
Cuatro Temas
Mi pasatiempo favorito es aprender. No estudiar, porque eso implica tiempo
y trabajo. Cuando me jubilé definitivamente en el 2003 fue con el
sagrado propósito de no trabajar más. Esta columna, mi natural
haraganería y las espectativas del proceso biológico a los
74 años, me han obligado a racionar el tiempo al extremo de la mezquindad.
Lo primero importante que aprendí de la vida es que es mucho más
cómodo beneficiarse de la experiencia ajena que sufrir la propia.
Por eso encuentro interesante comunicarme regularmente con mis lectores.
Aunque sucede que en la mayoría de esos provechosos intercambios me
encuentro contestando más preguntas que las que formulo.
Sin embargo, la semana pasada algunos cubrieron importantes temas de actualidad
con profundidad y convicción, probando ser más perspicaces
que yo. En honor a ello y dentro del espacio de mis dos cuartillas comentaré brevemente
cuatro de esos temas para beneficio del resto de los amables lectores. El
orden en que aparecen no es necesariamente de importancia.
El éxito o fracaso de la presente administración en sus medidas
para contrarrestar la crisis económica. Cuando el congreso aprobara
la multibillonaria ley de estímulo económico sin leer su contenido,
la Casa Blanca vaticinaba que gracias a ella los desempleados en la fuerza
laboral no pasarían de 8% para mediados del año. El mes pasado
el desempleo llegó a 9.4%. Ahora la administración afirma que
los próximos gastos programados agregarán o “salvarán”(¿?)
600,000 trabajos para el verano, aunque nadie ha informado al público
a cuánto ascenderán esos gastos. Si no sabemos cuánto
va a gastarse, ¿cómo adivinar el número de plazas laborales
que puedan crearse (o “salvarse”)? ¿Cómo se puede
determinar cuántas plazas "se salvan"? Ignorando esa misteriosa
fórmula, si se pierden digamos 300,000, siempre se puede argumentar
que sin empeñar al país hasta el siglo XXII se hubieran perdido
600,000. Si se pierden 500,000, que hubieran sido 1,000,000, etc. La gente
no es tonta y entiende bien la diferencia entre economistas y charlatanes.
El discurso del Presidente Obama en Cairo. Hacía muchos años
que no leía tanta adulona bazofia como la que se ha escrito en la
prensa “liberal” sobre esa pieza oratoria. Sólo dos cosas
hizo evidentes el discurso del Cairo.
La primera es que Obama está resignado a un Irán con armas
atómicas. La lógica indica que si Teherán quisiera sólo
energía y nó armas nucleares, habría aceptado sin titubeos
el ofrecimiento tecnológico conjunto de la pasada administración
norteamericana y Rusia. Obama opina que el deseo de un estado a desarrollar
dicha fuente de energía le otorga automático derecho a ella.
Aunque la ruinosa dependencia de Norteamérica en energía importada
no es para Obama razón suficiente para desarrollar energía
nuclear aquí, Irán que literalmente nada en un mar de petróleo,
de acuerdo a su opinión sí puede hacerlo, porque es la voluntad
de sus gobernantes. ¿No es curioso?
La segunda, como acertadamente opinara un enterado lector en Madrid, es que
Obama no sabe historia. La Inquisición no surgió en España
hasta después de finalizar lo que se conoce como la “Reconquista”.
Esta marcó el fin de ocho siglos de dominación musulmana en
la Península Ibérica. El “Santo Oficio” tuvo muchas
víctimas, pero no musulmanas. Y actualmente el Gran Inquisidor no
es Guantánamo, sino el terror islámico.
Las provocaciones de Kim Jong Il. Este duende cabezón (mi disculpa
a los duendes cabezones), dictador de un estado artificial por ser hijo de
su padre, está empeñado en obtener una capacidad ofensiva de
potencia mundial y en el proceso ridiculizar a Estados Unidos a un nivel
mayor que cualquier cosa que pudiera hacer el propio Obama, o decir el Vicepresidente
Biden. No satisfecho con lanzar misiles balísticos y detonar explosiones
nucleares subterráneas, Jong Il secuestra a dos infelices reporteras
norteamericanas acusándolas de un nebuloso “crimen” contra
Corea del Norte y las condena a 12 años de trabajos forzados. Las
víctimas trabajaban para un consorcio informático del ex-Vicepresidente
y Premio Nóbel, Al Gore. Gore no ha hecho declaraciones sobre el secuestro,
quizás evitando preguntas sobre su capital valorado recientemente
en $100 millones. Cuando abandonara el gobierno en el 2001 el capital neto
de Gore se estimaba en sólo $2 millones. Ya que sus ganancias por
la película sobre “calentamiento global” fueron donadas
a la defensa del medio ambiente, el laureado productor obtuvo un promedio
de $10,888,889.00 por año durante los últimos nueve. ¿Cómo
adquiriría esa fortuna? ¿La mayor compensación por discursos
en la historia? Dejo ese tema a los lectores.
En justicia, Obama no creó a Jong Il. Este monstruo sí lo heredó y
hay que admitir que está haciendo lo poco que puede para neutralizarlo,
como regresar su régimen a la categoría de “estado terrorista” de
la que nunca debió haber salido.
La Organización de Estados Americanos invitando a Castrolandia de
regreso al cubil. Entre todos los “Organismos Regionales” de
ese otro aborto llamado “Naciones Unidas”, este es el peor. Hace
tiempo que Estados Unidos debió abandonarlo, tal como hizo con UNESCO.
La OEA, como la ONU, es un conglomerado de atildados figurones que hablan
sin descanso para escucharse a sí mismos y hace tiempo que por obra
del petróleo de Chávez ha devenido en otro grotesco cónclave
antiamericano. La resolución bendiciendo el regreso de Castrolandia
es simplemente la manifestación más reciente de ello. Esa resolución
no molesta a Hillary y aún menos a Obama, quien sicológicamente
está todavía en plena campaña política y le agrada
un escenario en el que se degrade a Estados Unidos. Al fin y al cabo, todas
esas “cosas malas” de las que “Norteamérica fue
culpable” y que reflejan la antítesis de la guía espiritual
de personajes como el Reverendo Wright, ocurrieron antes del advenimiento
de la nueva era post-norteamericana de “Plurubus Unum” mundial,
del que Obama es legítimo campeón y mesías: la era del “Nacionalismo
Universal”. Castro lo llamaba “Internacionalismo”. En una
patria global y colectiva, no habría necesidad de agentes extranjeros,
tales como los Rosemberg, Ana Montes, los “cinco héroes”,
o el viejo matrimonio de traidores del Departamento de Estado. Cuando todo
es de todos y la justicia es impartida por el dios-Obama (de acuerdo a un
reportero de Newsweek), ¿espías para qué?
© Hugo J. Byrne
La Columna de Hugo J. Byrne
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