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  Editorial

La Distancia que Nos Separa de la Paz

Cuatro semanas después de los ataques terroristas contra Nueva York y Washington en septiembre de 2001, Al-Qaeda planeó un atentado similar contra la Library Tower de Los Angeles, actualmente la US Bank Tower, que es el edificio más alto de la costa oeste de Estados Unidos.

Con ayuda de un gobierno del sudeste asiático se pudo abortar el ataque, que fue planeado por Khalid Shaykh Muhammad, uno de los cerebros del 9/11.

Según información de inteligencia revelada por el presidente George W. Bush el 9 de febrero, Muhammad reclutó a miembros del grupo terrorista asiático "JI", a través de su líder, conocido como Hambali. Este individuo agrupó a varios miembros asiáticos afiliados a Al-Qaeda, que se entrenaban en Afganistán. Ese grupo se reunió más tarde con Osama Bin Laden, para planear el ataque contra Los Angeles.

El hecho de ser asiáticos y no árabes, habría despertado menos sospechas en los aparatos norteamericanos de seguridad. Pero un gobierno asiático no especificado por Washington, capturó a uno de los dirigentes del grupo a principios de 2002. Gobiernos aliados que tampoco fueron especificados, capturaron a otros miembros del operativo, con lo cual fue posible detener el ataque, que se llevaría a cabo mediante el secuestro de un avión comercial que finalmente se estrellaría contra el rascacielos del centro de Los Angeles. Los terroristas llevarían bombas en sus zapatos para abrir la cabina del avión y apoderarse de los controles. Algo muy parecido a lo que habían hecho contra las Torres Gemelas de Nueva York.

Muhammad fue capturado en Paquistán en marzo de 2003. El verano de ese año, Hambali fue arrestado por fuerzas de seguridad, en el sudeste de Asia.
Habría sido fatal para Estados Unidos que ese atentado hubiese tenido éxito.

El debate y la realidad

La guerra contra el terrorismo ha suscitado un acalorado debate en Estados Unidos, especialmente en torno a las decisiones tomadas por el presidente Bush, sobre todo a partir del fiasco de las armas químicas en Irak. Se puede estar del lado de los defensores de Bush o del lado de los críticos del presidente, en cuanto a cómo desarrollar esta cruzada. Se puede estar a favor o en contra de la idea de que la guerra en Irak es parte de la batalla contra Al-Qaeda y otros grupos terroristas. Se puede estar a favor o en contra de la decisión del gobierno de realizar espionaje telefónico, como medida de seguridad. Se puede profundizar en el debate de si es o no válido sacrificar cierto grado de libertad en función de la seguridad. Inclusive se puede debatir a fondo si las amenazas terroristas contra Estados Unidos son o no producto de la política exterior norteamericana. Se le puede creer o no a Bush acerca de que el plan de ataque contra Los Angeles realmente existió, ya que puede tratarse de otro error de inteligencia.

Pero no se puede perder de vista que desde el primer ataque contra el World Trade Center, en 1993, ocho años antes del 11 de septiembre de 2001, los norteamericanos han sido blanco de fuerzas violentas y despiadadas, para las cuales es igual lanzar un ataque contra un destacamento militar que secuestrar y ejecutar a civiles inocentes. Esas fuerzas están integradas por individuos dispuestos a suicidarse con tal de matar.

Como se ha visto últimamente, Al-Qaeda es más que una organización terrorista, Al-Qaeda es el sentimiento de miles de musulmanes extremistas que promueven el exterminio de valores occidentales tales como la libertad, los derechos humanos, el desarrollo científico y la prosperidad económica. ¿Por qué? Porque el radicalismo es hijo de la ignoracia y la ignorancia es la madre del fanatismo.

Guerra e historia

Esta guerra no comenzó siquiera en 1993 durante el primer ataque contra el World Trade Center. Comenzó el 15 de mayo de 1948, un día después de los festejos por la fundación del estado de Israel, creado por decisión de la Organización de Naciones Unidas con el fin de darle un espacio donde vivir a judíos y palestinos. Ese día, cinco naciones árabes, Egipto, Irak, Líbano, Siria y Jordania, atacaron a Israel. Sólo a finales de 1948, Israel pudo desplazar de su territorio a esas fuerzas militares, y como medida de seguridad ocupó la mitad del territorio en que debían vivir los palestinos, para que la población civil israelí no fuese blanco del incesante cañoneo de esos ejércitos árabes. Esa es la verdad histórica.

Desde entonces, Estados Unidos y las principales potencias europeas se han visto en la necesidad de proteger al pequeño estado judío. Los gobiernos árabes, con el paso de los años, han ido aceptando el derecho de Israel a existir como estado y como nación. Pero grupos radicales de varios países árabes, insisten en destruir al estado judío y culpan a Estados Unidos y parte de Europa de la ausencia del estado palestino en el Medio Oriente, prometido por Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial. Han sido décadas de agresiones mutuas, con saldo de miles de muertos.

En un esfuerzo por equilibrar esta crisis en el Medio Oriente, Estados Unidos y Europa fomentaron elecciones parlamentarias en los actuales territorios palestinos. La respuesta: los palestinos eligieron por mayoría a uno de sus peores grupos terroristas, Hamas, que promueve la destrucción de Israel y aún después de elegido se niega a deponer las armas y a comportarse como un partido político.

Las incendiarias manifestaciones contra embajadas europeas en países árabes por la reciente publicación de unas caricaturas del profeta Mahoma en varias publicaciones de Europa, son, por otra parte, todo un símbolo del explosivo polvorín que separa a Occidente del mundo árabe. Manifestantes y gobiernos árabes no entienden que los gobiernos de Europa no pueden prohibir la libertad de expresión, ni siquiera en el espinoso tema de la religión.

De manera que más allá de las simpatías o las antipatías por Bush, el peligro de confrontación está ahí a flor de piel, día a día. Era Harry Truman y no Bush el inquilino de la Casa Blanca, cuando las cinco naciones árabes atacaron a Israel. Era Bill Clinton y no Bush el presidente de Estados Unidos, cuando Al-Qaeda atacó el World Trade Center en 1993, dos embajadas de Estados Unidos en Africa con saldo de 260 muertos en 1998, y el barco militar "Cole" en Yemén, en el año 2000, provocando la muerte de 39 marineros norteamericanos.

No es un asunto de Bush, es un choque de civilizaciones en medio del cual hay fuerzas enemigas de Occidente que están viviendo ahora las experiencias políticas y religiosas que Occidente vivió durante la Edad Media.

Lo peor de todo es que durante la Edad Media, la paz no era un concepto familiar, ni siquiera popular. Todo debate posible nos lleva al mismo callejón sin salida: hemos aprendido con amargura que la guerra es horrible, pero también sabemos ahora más que nunca que estamos terriblemente lejos de la paz.





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