas por la administración
anterior que acaba de decretar el Presidente Obama relativas a viajes y
remesas, no mejorarán a ningún nivel apreciable la miseria
del pueblo de Cuba ni estimularán en lo más mínimo
la liberalización del puño de hierro conque el régimen
ha oprimido a los cubanos por más de 50 años. Se trata de
una medida de política doméstica destinada a complacer a
la base electoral demócrata (60% del electorado de ese partido)
que en realidad aspira a un estado tan paternalista como el de los Castro.
Complaciendo a sus aspirantes a esclavos, Obama les arroja el hueso que
un servidor de los lectores pronosticara desde esta columna. Pero en lo
que a política exterior se refiere, esto no ha de cambiar nada.
La reacción de La Habana será tan muda como la del régimen
de Irán y otros estados musulmanes fundamentalistas. Cómo
bien escribiera el injustamente escarnecido Maquiavelo “Es más
importante para un príncipe ser temido que ser amado”.
© Hugo J. Byrne
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