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Castro
y Pinochet, Rivales También
en la Guerra contra la Muerte
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
"Una de nuestras consignas era hacer de la cordillera de los
Andes la Sierra Maestra de América Latina, donde, primero,
hubiéramos fusilado a los militares, después a los opositores,
y luego a los que se opusieran a nuestro autoritarismo; y soy consciente
de que yo hubiera actuado de esa forma".
Jorge Masetti, ex guerrillero argentino-cubano
y desertor de los servicios de inteligencia cubanos en su libro "El
furor y el delirio"
Dos dictadores latinoamericanos fueron rivales estratégicos
durante los difíciles años de la Guerra Fría,
el cubano Fidel Castro y el chileno Augusto Pinochet. Muchos años
después, cuando aquella guerra de guerras es apenas una sombra
en la historia del siglo XX, Castro y Pinochet se mantuvieron compitiendo,
pero en la carrera contra la muerte. Pinochet murió primero.
Con 91 años cumplidos, Pinochet, al igual que en la política,
se retiró antes que Castro. En 1989 convocó a un plebiscito
democrático y perdió, tras 17 años como dictador.
Desde entonces una coalición de centro-izquierda gobierna un
nuevo Chile, demócratico y competitivo, mientras que el anciano
caudillo moría sin que sus enemigos consiguieran sentarlo en
el banquillo de los acusados, como deseaban. Con 80 años de
edad, Castro abondonó el gobierno "temporalmente"
en julio pasado luego de someterse a una cirugía intestinal,
que muchos dicen que es en realidad un cáncer estomacal que
lo tiene al borde de la muerte, cuando faltan sólo días
para que celebre 48 años en el poder. Posiblemente morirá
sin ir tampoco a los tribunales, como piden sus adversarios.
El 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet, jefe del Estado Mayor
de las Fuerzas Armadas de Chile, fue el protagonista de un golpe militar
contra el gobierno del presidente socialista Salvador Allende, golpe
ejecutado con el pretexto de impedir que el país suramericano
cayera en manos del comunismo. Miles de jóvenes fueron retenidos
en el Estadio Nacional, no pocos fueron asesinados allí mismo,
entre ellos el cantautor Víctor Jara. El Palacio de La Moneda,
sede del gobierno, fue brutalmente bombardeado. Salvador Allende había
prometido que sólo muerto saldría de allí. Y
muerto salió de La Moneda. Para combatir el comunismo, Pinochet
empleó métodos iguales a los de los comunistas, con
saldo de más de tres mil muertos y 30 mil torturados. Su larga
mano, parecida a la de Castro, se extendió a otros países,
donde mató a ex colaboradores de Allende. Con excepción
de los cuatro años de gobierno del presidente norteamericano
Jimmy Carter, Pinochet disfrutó casi siempre del respaldo de
Estados Unidos, a distancia, que lo veía como un escudo para
impedir el avance soviético en el cono sur americano, de la
mano de Fidel Castro. Entre 1973 y 1990, Pinochet se rodeó
de importantes colaboradores económicos, que ahorraron a Chile
fracasadas experiencias socializantes que aun se practican en muchas
naciones latinoamericanas. La privatización de los servicios
sacó a Chile del caos y pavimentó el camino de la sólida
estructura socio-económica chilena de hoy. Desde siempre, y
aun hoy día, Chile ha sido el país latinoamericano con
los más bajos índices de corrupción. Sin embargo,
Pinochet no "salvó" a Chile del comunismo y en cuanto
fue posible convocó a elecciones libres y multipartidistas,
sino que se mantuvo aferrado al poder durante 17 años.
La Otra Dictadura
En enero de 1959, Fidel Castro entraba en La Habana como líder
de una revolución popular que había derrocado a un dictador,
Fulgencio Batista, que había estado en el poder durante seis
años, nueve meses y 21 días. Había una gran euforia,
una gran esperanza. Nadie sospechaba entonces que aquel joven abogado
que prometía libertades, elecciones libres en 18 meses, derechos
y desarrollo, se convertiría muy pronto en el dictador que
iba a estar más años en el poder en casi todo el mundo.
Que eliminaría todas las libertades universalmente aceptadas
y que sería en breve súbdito de uno de los imperios
más tenebrosos de la historia: la Unión Soviética.
Que Cuba caería de los primeros lugares en América Latina
en las estadísticas de desarrollo humano de Naciones Unidas
a uno de los últimos, a pesar de sus programas socialistas
de educación y salud públicas gratuitas. Que más
de 10 mil cubanos serían ejecutados en paredones de fusilamiento
o serían víctimas de otras ejecuciones políticas,
y que casi 100 mil irían a cumplir largas penas de cárcel,
en casi 50 años de gobierno autoritario. Que el médico
socialista Salvador Allende, presidente constitucional de Chile, cometería
el error, entre 1970 y 1973, de escuchar los consejos de este febril
comandante guerrillero, ya dictador absoluto e influyente, para dar
paso a un desastre económico, político y social en su
país que provocaría la sangrienta asonada militar de
1973. En 1972, Fidel Castro pasó todo un mes en Chile, "asesorando"
a Salvador Allende. Ha sido la estancia más larga del dictador
cubano en el extranjero.
Si los latinoamericanos conservamos nuestras pasiones políticas
actuales, como si la política fuese un partido de fútbol,
posiblemente dentro de 100 años todavía habrá
apasionados defensores y detractores de Castro y de Pinochet. Pero
si entendemos que el ejercicio del gobierno no es un atributo de poder
brutal, si no un acto de servicio público, de creación
de bienestar para los gobernados, en libertad y democracia, seguramente
seremos fuertes críticos de estos dos personajes, tal vez los
más controversiales de la historia moderna de América
Latina.
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