
Mi Opinión
Venciendo mi repugnancia a comentar sobre la presente
campaña electoral
norteamericana y con el objeto de complacer a varios lectores cercanos que
solicitan mi parecer sobre los candidatos presidenciales de Estados Unidos
en el 2008, aquí van algunas ideas muy generales. Por su naturaleza
este juicio no debe interpretarse como de respaldo a ninguna candidatura
específica, sino más bien tiene el objeto de establecer un
criterio (por fuerza subjetivo) de cómo tomar partido.
En el pasado no he sido renuente a dar mi opinión. En las elecciones
del 2004 fui duro crítico del candidato presidencial demócrata
John Kerry. Ya que todo lo que proclamo en esta columna es sólo
la verdad monda y lironda, no me arrepiento en un adarme de lo que en esa
oportunidad escribí sobre su persona, acción que me acarreara
no pocas críticas y algunas amenazas anónimas que nunca me
quitaron un segundo de sueño. Sin embargo, los cubanos libres
(los del "Exilio Histórico", si se les quiere llamar así),
no han tenido muchas razones de regocijo durante la presidencia de Bush y
en especial durante su segundo período.
Algunas cosas deben afirmarse rotundamente y con absoluta honestidad antes
de establecer cualquier juicio de esa naturaleza. Soy ciudadano de
los Estados Unidos desde hace muchos años y uso discreción
para ejercer mi derecho al voto. Tal como prometiera a los lectores, me abstuve
de votar en las elecciones parlamentarias del 2006 como protesta a la mal
disimulada persecución de patriotas cubanos por parte del Departamento
de Justicia de Bush en base a supuestas violaciones de leyes migratorias. Las
mismas violaciones que diariamente son cínicamente toleradas en millones
de otros extranjeros que hacen continuo alarde de ellas.
También me abstuve como medio de expresar mi condena al uso arbitrario
de disposiciones del Departamento de Homeland Security negando acceso al
territorio norteamericano a veteranos del Escambray contra el castrismo en
los años sesenta y el absurdo mantenimiento por Bush del notorio decreto
de Clinton de "pies secos o mojados" para arbitrariamente decidir
admisión o rechazo de cubanos llegando al territorio de este país
en embarcaciones improvisadas.
La disposición migratoria fue concebida con fines políticos
y en perjuicio de quienes buscaban libertad en las costas de Norteamérica,
desafiando a la tiranía castrista y al mar. Ese decreto (que
no es ley), contradice el "Acta de Ajuste Cubano" (que sí lo
es) y es mantenido por administraciones de signo político supuestamente
antagónico, como alegoría perfecta a la continua protección
bipartita que ha disfrutado el castrismo en Washington desde 1962, a pesar
de todas las cortinas de humo que se han lanzado para demostrar lo contrario.
Sin embargo, considero las elecciones presidenciales de este año como
harina de otro costal. ¿Son previsibles las consecuencias de
sus resultados? Por supuesto. Mientras escribo este trabajo se
perfilan dos posibles candidatos por el Partido Demócrata y, aunque
todavía quedan vestigios de lucha por la nominación republicana,
aparentemente ya sabemos la identidad del candidato del GOP. De resultar
electo cualquiera de los dos candidatos demócratas (al momento de
escribir esto no es posible determinar cuál de los dos será),
tenemos la garantía de obtener los resultados que describo a continuación.
Aumento simultáneo de impuestos y gastos. La tendencia a aumentar
impuestos para crear nuevos programas o extender los existentes se reforzó con
la victoria parlamentaria demócrata del año 2006. En
honor a la verdad ya existía esa tendencia durante los últimos
7 años de la presidencia de Bush y las mayorías republicanas
en ambas cámaras encontraron mil excusas para malgastar el dinero
de los contribuyentes. Empeñaron el país como si no existiera
el futuro. No obstante, la noción demócrata de que pueden
aumentarse los impuestos a los ricos y a las corporaciones sin que ello afecte
negativamente la economía del resto de la sociedad es una estafa para
consumo de ignorantes. Pérdida de ganancias en el comercio de
una sociedad libre siempre redunda en mayor desempleo, encarecimiento del
costo de la vida y desbarajuste económico generalizado. Hacerlo
cuando hay indicios recesión es invitar catástrofe. Quizás
los nuevos votantes no recuerden una inflación de más del diez
por ciento, un desempleo de nueve, una tasa de intereses de dos dígitos
y la creación del índice de la miseria. Yo lo recuerdo
bien. Ocurrió en la segunda mitad de la década del 70,
cuando los votantes confiaron en un demagogo santurrón quien prometía "cambio",
llamado Jimmy Carter.
Retirada y derrota de Estados Unidos en Irak. Se ha argumentado que
una retirada de las tropas de la Coalición en Irak (el 90% de las
cuales son norteamericanas), no perjudicaría a Estados Unidos. Esa
noción está divorciada de la realidad. El presente conflicto
no tiene base de comparación con Vietnam, cuando la evacuación
norteamericana no provocara problemas serios para este país en otras
partes del mundo. Retirada y derrota son nociones equivalentes en el
caso de Irak, no importa si se hace de golpe (Obama), o mediante un proceso
paulatino (Clinton). Es imposible evitar que Irán, cuyo presente gobierno
aboga abiertamente por la destrucción de Estados Unidos e Israel,
ocupe el vacío producido por la huída norteamericana. Irán
se cuenta entre los mayores productores de crudo en el mundo y es aliado
abierto de grupos terroristas y de regímenes como el de Chávez,
también notorio enemigo de Estados Unidos y de quien se importa casi
el 18% del petróleo que esta nación compra en el exterior. La
guerra del Islam terrorista contra Estados Unidos, parcialmente sofocada
al presente, se fortalecería en un 1000% con la evacuación
norteamericana de Irak. La idea de Obama de incursionar Pakistán
(populoso país islámico, limítrofe de Irak y potencia
nuclear cuyo presente gobierno no antagoniza a Estados Unidos) con el propósito
de matar o capturar a Usama Bin Laden, es al mismo tiempo infantil e irresponsable.
Retroceso dramático para los intereses de Estados Unidos. La
idea de que es siempre posible un entendimiento con los enemigos fanáticos
de este país, argumento regular en la campaña de los candidatos
Obama y el republicano Ron Paul, de ponerse en práctica, resultaría
en fracaso monumental y descrédito universal para Estados Unidos. Sería
una repetición fatal de la actitud que simbolizara en su día
el repugnante beso de Jimmy Carter a Leonid Brezniev. Sabemos cuál
fue la respuesta totalitaria a esa ridícula rama de olivo y sabemos
demasiado bien que estos "adalides del cambio" aparentan desconocer
la naturaleza de esa caterva de criminales. Si Obama o Clinton llegan a la
Casa Blanca nadie ponga en duda que tratarán de "resolver diferencias" con
los enemigos jurados de Estados Unidos. Eso incluye por supuesto a
Kim Jong Il, Chávez, Ahminejad, Ortega, Assad y Castro (Raúl
o Fidel).
La aparente alternativa republicana tampoco me entusiasma. El candidato
con la mayor probabilidad de nominación en este momento no sólo
ha confesado que no es gran experto en asuntos económicos (lo que
se hizo obvio durante el debate que precediera al tímido corte de
impuestos de Bush), sino que utilizó la misma estafa populista de
la izquierda para endulzar oídos ignorantes con lucha de clases y
promesas que no pueden cumplirse. No me gusta su historia política
y aún menos la de sus amigos.
Sin embargo, en el plano personal siento gran respeto por este antiguo piloto
naval que rehusó la libertad ofrecida por sus captores comunistas
en Vietnam al darse cuenta de que lo utilizarían como "poster
boy" para su infame propaganda. John McCain es un hombre a quien
la tortura que parcialmente entorpeciera sus movimientos para el resto de
su vida no logró doblegar (le cortaron ligamentos en brazos y piernas,
le fracturaron costillas y el mismo brazo dos veces). Había
entre los torturadores en Vietnam uno enviado por La Habana para participar
en semejante odiosa actividad. Su nombre es Fernando Vecino Alegret,
protegido de Raúl Castro, antiguo Ministro de Educación Superior
del castrismo y excreta infrahumana como todos ellos. McCain supo de
su existencia pero afirma que no lo torturó a él.
Si la opción es entre McCain y cualquiera de los dos probables candidatos
demócratas, no me quedará otra alternativa que apretarme
la nariz con toda mi fuerza y votar por él.
© Hugo J. Byrne
La Columna de Hugo J. Byrne
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