
Max Baucus Viola la Ley que Juró Defender
“No es cierto que la función de la ley sea regular nuestras
conciencias, nuestras ideas, nuestras voluntades, nuestra educación,
nuestras opiniones, nuestro trabajo, nuestro oficio, nuestro talento o nuestro
placer”.
de “La Ley” por Frederick Bastiat (1801-1849)
Una tendencia de algunos asiduos lectores de esta columna, tanto cubanos
libres como miembros de comunidades latinoamericanas que comparten nuestras
aspiraciones y esperanzas, es actuar como si los problemas y peligros enfrentados
por Iberoamérica no amenazaran también a los Estados Unidos.
Incluso algunos sofisticados publicistas de habla hispana se conducen como
si los monstruos totalitarios que explotan impunemente a muchas comunidades
hispanoamericanas de hoy representaran una modalidad política sólo
existente al sur del Río Grande. Las evidencias contemporáneas
no sugieren semejante teoría, si es que alguna vez lo hicieran.
Habiendo resultado un permanente éxito su búsqueda de libertad
y dignidad individuales desde su independecia del Imperio Colonial Británico,
Estados Unidos demostró durante dos siglos y medio que el secreto
a la convivencia social pasaba inmutablemente por un camino de libertad constitucional,
tanto en el ámbito económico como en el político. También
demostró que ambas libertades se entrelazaban y complementaban casi
perfectamente, generando lo que parecía como un sólido escudo
protector del género humano y de su futuro.
América del Norte aún se nos antoja un baluate sublime e inconquistable,
gracias al poderío que garantizan sus instituciones: al mismo tiempo
que refugio de la ley y la autonomía individual, un posible trampolín
para avanzar esos ideales libertarios más allá de sus fronteras.
Eso nos permitiría teóricamente utilizar todo nuestro tiempo
en combatir editorialmente a tiranos como Castro y Chávez, o a sus
satélites como Morales, Ortega y Correa. La perspectiva parecería
lógica, a primera vista.
Sin embargo, se trata en realidad de una actitud tan imprudente como peligrosa.
En Estados Unidos hoy por hoy, nada existe seguro ni garantizado. Muy especialmente
la libertad, el respeto antaño casi religioso por los derechos y el
rechazo visceral al menor indicio de prepotencia o abuso de poder. La Norteamérica
del 2009 no sólo ha dejado de ser la inspiración de nuestros
próceres como Agramonte o Juárez, sino que ha devenido parcialmente,
en la antítesis del ideal que un día diseñaran visionarios
como Payne y concretaran revolucionarios como Jefferson.
¿Desean los lectores un ejemplo? Consideremos al Senador demócrata
por el Estado de Montana, Max Sieben Baucus, Presidente del Comité Finaciero
del Senado de los Estados Unidos. Baucus tiene reputación de “moderado”,
supuestamente basada en su posición favorable a la segunda enmienda
de la constitución. Eso no debe tomarse a la ligera en una época
en que la demanda de armas y municiones por la ciudadanía obediente
de la ley y aterrada por la dirección en Washington, alcanza niveles
legendarios. El respeto relativo de Baucus a derechos fundamentales descritos
en la constitución, lo hace infinitamente preferible a otros legisladores
como el Senador Charles Schumer de New York, quien ama las restricciones
a esos derechos, e hizo carrera política promoviéndolas.
Sin embargo, a pesar de su respeto por la segunda enmienda, Baucus parece
no tener mucho uso por el espíritu de la primera. Ya entrado el mes
de septiembre, la compañía de seguros de salud “HUMANA” envió una
carta de una sola cuartilla a sus clientes asegurados en el plan que llama “Medicare
Advantage”. La comunicación describía esquemáticamente
como ciertas implicaciones del proyecto de reforma del sistema de salud que
propone Baucus podría eliminar muchos de los más importantes
servicios y beneficios a millones de ancianos y desabilitados afiliados al “Medicare
Advantage”.
HUMANA no ha participado en “tea parties” o “reuniones
de ayuntamientos” ni se ha hecho notar por su oposición a la “reforma
de salud”. Por el contrario, esa compañía ha seguido
durante meses la orientación dirigida por Washington y abrazado el “Obamacare”,
a excepción de aquellas cláusulas que perjudican a los asegurados
en “Medicare Advantage”, o de la llamada “Opción
pública”.
Eso no redujo la furia santa que la susodicha carta provocara en el Senador
por Montana. Baucus aseguró que la agencia federal a cargo de los
servicios de salud de Washington como Medicare y Medicaid, enviaran a HUMANA
un mensaje conminatorio ordenándole cesar ese tipo de comunicación
con sus propios asegurados, por “confuso y equívoco”.
El mensaje informó además que se había ordenado una
investigación para determinar si HUMANA, (por ejercitar derechos constitucionales,
digo yo), había “violado leyes que determinan cómo los
aseguradores pueden comunicarse con sus clientes en relación al plan
Advantage”. Cuando Baucus juró cumplir, defender y proteger
la constitución de los Estados Unidos, ella incluía una primera
enmienda, que entre otras nueve fue impuesta por sus originales signatarios
como condición para su firma. Dice esa enmienda: “El Congreso
no puede hacer leyes... prohibiendo el derecho a hablar libremente...”
Necesito ayuda. ¿Cuál es la diferencia entre este “servidor
público” norteamericano y los esbirros de Chávez? ¿Puede
avanzar alguna el amable lector?
© Hugo J. Byrne
La Columna de Hugo J. Byrne
Fiesta
Latina - Contribuciones de los hispanos a EE.UU.
Café Impresso (otras columnas)
Para
recibir el boletín de Contacto
con nuevos artículos...
©
Contacto Magazine
Todos los Derechos Reservados. Prohibida la reproducción total o parcial
de los contenidos periodísticos de Contacto Magazine en medios impresos,
radio y televisión, libros, sitios web de Internet, CDs, DVDs y otros
medios de comunicación masiva. Los interesados en recibir una licencia
de reproducción del contenido de Contacto Magazine, pueden enviar
una solicitud al editor.
América-Mundo,
Arte y Cultura, Espectáculos,
Ciencia y Salud, Latinos
en EE.UU., México, Cuba,
Tecnología, Un
Poco de Humor, Comida
Latina, Portada,
Directorio Comercial
Clasificado

