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La Ardua Tarea de
Jimmy Carter en Cuba

Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR

En sólo unos días el ex presidente norteamericano Jimmy Carter aterrizará en La Habana en visita de buena voluntad, no para tratar de cambiar a Fidel Castro, como él mismo ha dicho, si no para explorar las posibilidades de mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Hombre que pudo haber sido un magnífico primer ministro de Canadá o de Australia, pero que no se le recuerda precisamente por haber sido un exitoso presidente de Estados Unidos, Carter afronta una ardua tarea en la primera gira de un mandatario o ex mandatario norteamericano a Cuba en medio siglo.

Después de abandonar la Casa Blanca en enero de 1981, luego de haber sufrido una estruendosa derrota a manos de su opositor Ronald Reagan, Carter cobró notoriedad mundial por su defensa de los derechos civiles y políticos, y por ser un observador de gran credibilidad de los principales procesos electorales que se han realizado en los últimos años en diversas zonas del planeta.

Es en estos puntos exactamente donde la visita de Carter a Cuba podría convertirse en un boomerang para el ex mandatario. Sus puntos fuertes son los puntos débiles de la Cuba de hoy.

El hombre que inauguró la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, en 1977, y que esperó con los "brazos abiertos" a 125 mil cubanos que escaparon por el puerto de Mariel hacia Florida en 1980, no podrá recorrer Cuba sin hacer preguntas, ni podrá, como otros, sólo sentarse a escuchar a que Castro lo abrume con un monólogo de sobremesa de seis horas.

Su prestigio, su credibilidad en el ámbito de los derechos humanos y el desarrollo de las sociedades civiles lo obligarán, de algún modo, a indagar por qué aún hoy los cubanos son encarcelados por decir lo que piensan, a pesar de la liberación reciente del opositor Vladimiro Roca. Sobre todo porque otros muchos prisioneros de conciencia todavía están en las cárceles. A encontrar una lógica detrás de la permanencia en la isla de un régimen de partido único, que no permite a los cubanos elegir a sus servidores públicos en un marco de opciones múltiples. A repasar en su encuentro con los cubanos, ojalá que con el propio Castro, el hecho de que en la isla sólo existan medios de comunicación social de propiedad gubernamental, fenómeno que obliga a los cubanos a tener un limitadísimo nivel de información. Medios en los cuales la oposición pacífica no tiene el más mínimo derecho a decir una sola palabra.

¿Cómo analizar con Castro que en una época en que hasta los chinos y los vietnamitas han permitido un notable desarrollo de la propiedad privada, en Cuba el Estado y unas pocas empresas extranjeras sean los únicos dueños de todos los medios de producción y servicios? Y que a pesar de ello la economía cubana está en ruinas.

Por otra parte, el momento no podría ser peor. La visita se producirá días después de que varias naciones latinoamericanas encabezadas por Uruguay, se pronunciaran por primera vez en bloque por una mejoría de los derechos individuales y políticos de los cubanos, en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Cuando, además, Uruguay decidió romper relaciones diplomáticas con Cuba por los insultos que vivió de boca del castrismo; cuando México por primera vez en 100 años es también objeto de un fuerte ataque verbal de la dictadura cubana. Cuando el presidente del Congreso peruano ha dicho que es hora de reconocer que en Cuba no hay democracia.

Cuando inclusive España y Canadá han respaldado a Uruguay y a México en sus problemas con Castro.

Mal se vería Carter favoreciendo ahora un mejoramiento de las relaciones entre Washington y La Habana, sólo para que un grupo de granjeros norteamericanos puedan vender sus productos en Cuba, mediante créditos garantizados principalmente por el gobierno de Estados Unidos, a costa del dinero que sale de los bolsillos de los contribuyentes de este país.

Es muy difícil que Jimmy Carter se preste a algo que huela a legitimizar a un régimen con tales características. No es su estilo, no es parte de su naturaleza. La certificación que Carter pudiese hacer del desastroso estado de cosas, políticas, sociales y económicas en Cuba, pero sobre de aquéllas que tienen que ver con su sacrosanta cruzada personal por el civilismo y la libertad, quizás podrían significar el tiro de gracia a la imagen del castrismo en Estados Unidos y el mundo.

El ex presidente que abrió los brazos a quienes huían del paraíso hace 22 años, tiene la palabra.

© CONTACTO Magazine

Publicado en CONTACTO Magazine el 6 de mayo de 2002

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