
La Obsesión Irracional de la Izquierda
La reunión en Copenhague sobre “calentamiento global”,
en la que se acaba de cocer un acuerdo “para sanear el medio ambiente”,
está preñada de adefesios morales. ¡Qué gran sorpresa
que ese acuerdo implique la necesidad de ser financiado por los contribuyentes
de las naciones con libertad mercantil, exceptuando por supuesto a Brasil,
China e India. Por su afectado y grotesco histrionismo, esos adefesios rituales
semejan contrapartida al también artificialmente breve y mesurado
discurso del Presidente Obama en esa reunión. Puro espejismo de utilería,
tanto por parte de los vociferantes que denuncian al sistema financiero capitalista
que precariamente sobrevive en las aún más desarrolladas y
afluyentes áreas del mundo, como por los que estúpidamente
desde ellas entonan absurdos “mea culpas”.
Se dice que quien calla, otorga. A lo que agrego que quien habla en voz baja
pierde el debate con gritones. A un gritón se le hace callar rápido
cuando no se le pueda ignorar. Y no puede ignorarse a quien provee casi el
18% del crudo que consumimos. Se me antoja que en todo esto hay gato encerrado.
Un enorme gato, tan gordo, pulgoso y ronrroneador que no podrá permanecer
cautivo indefinidamente.
¿Cómo es posible que Chávez y su aún más
ignorante tarugo boliviano, hablen en términos tan crudos, injuriosos
y mendaces ante un panel científico? Eso se preguntan escandalizados
los muchos ingenuos del mundo semi-capitalista. Más bien debían
preguntarse qué hacían estos dos representativos del obscurantismo
más primitivo en medio de una supuesta reunión de intelectuales.
En ese caso se asombrarían justificadamente de la respuesta.
Para empezar, el panel en cuestión no es tan “científico” como
nos lo han querido vender y no es necesario escarbar mucho para comprobar
que se trata de un panel eminentemente “político”: la
culpabilidad del progreso humano en el supuesto calentamiento global, nuevo
estandarte del izquierdismo en bancarrota, no es razonable y muchísimo
menos científicamente comprobada. Hace millones de años, cuando
la aparición del género humano sobre la tierra pertenecía
a un lejanísimo futuro, los océanos eran 20 grados F más
cálidos de lo que son ahora y los polos carecían por completo
de capas de hielo.
La noción de que el bióxido de carbono (CO2) es el gran flagelo
de la Humanidad y que la Revolución Industrial sea culpable de haber
desatado ese flagelo (“efecto de invernadero”), es la nueva gran
obsesión irracional de la antigua izquierda roja devenida en “verde” por
necesidad de mimetizar sus verdaderos objetivos políticos. En realidad
el bióxido de carbono es parte integral de la atmósfera. El
mito de su inmensa toxicidad es hoy ridiculizado por quienes fueron sus originales
proponentes, como el Dr. Nir Shariv, eminente Astrofísico y Profesor
Asociado de La Universidad Hebrea: “Hemos concluído que los
llamados gases de invernadero son esencialmente irrelevantes a los cambios
climatológicos.”
Los osos polares, supuestamente en peligro de extinguirse por “efecto
del deshielo”, han triplicado su población en tiempos recientes,
aunque “científicos notables” como el ex Vicepresidente,
Premio Nóbel y productor de propaganda premiada, Al Gore, traten de
ignorarlo. Restos casi intactos de mamíferos vegetarianos de la prehistoria
surgen de glaciares en áreas cercanas a los polos. Los termómetros
han indicado una franca tendencia a temperaturas más bajas durante
los últimos años y como si todo eso fuera poco, se han descubierto
correos electrónicos entre notorios proponentes del calentamiento
planetario, comprobando su maliciosa alteración de la evidencia científica.
Estos falsos herederos de los alquimistas del Medioevo, vaticinadores de
un Apocalipsis ambiental a la Nostradamus, no se arredran por que las evidencias
científicas nieguen sus teorías. Para ellos no se trata de
teorías, sino de verdades religiosas y absolutas que ya no necesitan
más debate. Su intención no es salvar a la Humanidad, sino
alcanzar dominio político. Durante el siglo pasado muchos de estos
agoreros de un calentamiento infernal vaticinaban una nueva “Edad del
Hielo”. El fin justifica los medios. Eso es lo que en verdad representa
Copenhague.
Algunos comentaristas han batido palmas por que los líderes de Occidente
con Obama a la cabeza, lograran un acuerdo menos oneroso para Estados Unidos
y otras naciones industriales en Copenhague. Esos “pundits” apuntan
a que el acuerdo se hizo mediante el previo aislamiento de los más
estridentes participantes como Chávez y Morales. La pregunta que realmente
debían hacerse es ¿por qué razón Estados Unidos
debe golpearse el pecho y el bolsillo cuando es inocente de todo, menos de
avanzar el progreso humano más que ninguna otra sociedad en la historia?
La respuesta es que no hay gran diferencia filosófica entre nuestros
líderes y los renegados “verdi-rojos”, o sus menos vocingleros
camaradas, como el diminuto brasilero Lula, quien firmara el acuerdo final
de Copenhague junto a Obama. ¿No fue este líder carioca quien
insultara nuestra inteligencia con el absurdo racista de que la crisis económica
mundial era culpa de “anglos con ojos azules”? Todos, estos y
aquellos, son ingenieros sociales de distintas categorías y colores
y la única real diferencia entre ellos estriba en los decibeles con
que gritan su radical y obtuso discurso político.
¿Desea un ejemplo el amigo lector? Observe a los llamados “zares”,
quienes detentan poder político real, tienen su propio staff, se tragan
una tajada substanciosa de los gastos billonarios que arruinan a los norteamericanos
de hoy y de mañana y rivalizan en poder con Secretarios como Clinton
y Bates, quienes tienen que ser confirmados por el Senado (aunque la confirmación
senatorial hoy en día no sea cosa de alardear).
Uno entre los más de cuarenta “zares” de Obama se llama
Mark Lloyd. Su título oficial es “Associate General Counsel
and Chief Diversity Officer”. Lloyd, al igual que la inmensa mayoría
de sus colegas “zares”, no ha sido electo ni confirmado por nadie.
Debe su designación sólo al dedo índice del ejecutivo.
No conozco el monto de su salario, pero el sueldo promedio de los “zares” es
de aproximadamente $150,000 anuales.
Este señor que es abogado y antiguo profesor universitario, escribió un
libro en el 2006 llamado “Prólogo a una farsa: Democracia y
Comunicaciones en América”. En el mismo caracteriza la famosa
frase de Thomas Jefferson de que “el mejor gobierno es aquel que gobierna
menos”, como “una patraña en desuso” .
Proponente abierto de la expansión de los poderes ejecutivos, Lloyd
no esconde sus inclinaciones totalitarias y su profundo desprecio por las
libertades constitucionales y por quienes las forjaran. Apologista de Chávez,
Lloyd lo llama el caudillo de “una revolución democrática”,
celebrando sus confiscaciones arbitrarias de propiedad privada y en especial
de los medios de comunicación.
¿Por qué se le otorga poder político a esta “perla”?
Buena pregunta para el Presidente.
© Hugo J. Byrne
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