
Fama en la Derrota
Interesado en la historia militar y especialmente en la de Cuba, siempre
creí que el Lugarteniente General Antonio Maceo era el oficial de
alta graduación más herido en combate durante la era contemporánea.
A su caída en la acción de Punta Brava en 1896, Maceo llevaba
en su cuerpo 24 cicatrices de arma blanca y bala. Sin embargo, estudiando
la invasión germana a la Isla de Creta de 1941, descubrí que
su defensor, el General neozelandés Bernard Freyberg, tenía
27 cicatrices de guerra como recuerdos ingratos de la campaña de Francia
en 1916.
Freyberg era era un clásico come-candela galardonado con la “Victoria
Cross” durante la Primera Guerra Mundial, condecoración británica
equivalente a la Cruz de Hierro alemana, la Legión de Honor de Francia,
o la Medalla de Honor norteamericana. La mayoría de esos galardones
son para los muertos en combate, lo que denota que no se confieren fácilmente.
Eso hizo de Freyberg el guerrero favorito del Primer Ministro Winston Churchill,
quien lo escogió para defender Creta. Churchill esperaba que Freyberg
pararía en seco la embestida alemana, destruyendo el mito de invencibilidad
creado sucesivamente en Polonia, Noruega, Francia y Grecia. Sus esperanzas
no se materializaron. No siempre el más bravo resulta más capaz.
Aunque en justicia, Freyberg carecía de los medios que Motgomery usara
en su victoria al año siguiente.
La derrota aliada en Creta marcó el fin de los éxitos del Eje
en el teatro occidental-europeo de la guerra. ¿Por qué? Cuestión
de números. Invadiendo una islita de algo más de 8,000 millas
cuadradas Alemania tuvo 6,700 bajas de las que casi 3,400 fueron fatales
(más del 50%). De los muertos más de 1,600 eran paracaidistas.
En proporción, Alemania nunca había sufrido tales pérdidas
antes. El General Kurt Student, fundador y caudillo del cuerpo de paracaidistas
germano que invadiera Creta confesaría en 1952 haber subestimado al
oponente: “...fue el final de las fuerzas aerotransportadas alemanas”.
Los paracaidistas (entre ellos el famoso boxeador “heavy weight” Max
Schmeling) fueron decisivamente derrotados, perdiendo más de 200 aviones
de transporte Junkers 52, con los que Hitler contaba para la inminente “Operación
Barbarroja” (el ataque a la Unión Soviética).
El General Julius Ringel, al frente de sus tropas de montaña, tuvo
que hacerse cargo del ataque en medio de una situación desesperada.
Los soldados de Ringel zarparon de Grecia en chalupas y al amparo de la noche.
Varias fueron detectadas con reflectores y hundidas por la Marina Real. La
suerte de la invasión permaneció en la balanza por varios días
y si al fin el invasor prevaleció, no fue tanto por los varios errores
tácticos de Freyberg como por la cercanía de Grecia, que diera
a la Luftwaffe cómodo radio de acción y dominio del aire. En
la derrota, el público supo de Freyberg, mientras que el “vencedor” Student,
quien propuso la invasión aérea a Creta, se eclipsó totalmente.
La guerra no es el único medio de hacerse famoso en la derrota. Un
cartero habanero llamado Félix Carvajal, compitió en los juegos
olímpicos de St. Louis, Missouri en 1904, nada menos que en el maratón.
Carvajal amaba correr, pero no tenía entrenamiento adecuado y ni siquiera
dinero para pagar su viaje desde Cuba. Sus amigos sufragaron los gastos mediante
colecta. En New Orleans Carvajal perdió gran parte de esa suma jugando
a los dados y llegó a St. Louis, pidiendo “lift” en los
primitivos autos de entonces o en carretones. Al llegar, exhausto y hambriento,
el cartero se ganó la simpatía de sus oponentes con su contagiosa
alegría criolla y porque se presentó a las prácticas
con pantalones largos, mangas largas y viejos zapatos de corte alto.
Convertido en la mascota de sus competidores, usando zapatos de corte bajo
que le prestaran y con sus únicos pantalones cortados por encima de
la rodilla, Carvajal sorprendió a todo el mundo haciendo una carrera
increíble. A ratos el cubano estaba al frente, pero con igual frecuencia
se detenía a conversar con la multitud que lo ovacionaba sin entender
ni jota de su español.
Todavía hambriento, el pobre Carvajal penetró a un cultivo
de manzanos, comiendo algunas frutas verdes que le causaron violentos cólicos.
A pesar de todo eso, el habanero llegó a la meta, Dios sabe como,
en cuarto lugar. Félix Carvajal fue sin duda la estrella popular de
los juegos olímpicos de St. Louis en 1904, a pesar de no haber obtenido
medalla alguna. ¿Qué habría podido lograr el joven cartero
con adecuado entrenamiento y disciplina? Nunca se supo qué fue del
corredor cubano que creo representaba las virtudes y defectos más
notables de nuestra nacionalidad. Quizás se quedara en Estados Unidos.
Quien sabe. Por eso era que al oir el trote de alguien por la calle en cualquier
ciudad o pueblo de la Cuba de antaño, era frecuente oir el refrán “¡c...,
ahí va el andarín Carvajal!”
En política es imposible pronosticar quien será el más
popular mañana, sin importar que sea ganador o perdedor hoy. Hace
seis años el 99% de los norteamericanos nunca había oído
el nombre de Barak Obama. Lo mismo ocurría en Cuba con Fidel Castro
antes del 26 de julio de 1953. Muchos entre los más sofisticados en
política aseguran que, desgraciadamente, ahí no termina el
parecido entre estos dos personajes.
Lo que sin duda sabemos es que acciones inmorales (o incluso ilegales) de
figuras públicas, no son garantía de derrota política
en sus respectivos distritos o estados. Ejemplo: el Presidente del poderoso
Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos,
John Conyers, quien a pesar de las abrumadoras apariencias de ilegalidad
de la organización activista ACORN, ha rehusado investigarla. Conyers
declaró esto con actitud arrogante, usando la tercera persona para
referirse a sí mismo. Su arrogancia fue tan grotesca que no se sabía
de quien hablaba. Fue necesaria una aclaración de la oficina del congresista.
Este Conyers es el mismo cara dura que desea investigar “posibles crímenes” contra
terroristas islámicos, supuestamente perpetrados por funcionarios
de la administración anterior. La esposa de Conyers acaba de declarase
culpable de conspiración criminal por lo que podría sufrir
prisión hasta de cinco años. ¿Tiene sentido que presida
el Comité Judicial de la Cámara quien es obviamente incapaz
de influenciar honestidad en el seno de su familia? Aún más
importante (y triste), ¿alguien duda que este tipo va a ser reelecto
el 2010? ¿Quiere apostar el amable lector?
© Hugo J. Byrne
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