

Páginas de Historia Republicana de Cuba
Deseo corregir un error en mi última columna y también ampliar
el conocimiento público sobre la política de Cuba en la época
republicana. El extenso desconocimiento sobre nuestra historia se multiplica
y extiende especialmente entre lectores de habla española de otras nacionalidades,
los que se ven abrumados por la contínua desinformación que les
llega del régimen de los Castro a través de sus múltiples
gacetilleros. Muchos lectores del destierro cubano no encontrarán en estas
líneas nada nuevo y a ellos les pido disculpas por evocar caminos ya transitados
con frecuencia en el pasado reciente.
Un buen amigo de esta columna nativo del Ecuador, se sorprendió al conocer de las alianzas políticas entre los comunistas cubanos y Batista, las que florecieron en especial (aunque no exclusivamente) durante la campaña y presidencia constitucional del sargento-taquígrafo de 1940 a 1944. Para beneficio de lectores como él es que construyo este trabajo.
Primero las correcciones. En la columna de la semana pasada afirmé erróneamente que Blas Roca (Francisco Calderío), único ponente además de Fidel Castro en la llamada "Constitución" castrista de 1976, la que diligentemente copiara de la soviética empezando en 1966, había sido uno de los dos ministros sin cartera del gobierno de Batista representando al Partido Comunista de Cuba (entonces llamado "Partido Socialista Popular").
Obviamente lo confundí con el Dr. Carlos Rafael Rodríguez (Director del Instituto Nacional de la Reforma Agraria y Vicepresidente con Castro), quien junto a su camarada el Profesor de la Cátedra de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana, Juan Marinello Vidaurreta, ocupara esa posición en el Gabinete de Batista (1940-1944). Roca, Marinello y Rodríguez se reunirán para siempre y en breve tiempo con su último mentor, "Fifo", a quien esperan juntos en un lugar algo calientito. Valga la corrección por un error de memoria del que me disculpo con los amigos lectores.
Aparte de los cargos administrativos que desempeñara el Dr. Carlos Rafael Rodríguez para el régimen castrista, sólo dos otras circunstancias establecen su reclamo a la fama. Subió a la Sierra Maestra a reunirse con Castro a finales de 1958 por órdenes de su partido. Intelectual y nó hombre de acción, no fue a la montaña como combatiente, sino como "observador". El pacto entre el PSP y Castro no se concretaría hasta muchos meses más tarde y los comunistas, al menos oficialmente, aún denunciaban la lucha armada contra Batista.
La otra característica de Carlos Rafael es desconcertante. Tiene la exclusiva, sumamente rara en un cubano, de haber hecho pública la infidelidad de su esposa. "Utiles después de muertos", reseña la serie de acontecimientos que condujeran al juicio público, convicción y fusilamiento del antiguo militante comunista Marcos Rodríguez, supuesto delator de un grupo de miembros del Directorio Revolucionario, abatidos en un apartamento de la Calle Humbolt de La Habana en 1957. La obra, escrita en forma novelada por el desaparecido escritor y ex miembro del Partido Comunista Guatemalteco Carlos Manuel Pellecer, describe cómo Rodríguez demandó una reunión del Comité Central del Partido para protestar "sus cuernos", denunciando a su esposa, la Dra. Edith García Buchaca y a su amante, el "hombre de acción" del PSP, Joaquín Ordoqui.
Miembros prominentes del comunismo criollo, Ordoqui y García Buchaca eventualmente tuvieron un hijo, se casaron y visitaron la Unión Soviética y "el Bloque Socialista". Ordoqui murió durante el arresto domiciliario a que fuera sentenciado como cómplice, en el juicio contra Marcos Rodríguez en 1964, la primera de varias purgas a que Castro sometiera a los viejos comunistas cubanos después de servirse extensamente de ellos. Más tarde Pellecer fue Cónsul de Guatemala en Houston, donde lo conocí brevemente. En su obra Pellecer sugiere que en el proceso contra Marcos Rodríguez, Castro utilizó con gran éxito el viejo resentimiento de marido burlado de Carlos Rafael hacia Ordoqui.
Una relación no extensamente conocida, es la íntima amistad entre el gallego Angel Castro (padre de Fifo y Raúl) y Fulgencio Batista, que se forjara cuando ambos estaban muy lejos de ser conocidos del pueblo cubano, dedicándose a labores rurales afines y residiendo en dos comarcas vecinas de la Provincia de Oriente; Banes y Birán.
Sin embargo, después que el antiguo empleado ferroviario
se convirtiera en Jefe del Ejército gracias al cuartelazo de septiembre
del 33, el viejo Castro hizo lo posible por solidificar esa amistad. De entonces
es una vieja foto de su hijo Raúl Castro Ruz, en brazos del ya Coronel
Batista (autopromoción) y en compañía del Presidente
Federico Laredo Bru.

Laredo Bru, veterano de la Independencia, de la que surgiera con el rango de Coronel del Ejército Libertador y electo Vicepresidente de Cuba en 1936, había asumido la presidencia cuando el Congreso presionado por Batista destituyera al Presidente Miguel Mariano Gómez, quien había desafiado valerosamente las órdenes cuartelarias. Gómez, hijo del pasado Presidente y héroe de la independencia, General José Miguel Gómez, obedeció con estoicismo la Constitución, aceptando retiro forzado y marchando a pié desde el Palacio Presidencial hasta su casa, entre los vítores de sus compatriotas.
Esa vieja foto de Batista cargando a Raúl Castro de
niño es una alegoría adecuada a dos generaciones de dictadores:
la primera paternalista, con vetas fascistoides y la segunda abiertamente
totalitaria, pero ambas populistas, autoritarias y corruptas. Esa última,
que aún perdura, es responsable directa por decenas de miles de muertos,
entre cubanos y extranjeros en dos continentes. El pacto de los comunistas
con Batista hizo posible la dominación por estos de los organismos
sindicales, convirtiéndolos en dóciles peones de Moscú.
En 1944, al asumir Grau la presidencia y después de una breve luna
de miel, las relaciones del gobierno con el Partido Socialista Popular eventualmente
se congelarían, muy especialmente cuando el entonces Ministro del
Trabajo, Carlos Prío, expulsara al comunista Lázaro Peña
de la Secretaría General de la Confederación de Trabajadores
de Cuba. Por su parte Batista, al derrocar al Presidente Prío en marzo
10 de 1952 y en su primera arenga a los sediciosos en la Ciudad Militar de
Columbia, prometió significativamente que Cuba nunca enviaría
fuerzas a Corea.
© Hugo J. Byrne
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