

“Estados Unidos somos nosotros”
Oriana Fallaci (“La rabia y el orgullo”)
Ensangrentado por una herida de fragmento de metal en el costado y no muy consciente de lo que ocurría en su derredor, el Segundo Teniente de la Whermarcht Arthur Jahnke, fue desenterrado de la arena que parcialmente lo cubría como consecuencia de un bombazo cercano. Ya la mayoría de los soldados a su mando habían muerto víctimas del bombardeo incesante de los barcos de guerra aliados, o habían sido capturados por las primeras tropas norteamericanas desembarcadas en la sangrienta mañana del 6 de junio de 1944, en la sección de la playa de Normandía bautizada por el alto mando aliado como “Utah Beach”.
La veterana unidad en la que servía Jahnke, asignada a la defensa de ese sector del litoral en la Península de Cotentín, tuvo que enfrentar al descubierto las primeras andanadas de las fuerzas invasoras, que en esa área probaron ser precisas y aplastantes. Por contraste, los nidos de ametralladoras al norte del amplio estuario formado por los ríos Douve y Vire, defendiendo la playa que los Aliados habían denominado “Omaha”, gracias a su emplazamiento alto estuvieron a punto de hacer fracasar el desembarco norteamericano, embotellando temporalmente la cabeza de playa y causando confusión y bajas en número inaceptable. Pero en “Utah”, los soldados del Teniente Jahnke compartían con el invasor aliado la desventaja táctica de operar en terrenos parcialmente anegados.
Cuando Jahnke empezó a darse cuenta que había sido hecho prisionero de guerra y que sus captores se preparaban a interrogarlo, vio ante sí a un hombrecito tan arrugado como su uniforme, quien cojeaba y sólo podía caminar con la ayuda de un bastón. Jahnke fue prontamente evacuado en cuanto el oficial con el bastón percibiera sus heridas.
Quien ordenara evacuar al Teniente Jahnke era nada menos que el único general aliado y el soldado más viejo que desembarcara en Normandía el día “D” con la primera oleada de asalto. Su nombre era Theodore Roosevelt Jr., también era el hijo mayor del desaparecido Presidente del mismo nombre y primo del entonces Presidente Franklin D. Roosevelt. El Brigadier General Roosevelt era el segundo al mando en la División número 4 del Ejército de los Estados Unidos.
Nadie ordenó el desembarco de Roosevelt, quien tenía 57 años de edad, para exponerlo al mismo peligro mortal que encaraban los jóvenes soldados en “Utah Beach”. Fue él quien se prestó de voluntario para “ayudar a la moral de la tropa”. Roosevelt tuvo que insistir en esa iniciativa antes de obtener el consentimiento de su jefe, el legendario General Omar Bradley, entonces Comandante del Primer Ejército Noreamericano.
Arrojo increíble ante el peligro era la actitud típica de Roosevelt, quien había servido heroicamente en 1918 con el Ejército Expedicionario Norteamericano. Durante esa campaña y al frente de un regimiento de infantería, Roosevelt ganó la “Distinguished Service Cross”, pero el frío y la humedad de las trincheras le provocaron artritis, dolencia que lo castigó por el resto de su breve vida, forzarándolo a caminar con la ayuda de un bastón. Roosevelt padecía también de arritmia cardiaca.
Sin embargo, las experiencias terribles de la Primera Guerra Mundial no afectaron su voluntad indomable ni disiparon su entusiasmo. Roosevelt fue uno de los fundadores del “American Legion”, una de las más prestigiosas asociaciones de veteranos en Norteamérica. Fue electo a la Asamblea del Estado de New York y, al igual que su famoso padre, fue Subsecretario de Marina de 1921 a 1924. Sirvió también como Gobernador de Puerto Rico entre 1929 y 1932.
En las dunas y los valles encharcados de “Utah Beach” y solamente armado de su 1911 Colt 45 “Government model” y su bastón, avanzó Roosevelt su diminuta y dolorida humanidad desafiando el fuego enemigo para encontrar una dirección a sus tropas más allá de la cabeza de playa. Los soldados de Roosevelt habían desembarcado erróneamente muy lejos del objetivo original. Su famosa frase al verificar su equivocada posición fue más tarde reproducida en la película “The Longest Day”, basada en el libro del mismo nombre por el historiador Cornelius Ryan: “Desde aquí mismo empezamos la guerra”. Aproximadamente un mes después de su desembarco en Normandía, Roosevelt sufrió una “coronaria” masiva que abrumó su fatigado corazón. Por su conducta heroica en acción de guerra el Brigadier Roosevelt recibió póstumamente la Medalla de Honor, siendo enterrado con ritos marciales en el cementerio que para norteamericanos caídos en combate se erigiera cerca del poblado de Sainte-Mére-Eglise. Una más, entre las decenas de miles de cruces norteamericanas que florecen en el suelo de Francia.
¿Era esa la conducta que puede esperarse de un supuesto privilegiado? Creo que es muy interesante y aleccionador estudiar el comportamiento de muchos de los considerados beneficiarios del sistema político-económico que el socialismo (el de marca doméstica se hace llamar “liberalismo”) acusa de “plutocracia”. No hace mucho fui testigo de una barbaridad expresada por un joven bitongo latinoamericano, quien, para corear absurdos similares de otro comentarista “impromptu” afirmara con énfasis: “Este país nunca ha hecho nada para ayudar a nadie en este mundo”. Por respeto a una casa ajena donde era huésped circunstancial, opté por el comportamiento civil, haciendo oídos sordos a la soberana estupidez.
Imaginemos que la Guerra Civil en Estados Unidos hubiera resultado en un final diferente, con la Confederación del Sur teniendo éxito en separarse de la Unión. No me gusta hacer conjeturas históricas, pues como en todas las conjeturas, no existe manera de comprobar objetivamente su validez. Sin embargo, ¿alguien se imagina cómo hubiera sido el mundo en la alborada del siglo XX sin los Estados Unidos? Al surgir en América del Norte dos naciones débiles y antagónicas, en lugar de la estable y poderosa república que conocemos, ¿hubiera sido ello negativo o positivo para el resto de la raza humana?
De no haber existido la Unión Norteamericana, con su ayuda material y solidaridad política, ¿habría Juárez prevalecido sobre el imperialismo europeo en el México del siglo XIX? ¿Habrían los anglo-franceses derrotado la ofensiva imperialista germana (imperialismo real, no de propaganda) que dirigiera Ludendorf en 1918? ¿Se hubiera liberado Europa del dominio Nazi en 1945? ¿Se habría derrumbado el archicriminal Imperio Soviético en 1991?
Creo que huelga hacer referencia a la inmensa ayuda material recibida en todo el mundo de la caridad norteamericana, aliviando desgracias naturales como terremotos, huracanes, inundaciones, pestilencias y todo tipo de desastres similares, sin parar mientes en donde ocurran. Sobre todo considero infinitamente admirable la total dedicación de muchos norteamericanos a legítimas causas, sean ellas la libertad de otras naciones o la seguridad nacional. Dedicación que incluye con inusitada frecuencia el sacrificio de quienes podíamos considerar encumbrados y exentos del peligro.
En otras latitudes, como Corea del Norte o Castrolandia,
el único
denominador común entre la élite dirigente es el disfrute
del poder y sus continuas maquinaciones para mantener ese disfrute.
© Hugo J. Byrne
La Columna de Hugo J. Byrne
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