
Explosivo Correo Electrónico
Uno de los últimos mensajes que envié usando medios cibernéticos
a casi todas las direcciones en mi “address book” causó una
reacción tan sorprendente como intensa. Nunca desde que apareciera esta
columna por la primera vez en la Red hace ya más de una década,
había recibido tanta correspondencia electrónica relacionada al
tema.
Durante más de tres días y para mantener la tradición de
cortesía de esta columna, no he podido hacer otra cosa que agradecer con
breves notas los más de doscientos mensajes de solidaridad de lectores
dentro y fuera del territorio de Estados Unidos. Si omití alguno de habla
hispana, le expreso aquí mi más sincero agradecimiento. La mayor
parte de esos mensajes eran de lectores cuyas direcciones no aparecían
previamente en mi directorio, lo que evidencia que muchos lo enviaron a los cuatro
puntos cardinales. Para esos especialmente, mi mayor reconocimiento.
Recibí sólo un mensaje crítico, aunque sospechosamente el
mismo aparecía repetido en dos o tres correos electrónicos diferentes
(aunque similares). En él se afirmaba que a los insurrectos negros de
nuestra emancipación de España se les impedía participación
importante en la guerra por motivos raciales y que su rango era casi siempre
limitado al de soldado raso de infantería (“foot soldier”).
El mensaje agregaba que esto cambió algo durante el proceso del 95, gracias
a la intervención de individuos como Martí y que debido a eso sus
propios compañeros de armas, nó los españoles, “probablemente” lo
asesinaron en Dos Ríos. Los amables lectores pueden entender por qué estas
direcciones no fueron agregadas a mi directorio, sino por el contrario, bloqueadas
de mi caja postal.
Porque el mensaje original era en inglés decidí traducirlo libremente
al castellano y volver a publicarlo, asumiendo enteramente las implicaciones
legales o de cualquier otra índole. La dirección electrónica
del Departamento de Justicia puede ser obtenida en la Red.
Señor Eric Holder
Fiscal General de los Estados Unidos
Señor:
Cuando llegué a estas tierras de libertad lo hice como exiliado político
cubano. Mi único objetivo era procurar medios para contribuir a la liberación
de Cuba del infame yugo totalitario-comunista. Ya cuento con 74 años y
evidentemente hasta ahora no he tenido éxito en esa empresa.
Tratando de alcanzar ese loable objetivo ingresé voluntariamente a principios
de 1963 en una unidad militar especial dentro del Ejército de los Estados
Unidos totalmente compuesta por exiliados cubanos entre las edades de 18 y 31
años. Este ingreso tuvo lugar en el Estado de Florida, en la ciudad de
Coral Gables. Allí me impartieron órdenes como responsable por
el transporte de otros siete voluntarios desde esa localidad hasta Ft. Jackson
en Carolina del Sur. Los documentos incluían pasajes por tren para ocho
y un recibo que debía firmar a la entrega de una comida previamente ordenada
para nosotros en una cafetería en la estación de trenes de Coral
Gables.
El dueño (o dependiente) de la cafetería de la estación
me advirtió que no podría servir comida a uno de los voluntarios
en mi grupo porque era negro. Le respondí que no firmaría el recibo
a menos que todos fuéramos servidos. El tipo encolerizó, adoptando
una actitud amenazante. La confrontación verbal no degeneró en
violencia porque nosotros eramos ocho (con ganas de pelear) y él, aunque
grande y gordo, solamente uno. La cafetería perdió el importe de
ocho comidas preparadas y nosotros nos quedamos con hambre. Después de
un servicio fiel fuimos dados de baja honorablemente y cada uno tomó distinto
rumbo. El llamado de Kennedy a los cubanos libres terminó siendo una burla
más.
Empiezo este mensaje con esta anécdota histórica para que usted
entienda de donde vengo. Ahora voy al grano.
Hace unas pocas horas usted llamó a Estados Unidos (literalmente) “una
nación de cobardes”. Usted carece de fuerza moral para hacer esa
acusación y le diré por qué. ¿Alguna vez ha arriesgado
usted su vida o su integridad física por Estados Unidos? ¿Ha servido
usted a su patria en alguna actividad de riesgo personal? No que yo sepa. Sin
embargo, usted hizo otra cosa que sólo puede caracterizarse como un acto
muy cobarde.
Como Vice Fiscal General de la administración Clinton estuvo usted profundamente
involucrado en la justificación legal de un asalto armado y nocturno sin
precedentes contra una humilde casita de “La Pequeña Habana”.
Durante esa invasión sus esbirros no encontraron ni siquiera un insignificante
corta plumas, pero tomaron por la fuerza a un infeliz menor de edad, apuntándole
con ametralladoras. Con el falso e infame pretexto de reunirlo con su padre,
el pobre niño terminó como monigote juvenil de un dictador totalitario
y de su malvada propaganda. Sobran las evidencias de ello. Esa fue una acción
cobarde por antonomasia.
No hay evidencias de que los norteamericanos en general sean cobardes señor
Holder. Aquí el único probado cobarde es usted. Sé que este
mensaje tiene pocas posibilidades de ser leído por usted personalmente,
pero le aseguro que ha de ser publicado.
Sinceramente,
Hugo J. Byrne
(el mensaje original lleva mi dirección postal y mi viejo número
de servicio)
© Hugo J. Byrne
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