

Locura Guantanamera
¿Cuál sería la peor entre las dos más perjudiciales
decisiones del Presidente-Mesías Barak Hussein Obama durante su primera
semana en el poder? (creo que ya es permitido usar su segundo nombre). ¿Insistir
en la confirmación senatorial como Secretario del Tesoro de un individuo
que trató de defraudar al gobierno en el pago de impuestos por más
de $30,000.00 en ingresos? Esta es una poderosa “runner-up” aunque
en mi humilde opinión, nó la peor.
El nuevo Secretario del Tesoro admite y deplora su “error”. Olvidar
involuntariamente más de $30,000.00 de ingresos en la declaración
anual de impuestos es más que difícil, increíble. A
menos que el individuo sea un limitado mental, que no lo es, ¿cómo
pudo ignorar honestamente esa deuda fiscal? La fábula del “error
honesto” nadie se la cree, incluyendo a Obama, quien sabe hacerse el
tonto cuando le conviene, mientras lo que hace realmente es tomar por tontos
con indiscutible lógica a quienes votaron por él. ¿Era
este el “cambio” que Obama prometía? Paulson, quien es
un incapacitado o un colectivista en la sombra, ha sido substituído
por Geithner, quien de acuerdo a la realidad objetiva es un bandido frustrado.
Eso es quizás un cambio, pero increíble.
No tengo la menor simpatía por el IRS. Muchos contribuyentes durante
la historia abominable de esa institución de saqueo legal se han visto
en dificultades para pagar lo que los impersonales burócratas de ese
organismo determinan que le deben al Tío Samuel. El IRS no es más
que una muy eficiente maquinaria de confiscar el patrimonio ajeno y siempre
va ciegamente donde está el dinero con la eficacia de un sabueso bien
entrenado. Desde los tiempos de su promulgación como ley en 1913,
durante el gobierno demócrata de Woodrow Wilson, el Congreso nunca
ha intentado establecer parámetros éticos en el eternamente
cambiante código del IRS.
Por lo menos centenares de miles de personas honradas a través de
la historia norteamericana han visto desaparecer el fruto de sus esfuerzos
laborales, víctimas de ese insaciable monstruo. El IRS ha arruinado
no sólo capitales, sino la vida de muchas personas decentes. Hasta
que surgieron los “bailouts” a fines del gobierno anterior, el
IRS era la única institución norteamericana con carácter
abiertamente totalitario. En teoría y de acuerdo a disposiciones muy
recientes, los “tax-payers” pueden demandar individualmente al
IRS en cortes civiles. Si el amable lector se viera algún día
tentado a tomar ese camino debe recordar primero que los jueces también
pagan impuestos y, en consecuencia, también temen al IRS.
Nunca imaginé sin embargo, que el Senado de los Estados Unidos entregaría
la dependencia federal que controla al IRS en las manos de un individuo que
confiesa haber cometido el mismo “error” que el gobierno federal
usara como razón legal para encerrar al Enemigo Público #1.
Obviamente no le extendieron a Capone la oportunidad de ponerse al día
en sus obligaciojnes federales. Pero realmente, ¿qué puede
esperarse de un Senado en el que algunos miembros como Charles Shummer, desafían
abiertamente la Constitución y nuestros derechos más fundamentales?
Es bien triste, pero los votantes norteamericanos continúan eligiendo
democráticamente a quienes están preparando los funerales de
la República con una diligencia digna de mejor causa.
El flamante Secretario del Tesoro finalmente ha pagado su deuda federal,
pero sólo cuando las investigaciones relacionadas a su nominación
descubrieran la triquiñuela. No sé cuan cerca estaba su situación
de llegar al llamado “estatuto de limitaciones”, una fecha límite
después de la cual no se le podría acusar de delito alguno. ¿Diez
años quizás? No obstante, puede presumirse sensatamente que
de no haber sido nominado por Obama, el “error” del nuevo Secretario
del Tesoro nunca habría sido descubierto.
Poniendo todo en perspectiva, la irresponsable confirmación de un
zorro como supervisor del gallinero sólo puede causarnos pérdidas
en el bolsillo. Pérdidas incluso catastróficas, pero nó desgracias
personales. No puede decirse lo mismo de las sombrías implicaciones
en la absurda decisión de clausurar el centro de detención
de terroristas en la Base Naval de Guantánamo. 245 fanáticos
criminales, que no son ciudadanos norteamericanos ni pertenecen a ejército
alguno son al presente retenidos en esa facilidad penal que el Iluminado
Presidente Obama ha decretado cerrar en el corto término de un año.
Durante ese año aparentemente el Iluminado y su extensa corte dedicarán
esfuerzos para determinar qué hacer, o adonde enviar malhechores que
nadie quiere en su vecindad, ni siquiera sus países de origen. Esto
es un cambio en el que nadie en su sano juicio puede creer. ¿No habría
sido más cuerdo encontrar destino a esta gentuza antes de decretar
la clausura de su presente confinamiento en Guantánamo? Cuando se
ponen intereses políticos partidistas, por más justificados
que ellos sean, por encima de garantizar la seguridad nacional se actúa
irracionalmente.
Una buena parte de aquellos antiguos residentes del centro de detención
que fueran puestos en libertad dando crédito a altruístas teorías
similares a las de los “superliberales” contribuyentes multimillonarios
de la campaña presidencial que Obama desea recompensar, han vuelto
a las andadas y hoy forman filas de nuevo en los organismos terroristas,
complotando con dedicación cómo destripar inocentes. Es posible
que a estas alturas ya lo hayan realizado.
El mismo decreto que elimina la prisión militar de Guantánamo,
favorece a los terroristas capturados con la extensión de garantías
establecidas por los estatutos de Ginebra a prisioneros de guerra. Nada de “water
boarding” u otros procedimientos agresivos para la obtención
de inteligencia, sin parar mientes en que estos criminales ni visten uniforme
ni representan nada ni nadie excepto el mal.
Para muchos los terroristas no son los verdaderos criminales, sino aquellos
que arriesgan su vida a diario para mantenernos seguros. En estos momentos
existe en embrión una comisión congresional dedicada a investigar
los “excesos” de soldados y miembros de los organismos de inteligencia
en su trato a terroristas capturados. ¿Se imaginan los lectores
cuán seguros se sentirán ahora quienes tienen la obligación
de obtener inteligencia vital a nuestra supervivencia nacional?
© Hugo J. Byrne
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