

Benouville
En una de las más notables novelas cortas de Arthur Conan-Doyle, “The
Hound of the Baskervilles”, el legendario detéctive Sherlock
Holmes dice a su contrapartida el Dr. Watson, que sus observaciones (las
de Watson) sirven sólo por erróneas y despistadas para
que resalten por contraste las verdaderas conclusiones lógicas.
Todo el que haya leído la historia contemporánea podría
aplicar idéntico análisis a los comentarios de los “talking
heads” de la televisión y en especial de quienes analizan
las opiniones de los candidatos presidenciales.
Durante el primer debate y hablando con gran autoridad sobre un tema
probablemente bien conocido, el candidato republicano caracterizó el
desembarco aliado en el norte de Francia el 6 de junio de 1944, como “la
mayor invasión en la historia”. Casi inmediatamente, uno
entre el coro insufrible de comentaristas de CNN, ¿o sería
Fox News? calificó de errónea dicha declaración,
agregando que tanto la sorpresiva invasión de la Unión
Soviética por Hitler en el verano de 1941, como la ofensiva soviética
que culminara en la toma de Berlín cuatro años después,
fueron acciones bélicas de mucha mayor envergadura.
Aunque en realidad sólo la primera de esas dos ofensivas pudiera
ser clasificada como “invasión”, es cierto que las
dos operaciones militares a las que se refería el despistado comentarista
fueron cuantitativamente mayores que el desembarco aliado en Normandía,
tanto en número de hombres como en material bélico (excepto,
por supuesto, el tonelaje de embarcaciones). Sin embargo, ninguna de
esas operaciones contemplaba las enormes dificultades de atacar una costa
fortificada y ninguna incluía la logística complicadísima
de una operación aeronaval en inmensa escala y el transporte de
todas las tropas por mar, para ser desembarcadas en medio de la batalla.
Aún contando con una superioridad formidable en la superficie
del Canal de la Mancha, la misma que se acredita con la victoria sobre
la muy sangrienta campaña submarina alemana conocida como “Batalla
del Atlántico”, todas las tropas aliadas que se pudieron
embarcar hacia Normandía el día “D” apenas
llegaban a 176,000 hombres. Esa tropas pudieron ser decimadas en las
playas por las fuerzas a la disposición de Rommel y Rundstedt.
En uno de los dos sectores norteamericanos estuvieron a punto de serlo.
Nadie con un poco de conocimiento en historia o estrategia militar abriga
la menor duda que la decisión aliada de invadir Europa continental
fue un juego del todo por el todo y que esa victoriosa empresa de junio
6 de 1944 pendió de un hilo durante largas y angustiosas horas.
Nadie disputa que esa victoria pudo haberse convertido en una derrota
sangrienta de no haber sido por los errores estratégicos del alto
mando alemán. Esos errores se reflejan típicamente en las
posteriores declaraciones del Teniente General Hans Speidel, Jefe Ayudante
de Rommel, futuro general de la República Federal Alemana y el
mejor estratega del alto mando nazi en esa hora difícil: “Era
imposible ordenar movimientos estratégicos en las primeras horas
de la invasión... Nada podíamos hacer excepto esperar pacientemente”.
No hay dudas de que el éxito en establecer el segundo frente occidental
fue un elemento decisivo en acelerar la victoria aliada en Europa. Ese éxito
rubricó la superioridad militar angloamericana hombre por hombre,
frente a un Ejército alemán hasta poco antes considerado
virtualmente invencible.
Nada ejemplifica esa superioridad militar aliada mejor que la historia
dramática de la invasión aerea de Normandía, que
precediera por varias horas al desembarco en las playas y de cuyo éxito
enorme se conoce poco en detalles. De ese asalto de tropas aerotransportadas,
lanzadas en paracaídas o aterrizadas mediante uso de “gliders” (planeadores),
sólo se ha hecho énfasis popular en el que protagonizaran
los norteamericanos de las Divisiones 82 y 101 en y alrededor de Saint
Mere Eglise, gracias a la obra “The Longest Day” del desaparecido
historiador Cornelius Ryan.
Sin embargo, la acción de guerra más decisiva de tropas
aerotransportadas en ese día no sucedió en Saint-Mere Eglise,
sino en Benouville, aldea al norte-noreste de la ciudad de Caen, la más
importante y populosa ciudad francesa en esa área. Benouville
se encuentra al extremo oeste del único puente que entonces existía
sobre el Canal de Caen, el que saliendo desde la ciudad del mismo nombre
avanza paralelo y a la izquierda del río Orne hasta desembocar
al mar.
A cargo de esa acción estaba la Sexta División Aerotransportada
Británica, cuya misión incluía asegurar el puente
sobre el Canal de Caen y el que pasa sobre el río Orne y demoler
otros cinco puentes sobre el río Dives, que corre al este y paralelo
al Orne desde que fluye a través del pueblecito de Troarn sito
en la estratégica carretera entre Caen y Calais. Las operaciones
de la Sexta División empezaron poco después de la madrugada.
A pesar de que el viento esparció a los paracaidistas en todas
direcciones, ahogándose muchos en los pantanos del Dives, la mayoría
logró reunirse en semblanza de unidad militar. El Mayor General
Richard Gale, al frente de la operación, cabalgó como un
caballero andante hasta el castillo previamente escogido como centro
de comando y control. Lo hizo montando un caballo que tomara “prestado” de
la granja donde lo depositara un glider “Horsa”. Los británicos
a su mando cumplieron sus objetivos con una rapidez y eficiencia no vistas
en la guerra desde que las tropas especiales alemanas conquistaran el
fuerte Eben-Emael en Bélgica durante la Blitz de 1940.
Cuatro de los cinco puentes del Dives fueron destruídos en secuencia
cronométrica. Los Horsas con los paracaidistas encargados de la
demolición del quinto puente bajaron bastante lejos de él.
Sin embargo, nueve hombres del “team” de demolición
encontraron un jeep arrastrando un trailer y en él alcanzaron
Troarn, atravesando como una tromba su calle principal, mientras intercambiaban
fuego con los sorprendidos alemanes. Alcanzado el puente, procedieron
a volarlo y abandonando el jeep, retrocedieron a pie. Al alcanzar el
poblado de Rainville, al este del Orne y primera comunidad urbana de
Francia en ser liberada el día “D”, los nueve harapientos
veteranos de la demolición del puente, quienes parecían
evacuados del infierno, llegaron al portal de una clinica de maternidad
y conversaron con una sorprendida anciana, la directora del establecimiento.
Tratando de identificarse, el teniente al frente de la escuadra dijo
en su infernal francés que ellos eran el “Ejército
de liberación Británico”. La vieja abrió los
ojos desmesuradamente: “¿Todos ustedes?”
Mientras tanto los paracaidistas al oeste del Orne, se lanzaban sobre
sus objetivos en seis “gliders”; los “paras” de
tres de ellos tomarían el puente del Canal y los otros tres el
puente sobre el Orne. Los tres Horsas del Canal depositaron su carga
humana logrando estacionarse a menos de 50 yardas entre sí. El
Mayor John Howard quien comandaba la operación, aseguró con
esa tropa Benouville y el puente, en menos de diez minutos, a pesar de
la ferocidad de los defensores. Los otros tres Horsas no lograron un
aterrizaje perfecto, cayendo a varias millas del objetivo. Sin inmutarse
los paracaidistas alcanzaron el puente a la carrera. Ante su empuje las
tropas enemigas ya se habían retirado. Todos los objetivos británicos
fueron rápidamente alcanzados. Los alemanes inventaron las operaciones
de “comando” en 1940, pero cuatro años después
eran fáciles víctimas de su propio invento.
El entonces jefe de la Real Fuerza Aérea, Mariscal Leigh-Mallory,
calificó el descenso de los Horsas de Howard en el Canal, como “la
hazaña de aterrizaje preciso más extraordinaria de toda
la guerra”. La toma de los puentes de Caen y el Orne y la destrucción
de los cinco del Dives demoró por preciosas horas cualquier posible
riposta alemana a la invasión aerea en el norte de Francia.
Tratando de poner en tela de juicio ciertas conclusiones en un número
anterior de esta columna, una lectora avanzó la idea peregrina
de que el soldado es “por naturaleza enemigo de todo el mundo”.
No soy militarista, pero no podía estar en mayor desacuerdo con
esa noción absurda. Quienes han tenido que enfrentar violencia
diaria en detrimento de su integridad física y a riesgo de su
vida, son los más ardientes defensores de la paz. Sin embargo,
cuando un peligro real nos amenaza no existe substituto práctico
a la determinación y eficiencia de un verdadero soldado, como
lo demostrara la hazaña de Benouville durante la madrugada memorable
del 6 de junio de 1944.
© Hugo J. Byrne
La Columna de Hugo J. Byrne
Para
recibir el boletín de Contacto
con nuevos artículos...
©
Contacto Magazine
Todos los Derechos Reservados. Prohibida la reproducción total o parcial
de los contenidos periodísticos de Contacto Magazine en medios impresos,
radio y televisión, libros, sitios web de Internet, CDs, DVDs y otros
medios de comunicación masiva. Los interesados en recibir una licencia
de reproducción del contenido de Contacto Magazine, pueden enviar
una solicitud al editor.
América-Mundo,
Arte y Cultura, Espectáculos,
Ciencia y Salud, Latinos
en EE.UU., México, Cuba,
Tecnología, Un
Poco de Humor, Comida
Latina, Portada,
Directorio Comercial
Clasificado
