| De
Guitarras, Oleos y Poemas
Debate Acerca de Qué Lado Está la
Cultura Cubana
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
En los tiempos en que la gran poetisa cubana Gertrudis
Gómez de Avellaneda vivía y escribía fuera
de Cuba, o cuando José Martí inauguró la revista
infantil La Edad de Oro a miles de kilómetros de los círculos
literarios de la isla, nadie debatía si la cultura cubana
se desarrollaba dentro o fuera de la nación caribeña.
Tampoco existía esa controversia cuando Wilfredo Lam pintaba
sus frescos en París, cuando Dámaso Pérez Prado
daba vuelo a su "mambo" en México, ni cuando Mario Bausá,
Chano Pozo y Chico O'Farrill participaban de la creación
y el desarrollo del jazz afro-cubano en Nueva York.
Hoy día ese debate ha cobrado una fuerza extraordinaria
debido a múltiples matices. Apoyados unos, consciente o inconscientemente,
en la retórica de la élite gobernante cubana de que
el exilio no forma parte de Cuba, y asidos otros a que nada de lo
que se produzca bajo la tutela del castrismo tiene valor trascendente,
el debate crece y se acalora en medio de las pasiones propias de
un temperamento nacional que no se resigna a perder discusiones.
No es posible otorgarle la razón a uno u otro
bando sin antes detenerse un instante a explorar las causas que
han provocado ese debate. Y, más que nada, sin antes echar
un vistazo a las condiciones en que se ha gestado la cultura artística
y literaria de Cuba en los últimos 42 años.
Pero sí es muy importante saber que en ninguna
otra época de la historia de la isla, casi el 20% de la población
cubana vivió en el extranjero como ahora, ni tan alto número
de escritores y artistas de importancia debieron radicarse en España,
Francia, Inglaterra, México y Estados Unidos.
Las últimas páginas del libro "Informe
Contra Mí Mismo", del laureado escritor Eliseo Alberto, constituyen
casi un directorio de dónde se encuentran, fuera de Cuba,
los principales artistas y escritores cubanos de esta época.
De manera que este debate trasciende la polémica
transitoria generada por las giras de músicos cubanos a Estados
Unidos, polémica alentada por los círculos que lucran
con esas giras y por sectores del exilio cubano que ante la frustración
que les produce cuatro décadas de castrismo sin esperanzas
de democracia, se dejan atrapar por la peligrosa actitud de atacar
a artistas en lugar de concentrar su fuego en los verdaderos círculos
represivos de la Cuba de hoy.
Libertad de Expresión
En diciembre de 1948, la Organización de Naciones
Unidas (ONU) proclama la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, y la humanidad civilizada -Cuba incluida- acepta como válido
el derecho a la libertad de expresión. Desde la aprobación
de este documento lapidario, la vida de artistas y escritores toma
un nuevo giro a nivel mundial, especialmente la vida de aquéllos
que se dedican a exponer ideas a través del arte. Simplemente,
se da por hecho que sólo en el marco de la libertad de expresión,
el arte puede expresar con legitimidad los complicados vericuetos
de la sociedad moderna, sin miedo a la censura, sin autocensura
y sin doble moral. Esta es la razón por la cual los intelectuales
que se pliegan a las dictaduras pierden el respeto de la gente seria.
Ciertamente, Moliére, Shakespeare, Vivaldi,
Cervantes y Velázquez trascendieron pese a haber creado toda
su obra en ambientes ajenos a la libertad de expresión, tal
como ésta se conoce hoy día. Pero también es
cierto que toda la especie humana vivía entonces bajo las
mismas condiciones que tuvieron aquellos grandes de la pluma, el
pincel o las notas musicales.
Tampoco hoy día, inclusive en Estados Unidos,
la libertad de expresión es completa. Entre los que pagan
la producción y financian la compra de una obra de arte,
hay quienes por las más disímiles razones imponen
la censura. Pero siempre hay otro productor u otro comprador que
abre las puertas. De esto no están exentos en Estados Unidos
y otros países quienes crean obras críticas del castrismo,
como fue el caso de la película "Azúcar Amarga", de
León Ichaso, ignorada en varios festivales internacionales
de cine.
Fue la libertad de expresión francesa, la que
creó el ambiente cultural propicio para que artistas y escritores
de muchas latitudes se establecieran en París a lo largo
de varios siglos. Y fue la horrorosa ausencia de libertad de expresión
la que impidió que muchos escritores rusos de este siglo
tuviesen la trascendencia del gran poeta Alexander Pushkin, que
hizo toda su obra en la época de los zares y estuvo censurado
por uno de ellos, pero luego fue rehabilitado por Nicolás
I. O la de su compatriota Fiodor Dostoevski, quien hizo su monumental
novela "Los Hermanos Karamazov", en 1880, sin las nocivas influencias
del "realismo socialista" que se ensañó con los escritores
en la Unión Soviética de José Stalin y la posterior,
hasta la llegada de Mijail Gorbachov en 1985.
Arte y Política
Cualquier persona medianamente informada de las experiencias
sufridas por el arte y la literatura de Cuba, conoce la historia
de un inocente documental titulado "PM", de Orlando Jiménez
Leal y Sabá Cabrera. Eran sólo imágenes de
bares nocturnos habaneros de segunda mano. Pero "PM" se convirtió
en histórico. El gobierno cubano lo prohibió en 1961
y convocó a una reunión con los intelectuales cubanos
en la que Fidel Castro dijo su tristemente célebre frase
"dentro de la revolución todo, fuera de la revolución
nada". En ese momento se selló el futuro de la libertad de
expresión del arte y la literatura de Cuba, y las posibilidades
de autenticidad y trascendencia de sus temas, pese a la fundación
de escuelas de formación de talentos y la creación
de una infraestructura cultural notable.
Desde entonces, los intelectuales cubanos que han
dependido del gobierno cubano huyeron de los tópicos de actualidad
por miedo, trataron esos tópicos a medias, o simplemente
algunos de ellos mintieron sobre su época. Alejo Carpentier,
por ejemplo, hizo una excelente literatura en el "El Siglo de las
Luces" y otras obras en la década de los 50, fuera de Cuba.
Pero al integrarse a las esferas oficiales cubanas como funcionario,
no volvió a escribir una novela de aquella magnitud y, por
supuesto, nunca tocó la actualidad cubana de su tiempo.
En 1970, el poeta cubano Heberto Padilla publica su
libro "Fuera del Juego". Se atreve a sugerir, a través de
imágenes poéticas, cuestionamientos a la nueva sociedad
cubana. Es encarcelado y sometido a un juicio "stalinista" que provoca
la ruptura de importantes escritores latinoamericanos y europeos
con el régimen de Fidel Castro, muchos de los cuales ya se
habían distanciado de La Habana por el apoyo de Castro a
la invasión soviética de Checoslovaquia, en 1968.
Otros artistas y escritores cubanos, tal vez menos conocidos, vivieron
experiencias similares a las de Padilla. En 1971, el Congreso Nacional
de Educación y Cultura organizado por el gobierno de Castro,
terminó por "stalinizar" la cultura de Cuba prohibiendo no
sólo los temas controversiales, sino también las formas
y los estilos "burgueses", para abrir paso al llamado "realismo
socialista".
Con este panorama, no es difícil definir de
qué lado se gestó la censura y el radicalismo. De
modo que quienes afirman que el arte y la política no deben
ir de la mano, posiblemente tienen razón, en teoría.
Pero es obvio que en el caso cubano, como en muchos otros, la política
ha tenido un impacto profundamente negativo en el arte. Y esas personas
deben entender que la verdadera censura que afecta a la cultura
cubana no la implantaron los exiliados anticastristas.
La década de los 90, con la estrepitosa caída
del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión
Soviética, crea nuevas expectativas de cambio. Sin embargo,
a lo largo de la década abandonan Cuba importantes intelectuales
y artistas, entre ellos la ahora exitosa escritora Zoé Valdés,
la poetisa María Elena Cruz Varela, la cantautora Albita
Rodríguez, el pintor Tomás Sánchez, el cineasta
Mario García Joya y el propio Eliseo Alberto, ganador del
Premio Alfaguara en 1998, entre otros muchos.
En febrero de 1999, luego de la aparición de
artistas contestatarios, opositores pacíficos y periodistas
independientes dentro de la isla, se aprueba en Cuba la Ley de Protección
a la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, también
llamada "ley mordaza", con fuertes penas de cárcel para quienes
disientan. Inclusive los partidos socialistas de Brasil e Italia,
parlamentarios de Uruguay e intelectuales mexicanos han condenado
la ley. Las esperanzas se pierden. La represión castrista,
que sufrió resquebrajaduras en los 90, pretende recuperarse
y regresar a los 70.
Conclusión
¿Significa todo lo anterior que Albita, por vivir
en Estados Unidos, es artísticamente más o menos importante
que Juan Formel que vive en Cuba? ¿O Chucho Valdés por
vivir en Cuba es más o menos importante que Paquito D'Rivera,
Juan Pablo Torres o Arturo Sandoval, que han decidido vivir en territorio
"enemigo"?
En realidad, la situación geográfica,
física, de los artistas y escritores dice poco de la validez
de su arte, como tal. Es su obra la que habla por ellos. Tal vez
esa ubicación diga mucho de sus ideas políticas, eso
sí.
Pero aún así, podría ser un lamentable
disparate afirmar que la cultura cubana está fuera de Cuba.
Lo mismo podría ocurrir si se dice que está sólo
dentro de Cuba, dadas las peculiaridades que ha sufrido el arte
cubano.
Un vistazo rápido podría indicar, sin
embargo, que no hay en Cuba saxofonista alguno de la estatura de
D'Rivera, ni trombonista como Torres, ni escritor como Cabrera Infante,
ni trompetista como Sandoval, ni pintor de la importancia de Cundo
Bermúdez, ni dramaturgo como Pepe Triana. Ni ha habido fuera
de Cuba bailarina clásica de la trascendencia histórica
de Alicia Alonso, ni cineasta exiliado con la copiosa obra del fallecido
Tomás Gutiérrez Alea (Titón), ni compositor
y pianista de su género del tamaño de Chucho Valdés.
De los tres ejemplos de artistas que han vivido en
Cuba, sólo Gutiérrez Alea pertenece al mundo de las
ideas fuertes. Inteligentísimo cineasta, Titón se
escudó en la historia y los temas afrocubanos durante varias
décadas. Sólo al principio de su carrera se aventuró
con un tema de actualidad y fue importante: "Memorias del Subdesarrollo".
Y al final de su vida, filmó "Fresa y Chocolate" y "Guantanamera",
con los cuidados propios de la sociedad en que vivía. Es
decir, con no poca autocensura.
Es muy posible, entonces, que aquéllos que
se dedicaron al arte de ideas pasen al subjetivo territorio de la
interpretación de las ideas, con su derecho a tener ideas.
Los que mintieron sobre Cuba en sus obras de arte, cualquiera que
haya sido su bando, posiblemente quedarán atrapados en ese
espacio inválido reservado a los falsificadores. La historia
será su peor tribunal, en caso de que valga la pena hablar
de ellos.
Y los que usaron el arte para venerar la represión
en lugar de venerar la libertad de expresión, sufrirán,
sin dudas, el desprecio de la historia. El olvido de Cuba.
(Hernández Cuéllar, director de Contacto,
es autor de las obras teatrales Gente de Aquí, Gente de Allá,
La Macabra Pesadilla de un Buen Soldado e Invierno en Hollywood,
esta última estrenada en inglés y español en
Los Angeles, y en español en Miami, Florida, y Valencia,
España. Es autor de la novela Morir a Manos del Fuego, finalista
del Premio Letras de Oro, de la Universidad de Miami, en 1992).
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