Contacto Banner


America, Mundo Arte y Cultura Tecnologia Espectaculos Ciencia y SaludLatinos en EE.UU. Mexico Cuba Comida LatinaUn Poco de Humor Publicidad Quienes SomosCartas al EditorWho We Are Advertising Contact Us


Hugo Byrne


El Emperador en Cueros

“Yo te daré,
te daré niña hermosa,
te daré una cosa...,
una cosa que yo solo sé:
¡café!”

Canción popular

Una historia para niños pequeños cuenta de un emperador tan vanidoso que se dejó embaucar por unos estafadores quienes se hacían pasar por sastres expertos. Estos le confeccionaron unas vestimentas supuestamente tan finas y lujosas que sólo podían ser vistas por personas de inteligencia y gusto superior. El envanecido soberano se consideraba a sí mismo en esa categoría y por eso su descomunal ego le impedía admitir que sólo veía su viejo cuerpo desnudo y arrugado al mirarse ante el espejo, cuando vestía su imaginario traje nuevo.

Después que los granujas fueran generosamente remunerados y de que abandonaran las fronteras del imperio ficticio de este cuento infantil, el frívolo monarca decidió estrenar su nueva ropa en público. Temerosos de la reacción violenta de un personaje tan notoriamente vano, sus súbditos lo ovacionaban a su paso, vitoreando la elegancia de sus inexistentes vestimentas mientras lo veían pavonearse exponiendo su vieja y grotesca humanidad en cueros. Pero un niñito del público, inocente de los peligros derivados de la vanidad humana e impulsado por el candor propio de su tierna edad gritó riendo: ¡Miren todos, el Emperador está desnudo!

La vanidad hace a algunos enfundarse en invisibles vestiduras morales o intelectuales, confeccionadas no por estafadores pretendiendo el estrellato sartorial, sino por ellos mismos, con la ayuda consciente de la adulación ajena. El ámbito político ha estado siempre repleto de “emperadores en cueros”. No importa que estén ejerciendo el poder o aspirando al mismo. La vanidad los hace considerarse insustituíbles, predestinados, elegidos de Dios, el diablo o el destino. Algunos pasan por la vida sin percatarse de sus desnudeces. En otros casos sus más rendidos vasallos, súbitamente conscientes de que los “emperadores” no están presentables, los esconden (por ejemplo, “Fifo”).

La mayoría de ellos aprende que están en cueros porque alguien se lo ha gritado, pero a diferencia del cuento infantil, con frecuencia ocurre que quien nos alerta del nudismo imperial no es un inocente niñito. Puede tratarse de un individuo común en apariencias, a quien hasta ese momento pocos conocen y al que incluso los aduladores del “Emperador” intenten sin éxito catalogar como anodino o incapaz. De pronto se hace evidente que el individuo desafiando al Emperador no teme las consecuencias y acertadamente articula su desnudez. El talento legítimo prevalece sobre el superficial a la larga.

El amable lector puede encontrar un ejemplo clásico del “Emperador” en cueros y del individuo que hace su reclamo a la fama exponiendo las desnudeces del primero en la presente campaña presidencial norteamericana. Por supuesto, me refiero respectivamente al candidato presidencial Barak Obama y a la candidata vicepresidencial contraria, Sarah Palin.

Obama basó su meteórica ascensión al estrellato popular en una presentación impecable y una oratoria excepcionalmente fluída. Pocos líderes han sabido explotar con tanto éxito sus atributos de comunicación. Contando con un planeamiento audiovisual perfecto y una contribución multimillonaria capaz de aceitar profusamente muchas coyunturas políticas, Obama logró lo que hace un año parecía imposible. La Senadora Clinton tenía en apariencias una maquinaria inexpugnable y el respaldo de muy poderosas influencias políticas, incluyendo prominentes negros.

Afectando una posición “moderada” y una proposición “independiente” de renovación y “cambio”, Obama deshizo a su oponente en las iniciales elecciones primarias. Cuando en la fase final de ese proceso se hiciera evidente el desconocimiento popular sobre el pasado sospechosamente radical del Senador por Illinois y a pesar de la mayoría en voto popular recibida por Clinton, la absurda representación proporcional demócrata para delegados garantizó la nominación de Obama. Además, durante los debates que generara esa campaña se manifestaron lenta y sutilmente otros serios problemas políticos y personales para el antiguo organizador social, los que podían ensombrecer sus posibilidades de alcanzar la victoria en noviembre.

Los problemas a que me refiero eran vitales. Las contradicciones en su agenda se hicieron evidentes. El cambio entre posiciones antes y después de la nominación se hizo demasiado rápido y drástico. Irán no podía ser un “país insignificante” y convertirse en un “peligro nacional” en 24 horas. No es posible aumentar impuestos a ganacias a largo plazo, sin aumentarlos automáticamente también a millones de individuos con un ingreso anual mucho menor que $250,000 (contradicción que Obama trató de subsanar posteriormente). Tampoco es posible rehusar debates públicos con un formato diferente del que conoce a priori las preguntas, sin legitimar acusaciones de cobardía política.

El orador elocuente no es aquel que pueda leer con convicción dramática y voz teatral las líneas escritas en un “teleprompter”. Cualquier mediocre actor es capaz de eso. La verdadera elocuencia nunca teme a la confrontación directa, la improvisación o la memoria. El discurso legítimo no se basa en retórica, sino en substancia. Ante la exposición de la verdad, la demagogia del “yo te daré” a la larga nunca es contrincante eficaz y termina batiéndose en retirada.

Y esto nos lleva a la Gobernadora de Alaska, Sarah Palin, a quien McCain escogiera sorpresivamente como compañera de boleta en un formidable golpe político. Sus primeras intervenciones públicas, aunque directas y a la ofensiva, han recibido tributos de reconocimiento incluso de otras mujeres identificadas con causas “liberales” y el Partido Demócrata. Inmediatamente la campaña de Obama trató de destruírla con ataques personales, algunos brutal y abiertamente misóginos. Hasta hoy todos han fracasado estrepitosamente. Obama se vio obligado a desautorizar tales actividades. Más tarde, el propio candidato demócrata reasumió personalmente la ofensiva contra Palin: no saben qué hacer con ella.

Al final de la semana y por la primera vez desde junio todas las encuestas políticas favorecían a McCain, pero más dramáticamente, la ventaja del senador por Arizona sobre Obama entre “votantes probables” era diez puntos en una de ellas, quizás una exageración. ¿Es esta tendencia irreversible? Por supuesto que no.

Mucho puede cambiar durante los próximos dos meses. La mayoría de la gente es ignorante y la democracia es el gobierno de la mayoría. Sin embargo, en la opinión de un servidor de los lectores, la presente situación relativa del escenario político ha variado esencialmente gracias a la Gobernadora Palin, quien durante su discurso de aceptación de la candidatura vicepresidencial republicana y sin dejar de sonreir, atacó a Obama más efectiva y directamente que lo había hecho McCain durante todo el resto de la campaña.

Debido a Sarah Palin, algo inusitado acaba de pasar en el confín político de Estados Unidos: gracias a su candidatura y ante la vista de todos, el “Emperador” está en cueros.

© Hugo J. Byrne

La Columna de Hugo J. Byrne


Para recibir el boletín de Contacto con nuevos artículos...

© Contacto Magazine

Todos los Derechos Reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos periodísticos de Contacto Magazine en medios impresos, radio y televisión, libros, sitios web de Internet, CDs, DVDs y otros medios de comunicación masiva. Los interesados en recibir una licencia de reproducción del contenido de Contacto Magazine, pueden enviar una solicitud al editor.


América-Mundo, Arte y Cultura, Espectáculos, Ciencia y Salud, Latinos en EE.UU., México, Cuba, Tecnología, Un Poco de Humor, Comida Latina, Portada, Directorio Comercial Clasificado

Contacto Logo