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Un
Secreto Bien Guardado:
los Pueblos Cautivos de Cuba
Por ALEIDA DURAN
Ocurrían los tristemente célebres desalojos de campesinos
de la Sierra del Escambray, a principios de los años 60. Evelio
Duque, quien comandaba guerrillas alzadas en armas contra el régimen
implantado en Cuba en 1959, cuenta que de las miles de casas que había
en el Escambray, 8 de cada 10 eran quemadas por las milicias de Fidel
Castro. El ejército evitaba así que los campesinos de
la zona proporcionaran alimentos o ayuda de cualquier tipo a los guerrilleros.
Los llevaban a lejanos lugares desérticos, preferiblemente
en la provincia de Pinar del Río, a los cuales llamaban granjas
pero que eran en realidad verdaderos campos de concentración.
Sandino era una de ellas.
Pero la pesadilla no terminó con el exterminio de las guerrillas...
Yunia Siverio es menuda, trigueña y bonita; le encantan los
espacios abiertos y tomar fotos de todo y todos. Ríe frecuentemente:
está feliz. Por primera vez, es una chica libre.
Han pasado 24 años desde que nació en Antonio Briones
Montoto, uno de los varios "pueblos cautivos" de Cuba. En
apariencia, pueblos que la mayoría de los cubanos no distinguen
de los demás porque el gobierno cubano se ha encargado de hacerlos
aparecer comunes y corrientes. Pero no lo son.
A la hermana de Yunia, Yusel, le gusta hablar y escribir, contar sus
experiencias, expresar lo que por tantos años calló.
Quizás algún día escribirá un libro y
contará la historia. Ahora tiene 27 años. Ella prácticamente
nació también en Antonio Briones. Fue llevada allí
con sus padres en un transporte custodiado por soldados cuando tenía
tres años de edad.
La familia Siverio, padre, madre y dos hijas, llegó a los Estados
Unidos en 1996, después de pasar más de 20 años
en Antonio Briones Montoto. Su padre y muchos otros, prisioneros como
él, construyeron esos pueblos con sus propias manos, acusados
de nada, sin que jamás se les celebrara juicio. Muchos de ellos
ni siquiera habían atentado contra el gobierno. Simplemente
habían vivido en el lugar equivocado en un tiempo equivocado.
El padre, Arsenio Siverio, es hoy un hombre de 60 años, alto,
delgado, con una mano casi inutilizada por una sierra de carpintero,
y el rostro y el alma zurcados por años de dolor y rabia.
Cultivaba un pedazo de tierra en la zona campesina de Fomento, provincia
de Las Villas, en la región central de Cuba. En 1960, cuando
tenía 20 años, grupos de cubanos descontentos por las
injusticias que cometía la revolución entronizada en
el poder desde el año anterior, se alzaron en armas en la Sierra
del Escambray, cercana a su humilde hogar, con la esperanza de derrotar
al régimen.
Según Duque, los alzados bajo su mando no eran más de
800, pero el gobierno desató contra ellos una ofensiva descomunal
con más de 10 mil hombres.
A escondidas, Siverio daba algunos alimentos a los alzados, los ayudaba.
A él tampoco le gustaba el nuevo régimen. Siempre había
sido pobre pero libre. Ahora seguía siendo pobre pero no se
sentía libre.
En 1963 fue arrestado y encarcelado por dos años. Su pequeño
cultivo y los pocos animales que criaba para el sustento familiar,
desaparecieron. Dos años después lo excarcelaron.
Campesino tozudo, volvió a cultivar la tierra y a criar pollos
y gallinas. El 15 de noviembre de 1971, mucho después de que
el foco rebelde hubiera sido aniquilado, lo visitaron milicianos del
régimen: tendría que acompañarlos a una reunión
en Santa Clara, capital de la provincia.
La "reunión" se celebró en el campo de deportes
de la Universidad de Santa Clara. Mil 44 hombres rodeados de ametralladoras.
"Ustedes son indeseables en la zona donde viven. Serán
trasladados a otro lugar. Sus familias serán avisadas para
que les envíen alguna muda de ropa", dijo el militar que
dirigía aquella extraña reunión. Siverio supo
que su nuevo esfuerzo de los años recientes volvería
a evaporarse. Pero no adivinaba lo que le esperaba.
El y todos los demás fueron trasladados en trenes de carga
a un área desértica de la provincia de Pinar del Río:
la llamada "granja tabacalera Sandino".
"Si se portan bien y trabajan duro, recibirán un pase
para visitar por unos días a sus familias, cada tres meses",
les dijeron.
Allí habían ido a parar también prisioneros,
ex prisioneros y campesinos desalojados hacía años de
esa y de otras zonas "de conflicto". Entiéndase en
donde vivían sospechosos de ser desafectos al régimen.
Un año más tarde, Siverio y muchos de sus compañeros
de cautiverio fueron trasladados a otra granja, Antonio Briones Montoto.
El régimen había decretado levantar pueblos con y para
desafectos al régimen. "Los evacuados del Escambray",
les llamaba el gobierno.
Poco a poco fueron construyendo edificios de 4, 8, 12, 24 o 30 apartamentos.
Aproximadamente cada tres meses los reclusos, "si se portaban
bien", recibían un pase de cinco días para visitar
a sus familias. Salían escalonadamente, por municipios, y siempre
custodiados por guardias. Si casualmente llegaba un dignatario extranjero
a Cuba en los días que les tocaba el turno, no había
salida. Tendrían que esperar otros tres meses.
Siverio afirma que en Cuba hay, por lo menos, siete u ocho "pueblos
cautivos" diseminados por las provincias de Pinar del Río
y Camagüey.
A medida que los edificios se terminaban, los "evacuados"
eran transportados a sus pueblos de origen a buscar a sus familias.
Siverio, su esposa Pilar y la pequeña Yusel, entonces de tres
años, reanudaron su vida familiar en aquel pueblo situado a
muchos kilómetros de distancia de su lugar de origen. Allí
nació Yunia.
Poco a poco las que antes habían sido granjas o lugares desiertos,
se fueron convirtiendo en pueblos con escuelas, centros de salud,
estación de policía, aparentemente en nada diferente
a cualquier otro pueblo. Pero en cada uno había un grupo que
daba órdenes y una masa popular con movimientos controlados.
"En la escuela éramos mal mirados por los maestros y rehuidos
por los hijos de los funcionarios: éramos hijos de presos políticos",
dice Yusel. "Tampoco podíamos ir a las mejores escuelas,
ni estudiar la carrera que quisiéramos. Cuando terminé
la secundaria yo quería estudiar medicina. No me lo permitieron:
era hija de un preso político".
Los padres trabajaban solamente en dos campos: la agricultura y la
construcción. Se les concedía permiso para viajar, por
ejemplo, a la capital de la provincia de Pinar del Río; pero
si había algún acto político no podían
salir del pueblo.
Gradualmente, gracias a las denuncias de los exiliados acerca de las
violaciones a los derechos humanos de los cubanos en la isla, el régimen
fue aflojando y la vida fue algo más fácil para las
poblaciones cautivas, o "evacuadas".
En 1980, tres o cuatro familias de Antonio Briones, a quienes sus
parientes en Estados Unidos fueron a buscar por el puerto de Mariel,
pudieron abandonar el país, sin sufrir actos de repudio, según
Siverio.
"El jefe militar advirtió a los que vinieron de otros
lugares con esa intención, que el nuestro era un pueblo diferente:
estábamos claramente definidos.Y que si había problemas,
probablemente los apaleados o muertos, serían ellos",
cuenta Siverio. No hubo ninguna manifestación de repudio "popular".
Tampoco la hubo contra Norberto Esquivel. Según el régimen,
él nunca estuvo preso. Era de Fomento, en donde nació
y vivió siempre.
Cuando llegó al poder el gobierno de Castro, rehusó
ser miliciano, o hacer guardias. Suficiente para ser considerado "enemigo
de la revolución".
Fue uno de los miles a quienes montaron en un tren militar y trasladaron
a Sandino y luego a Briones Montoto. Allí vivió, como
los demás, prácticamente en cautiverio.
Como no había sido sometido a juicio, no aparecía como
preso político. Cuando el acuerdo migratorio entre Estados
Unidos y Cuba permitió la salida de la isla de ex presos políticos,
y la entrada en este país, él no podía acogerse
al plan.
"Si no llego a encontrar guardado uno de los pases que me habían
dado al principio para ir a ver a mi familia, todavía estaría
en Cuba", dice Esquivel. El y su esposa Consuelo pudieron salir
en marzo de 1980, vía España. Ahora los Esquivel tienen
ese pase enmarcado en la sala de su hogar.
Por otra parte, la situación en los pueblos cautivos ha ido
cambiando en los últimos años. La población ha
aumentado con la llegada de nuevos pobladores y aunque allí
continúa viviendo gran parte de las familias iniciales, hoy
están en contra del gobierno muchos de los que antes estaban
a favor.
"Tanto, que yo recibí más de una propuesta de matrimonio
de muchachos que nos repudiaban cuando éramos niños.
Tenían la esperanza de poderse ir conmigo de Cuba vía
matrimonio", afirma Yunia con una sonrisa de satisfacción.
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