La
Natividad de la Santísima Virgen María
de la Caridad y el Pueblo Cubano
Por IGNACIO M. RUIZ
| La Iglesia conmemora
de ordinario en los santos el día del nacimiento al cielo
(natale), el día de la muerte. Solamente celebra los
nacimientos terrenos de la Santísima Virgen y de San
Juan Bautista. La fiesta de la Natividad
de María -8 de septiembre-, es muy antigua, se celebraba
en el siglo VIII y procede del Oriente; es ante todo una fiesta
de redención. De modo asombroso el pueblo cubano acogió
a la virgen como su Redentora y Protectora. Y después
los creadores de la Independencia de Cuba, solicitaron fuera
Patrona de la joven nación.
La devoción de los cubanos a la Virgen María
de la Caridad descansa en realidades religiosas e históricas.
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Nace rodeada de prodigios, a partir del hallazgo
de la imagen flotando en el mar sin que los vestidos de tela se
mojaran. Los tres marineros que el mal tiempo obligó a permanecer
en el Cayo Francés o La Vigía llevaron la imagen a
la zona de Barajagua, y de esta manera estos tres hombres, dos de
ellos indios naturales del país, los hermanos Rodrigo y Juan
de Hoyos, en compañía de un negrito criollo llamado
Juan Moreno realizaron la primera procesión en Cuba con la
Virgen María. El ciclo de prodigios continuará cuando
la imagen aparece y desaparece, mostrando su interés en permanecer
en la zona de las minas.
La devoción echa raíces en un ambiente
espiritual que mitiga el duro trabajo de las minas de cobre. Indios
y esclavos cultivan una cierta solidaridad y esperanza de libertad.
Todo esto hizo que se identificara la devoción a la Virgen
de la Caridad del Cobre con lo que significara busca y defensa de
la independencia, convirtiéndose la devoción en refugio
y consuelo de los criollos que seguían los altos ideales
de la soberanía nacional.
El 12 de agosto de 1898, cuando los jefes de los
Ejércitos de Estados Unidos y España firmaron el Acta
de Capitulación en Santiago de Cuba durante la guerra Hispano-Cubano-Americana,
ausente el General Calixto García y su Estado Mayor, el mismo
General García ordenó a su Estado Mayor con el General
Agustín Cobreco al frente, que celebrasen "el triunfo de
Cuba sobre España en misa solemne con Tedeum a los pies de
la imagen de la Virgen María de la Caridad del Cobre, haciendo
de esta manera una Declaración Mambisa de la Independencia
del pueblo cubano".
En 1915 los mambises veteranos con el General Jesús
Rabí a la cabeza, enviaron una petición al Papa Benedicto
XV en la que expresaban su deseo de que se proclamase Patrona de
Cuba a la Virgen de la Caridad. El Papa concedió ese título
el 10 de mayo de 1916 y el 8 de septiembre de 1917 fue inaugurado
el Santuario. El 20 de diciembre de 1936 la virgen fue coronada
y el 24 de enero de 1998, en la Plaza Antonio Maceo, en la ciudad
de Santiago de Cuba, Su Santidad Juan Pablo II, la coronó
y declaró Reina y Patrona de todos los cubanos, poniendo
en su mano derecha un rosario de oro como obsequio personal.
Es indudable que Nuestra Señora de la Caridad
del Cobre ha sido y es un símbolo de unidad para los cubanos
que viven en la isla y para los que viven en la diáspora.
La Madre de la Caridad es recordada por todos con un profundo respeto
enraizado en el dolor y en el amor a la Patria.
El Arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor
Pedro Meurice Estíu, supo recoger este sentir de los cubanos
al dar la bienvenida a Su Santidad a tan histórica ciudad,
en su visita a Cuba diciendo: "El cubano sufre, vive y espera aquí
y también sufre, vive y espera allá afuera. Somos
un único pueblo que, navegando a trancos sobre todos los
mares, seguimos buscando la unidad que no será nunca fruto
de la uniformidad sino de un alma común y compartida a partir
de la diversidad".
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