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Hugo Byrne

Elogio del Optimismo

(a la memoria de Mario Byrne)

"El placer es un evento pasivo y es por tanto vital retornar a Aristóteles, para quien la felicidad siempre claramente consistía en la acción, en el esfuerzo enérgico."

José Ortega y Gasset ( "Meditaciones sobre la caza")

¿En qué consiste el optimismo?  Muy a menudo se le relaciona incorrectamente a la subestimación de la realidad.  El verdadero optimista no ignora la realidad, no importa lo severa que ella sea.  El hombre inteligente escudriña con paciencia y precisión su entorno para obtener una percepción correcta del mismo.  Porque el optimista sabe que la realidad es una sola y que son las percepciones de ella las que varían con cada individuo. 

Este proceso vital asemeja al estudio que hace un pugilista con talento, de los combates previos de su próximo oponente en el cuadrilátero, o de la observación que siempre hace un torero de fama al "bicho" con que ha de enfrentarse en la arena.  La vida es en definitiva una sucesión de enfrentamientos con obstáculos naturales y con otros que aparecen artificialmente en el camino, producto de acción ajena, consecuencia de nuestros propias faltas, o percepción errónea en nuestra mente.  Los obstáculos artificiales creados por los propios individuos que los enfrentan, son divisa inconfundible de los pesimistas.

Los problemas vitales que podemos preveer se dividen en dos grandes grupos.  Una buena parte de ellos nunca los encaramos. Los demás son inevitables y nada que podamos hacer los cambiará.  Entre estos últimos, por supuesto, está siempre la muerte.

De lo anteriormente afirmado se deduce que preocuparse exageradamente por el futuro es una actitud irracional. Un sabio compañero de estudios siempre me decía que se preocupaba totalmente del tema de un examen antes de empezarlo, pero que una vez iniciado el tiempo reglamentario para el mismo, una calma absoluta se hacía en su mente.  Era la convicción de que lo único que podía ayudarlo a obtener un resultado satisfactorio eran su habilidad a responder correctamente, o a desarrollar el tema requerido.

Cuando después de julio de 1963 me percaté de que las circunstancias eran adversas al destierro cubano y que la tiranía castrista podría durar por tiempo indefinido, fue muy difícil no desentenderme totalmente del funesto predicamento de la patria.  Es en la adversidad cuando es esencial conservar la cordura, e ignorar nuestra identidad para muchos aparecía tentadoramente como el único escape.  ¿Cuántos no lo hicieron? 

A la llegada de mi hermano al destierro en 1967, empecé a observar un proceso que solamente puedo calificar de ejemplar.  Con una preparación académica en humanidades, campo diferente al mío y no proclive al éxito inmediato, Mario Byrne decidió correctamente iniciar actividades laborales en campos ajenos a sus estudios legales, pero en los que podría aplicar su conocimiento de idiomas extranjeros, su vasta cultura general y su extraordinario don de gentes.

Fundar una familia, al mismo tiempo que trabajar sucesivamente en la venta de vinos importados, bienes raíces, o anuncios para las páginas amarillas, podrían considerarse actividades normales de un emigrante.  Sólo que Mario no era un emigrante, sino un exiliado político de Cuba y a esos efectos sus actividades después de su horario de trabajo nunca dejaron lugar a dudas.  Más que militante de organizaciónes, Mario laboró activamente en todo programa que socavara la tiranía castrista y, en consecuencia, avanzara la libertad de Cuba.  Su trayectoria es conocidísima.

Nunca se hizo ilusiones sobre el futuro.  Cuando el derrumbe del Imperio Soviético fue el único cubano exiliado en mi entorno que me advirtiera contra las falsas esperanzas de una caída inmediata del castrismo: "En Cuba el comunismo no se inició como consecuencia de la invasión soviética, como en Europa, sino por las maniobras conspirativas de un grupo presidido por un individuo poseedor de una poco común capacidad para la intriga.  El castrismo, desgraciadamente, durará mientras dure Castro".

Este trabajo no pretende ser una biografía de mi hermano, sino sólo una breve muestra de lo que su vida significó para mí.  Mario fue un optimista quien supo siempre diferenciar entre lo fundamental y lo insignificante.  Supo también enfrentarse con los embates de la vida sin perder su sonrisa serena ni el legendario aplomo que lo caracterizaba. Y embates sufrió a granel.  Cuando al informarme por la primera vez de la calcificación en su válvula aórtica, hace ya muchos años, me dio la impresión de que anticipaba su final.

La posibilidad de morir antes de ver a Cuba libre no lo arredró.  Era como si supiera que la muerte no es el fin de nada y que entrar a la eternidad con decisión y optimismo es lo único que realmente cuenta.  Cuando uno de mis tres sobrinos me informara de su muerte el día 3 de enero y durante todo el tiempo del viaje a Florida para asistir a sus funerales, me sentí literalmente devastado.  Un mundo sin la presencia física de mi hermano se me antojaba totalmente inhóspito y antagónico.

Solamente después de abrazar a mis sobrinos y a los otros hermanos del alma que asistieran a sus exequias y apreciar cómo reflejaban todos ellos sin siquiera percatarse todo el infeccioso optimismo de Mario, comprendí a cabalidad que mi hermano vive, que el espíritu de un hombre de su rara calidad humana nunca desaparece.

Si el destino permite que todavía me cuente entre los vivos cuando salga por Oriente el sol de nuestra libertad, acompañaré a mis sobrinos a espacir las cenizas de mi hermano Mario en suelo de Cuba.  Si nó, aguardo con optimismo que nuestras cenizas se mezclen algún día sobre esa tierra bendita, cuado por fin llegue su redención.   

© Hugo J. Byrne

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