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Hugo Byrne

El Verdadero Peligro

“Del agua mansa líbreme Dios...”

El régimen orate de Corea del Norte anunció con su característica grandilocuencia y drama que está listo a lanzar al espacio un misil de gran alcance para poner en órbita un satélite en los primeros días del mes de abril. Los totalitarios coreanos advirtieron que cualquier interferencia por parte de Japón u “otra nación hostil”, sería interpretada como “un acto de guerra”. Las evidencias obtenidas por otros satélites de detección fotográfica y electrónica verifican la inminencia del lanzamiento anunciado por Pyongyang de un misil de tres secciones y probable alcance intercontinental.

La misma capacidad de impulso que se requiere para llegar al espacio situando un satélite en la órbita terrestre, es la necesaria para llevar una ojiva termonuclear desde su base de lanzamiento en el realengo de Kim Jong Il hasta los Estados Norteamericanos de Hawaii o Alaska. Y por supuesto, ese alcance cubre con gran facilidad al vecino Archipiélago de Japón. La reacción japonesa, país que posee la segunda economía mundial en volumen, pero constitucionalmente pacifista, fue poner en estado de alerta su limitada defensa contra proyectiles.

Hasta el momento de escribir este trabajo se han producido dos declaraciones sucesivas de dos voceros autorizados de la presente administración norteamericana en relación a ese anuncio. La primera fue de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, quien advirtió al régimen norcoreano que tal acción “tendría consecuencias”. Obviamente Clinton hacía referencia sólo a la probabilidad de interrumpir la ayuda limitada que Estados Unidos provee a Corea del Norte a través de organismos internacionales en virtud de la política de virtual apaciguamiento iniciada por la administración anterior y mantenida con entusiasmo por la presente. Más tarde el Secretario de Defensa Robert Gates brindó más detalles sobre el peligro y aunque no fue mucho más explícito que la señora Clinton, de sus declaraciones se deduce que Estados Unidos tiene muy pocas verdaderas opciones.

Uno de los contados políticos al uso con un intelecto brillante y antiguo Vocero de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, en un muy documentado artículo se refirió al peligro que entraña la teoría de que su relativa debilidad ante la posible letal riposta norteamericana prevendría que Kim Jong Il desatara un ataque nuclear contra Norteamérica. Esta teoría se asienta en que la inteligencia occidental indica que Corea del Norte en el peor caso sólo podría ser capaz de lanzar dos proyectiles balísticos con cabezas nucleares en un futuro más o menos cercano. Por otra parte, la probabilidad de un holocausto final es siempre un antídoto a la tentación de aventuras en los tiranos ególatras que disfrutan en vida su ilimitado poder político. Quien lo dude puede buscarse un espiritista que lo comunique con Sadam Hussein.

Gingrich establece con fría e irrebatible lógica cómo la utilización técnicamente adecuada de dos cabezas termonucleares puede destruir el 90% de la vida humana de esta nación en un término de 30 días. Además, el régimen de Norcorea tiene un record ininterrumpido de pasar toda la información y tecnología de armas de destrucción masiva que sea capaz de desarrollar a otras naciones con las peligrosas características políticas de Irán y Siria. Estas a su vez tienen un historial consistente de ayudar a grupos terroristas fanáticos, a los que siempre es posible exterminar, pero nunca neutralizar o apaciguar.

Sin embargo, en el criterio de un servidor de los ambles lectores estamos sufriendo un problema que hace crisis y que es potencialmente mucho más peligroso. Me refiero a la noción absurda de que toda la humanidad pueda desarrollar simpatía por Norteamérica si tan sólo somos capaces de complacerla. Aludo a lo que en el idioma inglés se conoce como el “mind set” que en mi humilde opinión es factor decisivo entre los varios que han generado los peligros presentes.

Se trata de la necesidad patológica de amor por parte de todo el mundo, necesidad que está en el mismo centro de la filosofía política que incorrectamente llaman aquí “liberal”. La aspiración a ser objeto de buena voluntad universal, incluyendo la de fanáticos irracionales, ha producido las mayores catástrofes de la humanidad en los tiempos contemporáneos. En esa categoría podemos contar a la Segunda Guerra Mundial, causada no sólo por el exagerado castigo alemán en Versalles, sino mucho más por el apaciguamiento británico hacia Hitler. Este pudo haber sido detenido y neutralizado cuando reocupó militarmente Renania, cuando absorbió Austria, cuando conquistó Checoeslovaquia (con la anuencia del idiota Chamberlain y del derrotista Daladier) y hasta cuando al atacar Polonia en 1939 dejara completamente desguarnecida la frontera occidental alemana. Porque la monstruosa realidad histórica es que aún después de iniciada la guerra y violada Polonia, tenían la recóndita, vana esperanza de apaciguar al energúmeno austriaco.

Nadie debe dudar la muy negativa influencia adversa a los intereses norteamericanos que produjo el advenimiento de la República Islámica de Irán. Y no debemos perder de vista que sin los manejos del santurrón Carter, socavando la estabilidad iranesa, no hubiera triunfado la fanática revolución islámica que llevara al nefasto poder totalitario de esa nación, no sólo a Khomeini, sino eventualmente a uno de los foragidos secuestradores de los diplomáticos norteamericanos en Teherán.

Es para mí evidente que muchos votantes se inclinaron a Obama en noviembre del 2008 sólo por percibirlo como un candidato agradable al resto del mundo. Pero eso tendría lógica solamente en el caso de que todos los poderes de ese extranjero, cuya anuencia buscamos con tanto fervor, también comulgaran con, o al menos respetaran, nuestras libertades e instituciones y nuestra integridad nacional. Los amigos no se compran con dinero ni los enemigos fanáticos se convierten con zalamerías. Amigo lector, es hora de volver a leer a Maquiavelo.

En el cruel mundo real, actos como la clausura de la prisión en Guantánamo, el nuevo vocabulario “políticamente correcto” para aplicarse a las actividades de defensa nacional y el mensaje del presidente por una emisora islámica, no al pueblo de Irán, sino a sus amos, no ha de ganarnos un adarme de aprecio. Pero muy probablemente nos reste toneladas de respeto.

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D
irección Electrónica:



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© Hugo J. Byrne

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