

"Camaleón"
Dedicado a Colombia y a mis lectores y amigos colombianos,
que son buenos
y muchos.
El camaleón es un lagarto inconfundible por su forma aplastada por
los lados y como todos los otros lagartos, capaz de mimetizarse mediante
el cambio de color en su piel, pero a una velocidad muy superior a la del
resto. Tiene cola prensil que enrolla cuando no está en uso y como
ella, sus patas agarran las ramitas de los plantas entre las que deambula,
con la firme sujeción de pequeñas manos, en vez de las garras
comunes en otros lagartos. Su cabeza es como su cuerpo, aplastada y sus ojos
saltones a ambos lados de ella pueden fijar simultáneamente la vista
en distintos objetos. En apariencias un camaleón luce como un chiste
de madre naturaleza; un lagarto bufón que mueve a risa, especialmente
cuando sigue con un soñoliento ojo todos los movimientos cercanos
en el mismo lado de su cabeza.
Sin embargo, para los insectos el carnívoro camaleón no es
chiste y si lo es, la broma es letal. Su nombre proviene de una raíz
griega que literalmente significa “león de la tierra”. ¿Por
qué los griegos llaman león a esta lagartija exótica?
Porque es uno de los depredadores más exitosos de todo el reino animal.
Puede moverse con lentitud y deliberación extraordinarias, adoptando
el mismo color de la vegetación que lo rodea y haciendo su avance
imperceptible a sus víctimas. Estas son todos los insectos que puedan
ser deglutidos por la garganta del camaleón. Una vez que este lagarto
llega a una distancia de su objetivo igual al largo de su cuerpo, los poderosos
músculos de su garganta disparan una enorme lengua que es, asombrosamente,
de la misma longitud. El extremo de la lengua segrega una substancia pegajosa
que se adhiere a la víctima, la que desaparece en su boca en fracciones
de segundo. Llegar a la posición deseada le puede tomar al camaleón
largos minutos, pero devorar su víctima sólo un instante.
Por eso el Comando de las Tropas Especiales del Ejército Colombiano
muy apropiadamente decidió llamar a su más reciente y positiva
accción anti-guerrillas “Operación Camaleón”.
El éxito del rescate de tres oficiales de policía y un sargento
del Ejército retenidos como rehenes por la guerrilla desde 1998, marca
el triunfo más rotundo de la ofensiva colombiana sobre la insurgencia
narco-terrorista hasta la fecha. La operación se desarrolló en
la Provincia oriental de Guavire, cercana a la frontera de Venezuela y en
medio de las selvas que rodean al río del mismo nombre. Los oficiales
eran un general, un coronel y un teniente coronel de la policía, además
de un sargento del ejército.
En julio del 2008 y solamente a unos 28 kilómetros al norte del sitio
donde se ubicaba el campamento terrorista que mantenía en cautiverio
a los cuatro militares, las mismas unidades y los mismos oficiales victoriosos
en “Camaleón”, utilizando tácticas diferentes,
rescataron a otro grupo de rehenes del terrorismo. Ese grupo incluía
a tres norteamericanos y a la ex-candidata presidencial Ingrid Betancourt,
quien simbolizara durante 6 años el triste predicamento de los cautivos
de las guerrillas marxistas en las selvas colombianas.
A diferencia de esa oportunidad, el presente rescate no fue incruento, sino
que culminó un combate sostenido con armas semiautomáticas
y granadas durante más de media hora. Como un verdadero camaleón
las Fuerzas Especiales prepararon la incursión durante seis meses.
De acuerdo a las versiones oficiales que omiten detalles de la operación
por razones de seguridad e inteligencia, no hubo muertos entre los 300 hombres
del Ejército Colombiano que participaran en la acción. No se
sabe si hubo heridos entre los soldados, o la cantidad de bajas terroristas.
Por declaraciones de uno de los rescatados, un sonriente sargento del Ejército
rodeado por su famila y evidentemente disfrutando de su recién obtenida
libertad, los terroristas corrieron despavoridos hacia la selva dejando atrás
una secuela de armas, equipos y vituallas.
La similitud entre ambas incursiones y la que ocurriera contra el campamento
del terrorista conocido por Raúl Reyes al oeste de Colombia y dentro
de territorio ecuatoriano es, para un servidor de los lectores, la precisión
en localizar los objetivos. Esto aparenta reflejar nada más y nada
menos que el Alto Mando de Colombia ha logrado infiltrar efectivamente al
grupo criminal llamado Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Para
estas últimas eso puede significar el definitivo beso de la muerte
en fecha no lejana.
Para Colombia la victoria y el rescate en Guavire es un hito en el camino
a la paz, tan deseada por esa sufrida y laboriosa nación que durante
dos siglos de independencia sólo ha contado con 40 años de
tranquilidad civil. Puede que sea también la consolidación
final de la estabilidad republicana en ese pueblo, si, como todo parece indicar,
el próximo 20 de junio los colombianos deciden continuar el presente
proyecto oficial de desarrollo, inversión y mercado libre, rechazando
la demagogia populista de los (roji)verdes.
Para Sudamérica y el resto del continente, el combate sorpresivo y
abrumador en la selva de Guavire puede ser también un portento de
futura estabilidad. Cómo vaticinara desde esta columna, el nuevo gobierno
conservador de Chile está expandiendo sus relaciones comerciales con
Colombia y substituyendo rápidamente al mercado venezolano, arbitrariamente
suspendido por la dictadura chavista a despecho del interés de Caracas.
¿Asistimos a la marea alta del chavismo? ¿Serán los
petrodólares del antropoide llanero incapaces ya de comprar un futuro
tenebroso para el Continente? En mi humilde opinión puede que la respuesta
se decida antes de fines del año en curso.
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