

El Galimatías en Washington
Para beneficio de amigos que medio en broma o medio en serio me acusan de
usar palabras poco usuales, les ahorro buscar el mataburro: “galimatías
es leguaje obscuro, por la impropiedad de la frase o por la confusión
de las ideas”. Esa es la primera definición del diccionario.
La segunda y última es simplemente “confusión, desorden,
lío”.
El ex-presidente cubano Ramón Grau San Martín, quien gozó de
enorme popularidad durante la mayor parte de su mandato, pero quien igualmente
era notorio por un discurso descalabrado, era conocido aún entre sus
simpatizantes como “el divino galimatías”. En resumen,
galimatías designa en castellano el leguaje “cantinflesco”,
o a quien lo usa, sea en la forma o la substancia. Esa palabra castellana
era muy corriente cuando todavía no existía Cantinflas.
Es importante que se entienda que podemos caer en galimatías aunque
lo que digamos suene muy serio, claro, o elocuente, si carece de lógica
o sentido común. La suma de dos más dos no es dieciséis,
aunque se afirme con absoluta convicción y de manera rotunda y suficiente.
Esa realidad que resulta tan sencilla de enunciar, es a menudo lenta de digerir.
Ergo, el éxito de los demagogos. Sin embargo, como afirmara Lincoln,
no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Horas antes de escribir este trabajo dos capos totalitarios hicieron sendas
declaraciones en desafío de los deseos de la comunidad internacional
en general y, aparentemente, del gobierno norteamericano en especial. Nadie
tiene derecho a sorprenderse. Raúl Castro, designado jefe de Castrolandia
por su hermano Fidel, dice que no importa cuánta gente muera por huelga
de hambre en las pocilgas con rejas que el régimen llama cárceles
y que su camarilla no cederá un milímetro ante lo que llama “chantaje
financiado y dirigido por el Imperio”. Quien discrepe del Régimen
es un delincuente común y la crítica internacional, de acuerdo
a este sangriento eunuco moral al servicio de su hermano, es mera hipocresía.
En el caso de Castro cabría preguntar ¿ha dicho algo nuevo
o diferente? ¿Ha actuado el Régimen totalitario de La Habana
de forma más severa en el caso de Zapata que lo hecho durante más
de 51 años de contínuo y refinado terror? ¿La muerte
por inanición de Orlando Zapata Tamayo en el 2010 fue acaso diferente
de la de Pedro Luis Boitel en 1972?
Yo diría que si hay alguna diferencia es que la presente represión
castrista puede darse el lujo de aparentar una sutil moderación gracias
al éxito que ha tenido en aterrorizar al pueblo por 51 años.
Nadie que conozca la historia de Cuba dudaría que unas Damas de Blanco
desfilando en 1962 habrían durado más que unos brevísimos
instantes. Es dudoso que se hubiera sabido su destino final, después
de ser apresadas con menos miramientos aún que las que fueran arrastradas
por el piso hace dos semanas.
La hipocresía a la que maliciosamente hace referencia el Tirano substituto
es de verdad aplicable a muchos, quienes en la creencia de que el régimen
está en su agonía, no desean que se les continúe identificando
con su fracaso. Me refiero a ciertos desvergonzados que de palabra u obra
respaldaron todos los crímenes de la Tiranía hasta hace pocos
años, pocos meses, o pocas horas. Por supuesto, quisiera que el azote
que ha sufrido Cuba por más de medio siglo terminara hoy mejor que
mañana, mejor que el mes que viene, o mejor que el año próximo.
Quisiera que esa pesadilla terminara ahora e incruentamente. También
quisiera equivocarme, pero veo ese final todavía lejos y no lo veo
sin violencia. Por cada débil voz de protesta sin resonancia apenas
en los indignos medios publicitarios del mundo, hay siempre algún
redomado hipócrita como Lula da Silva, o algún interesado cómplice
servil como Hugo Chávez.
Muchos aclaran que se conformarían solamente con la libertad de todos
los prisioneros políticos. De no ser derribado el sistema, ¿qué ganaríamos
con eso? Que nadie se moleste argumentando el cuento de hadas del “primer
paso”. Castro podría vaciar todas las prisiones esta tarde y
repletarlas exponencialmente dentro de tres días. Si alguien lo duda
debe preguntarle a la señora Tamayo, madre de Orlando Zapata.
El otro mandamás que hace declaraciones desafiantes es el “Califa” de
Irán Ahmedinejad. Dice que no le preocupan las posibles “sanciones” de
Obama y Clinton, que continuará con su programa nuclear y que si Occidente
lo antagoniza, tanto mejor. En su caso cómo en el de los Castro, ¿quién
puede sorprenderse? ¿Por qué habrían de preocuparle
a Ahmedinejad las amenazas de Washington? ¿Sería alguna sanción
contra el régimen iranés efectiva sin la cooperación
de Rusia y China? Y, ¿cómo lograr esa cooperación cuando
el presidente del país más populoso de este continente después
de Estados Unidos le niega rotundamente la misma a la Secretaria Clinton?
Quien no vea en estas debacles diplomáticas el resultado negativo
del galimatías por antonomasia que preside la presente política
exterior norteamericana, por seguro sufre de miopía severa. ¿Tiene
sentido exigir de Israel una moratoria en nuevas construcciones de unidades
de apartamentos en Jerusalén? Jerusalén es la capital del estado
israelita y no zona fronteriza de enclaves palestinos incluídos en
una moratoria preliminar de nuevas contrucciones por Israel condicionando
futuras conversaciones de paz. ¿Concesiones al enemigo y extorsión
al aliado?
Es el mismo idiótico galimatías que esperaba contra toda esperanza,
ignorando medio siglo de sangrienta historia, que La Habana correspondiera
a los avances amorosos de Obama y compañía. Al igual que durante
las aperturas fallidas de Jimmy Carter hacia Fidel Castro a fines de los
años 70, el Hermanísimo Raúl tampoco se deja querer
hoy de Obama y por idénticas razones.
Ni lo harían tampoco sus herederos probables, bautizados todos en
la sangre de sus víctimas y en consecuencia temerosos del advenimiento
de un estado de derecho. Saben que en el mismo comparecerían ante
tribunales constituídos, acusados de crímenes contra la Humanidad
y encarando evidencias abrumadoras. Por eso su “revolución” necesita
ser inmortal. ¿Transición pacífica... para qué?
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