
Viajes a Cuba, Controversia Inútil
La decisión del presidente Barack Obama de eliminar las restricciones de viajes a Cuba de cubanoestadounidenses, ha provocado una nueva controversia en el seno de la comunidad cubana de Estados Unidos. Unos están a favor de este paso, porque creen que ello permitirá una mayor unidad de la familia cubana, y porque piensan que esta decisión ayudará a los cubanos de la isla a estar en contacto con la realidad internacional, algo que podría provocar cambios en la actitud del cubano de a pie frente al régimen. Otros se oponen por considerar que la eliminación de las restricciones pondrá más dinero en las arcas de la dictadura, hecho que la haría más represiva, como ha ocurrido históricamente a lo largo de los últimos 50 años.
Los partidarios de estas medidas piensan que la hostilidad de Washington hacia el régimen comunista cubano ha sido una política fallida, que no ha logrado la democratización de Cuba. Los críticos de Obama piensan que hay otros 180 países que mantienen relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, y la política de esos gobiernos tampoco ha provocado cambios democráticos en la isla. Piensan, más bien, que esa política de confraternidad con el régimen cubano ha permitido la perpetuación del castrismo durante todos estos años.
Los del segundo grupo defienden también la idea de que los cambios deben venir no de Washington sino de La Habana, ya que allí radica la dictadura que ha gobernado Cuba durante medio siglo, con reconocidas violaciones de derechos humanos, ausencia de libertades fundamentales y control férreo del estado sobre toda la sociedad, en medio de una creciente miseria y una endémica ineficacia del gobierno para crear bienestar.
Posiblemente, ambos grupos debían analizar de manera muy razonable y calmada, los siguientes puntos:
- Es cierto que ninguna política, ni la de confrontación y embargo de Estados Unidos ni la de ingenuas relaciones diplomáticas y comerciales con La Habana ha conseguido cambios democráticos en Cuba, sobre todo porque el régimen cubano no ha mostrado flexibilidad alguna en materia de democratización y respeto a los derechos humanos. Si alguna de esas dos políticas hubiese sido efectiva, los hermanos Castro no estarían en el poder medio siglo después de haberlo tomado.
- Que las afirmaciones de ambos grupos de que la eliminación de las restricciones ayudará a la familia cubana y posiblemente permitirá al cubano de a pie cambiar su actitud pasiva, y de que los viajes y envíos de dinero a Cuba ponen divisas en las manos de la dictadura, con lo cual la dictadura, como siempre, podría hacerse más represiva, son rigurosamente ciertas.
- Que las posibilidades de una invasión militar de Estados Unidos a Cuba al estilo de la de Afganistán, Irak o Panamá nunca ha estado en el ánimo de Washington desde la crisis de los misiles de 1962, y seguramente no es parte de las metas de Barack Obama en los próximos años. No fue parte de las metas de George W. Bush, de Bill Clinton, de George Bush padre, de Ronald Reagan ni de muchos otros presidentes norteamericanos.
- Que un estallido popular o una rebelión militar dentro de Cuba tampoco son pronósticos realistas, por ahora, en cuanto a sucesos que podrían cambiar el statu quo de la sociedad cubana.
- Que el miedo alucinante que producen los aparatos represivos de la dictadura, ha llevado a las nuevas generaciones de cubanos a tener una actitud indolente ante su propia vida, actitud que ha hundido más y más a la nación en la miseria y la desesperanza, salvo en el caso de los miembros del creciente movimiento interno en favor de una sociedad libre y democrática.
- Que una expedición militar del exilio militante al estilo de la de Bahía de Cochinos, emprendida en 1961 con el propósito de derrocar por la fuerza al régimen de los hermanos Castro, está fuera del alcance de ese exilio hoy día más que nunca. Los defensores históricos de esta idea, inclusive aquéllos con capacidad militar real para algo así, tienen más o menos la edad de Fidel Castro, no cuentan con un ejército, ni con fondos de ningún tipo destinados a ese propósito.
- Que ese exilio histórico, víctima de humillaciones y represiones de la dictadura, no ha podido derrocar a los Castro es cierto, pero ya los derrotó moralmente al haber convertido a Miami en una de las ciudades más importantes de Estados Unidos, y por haber alcanzado una calidad de vida para ellos y para sus familias mil veces superior a la que el castrismo deparó a los cubanos de la isla. Después de todo, la política no es más que eso: servicio público con capacidad de crear bienestar en libertad, concepto desconocido en la Cuba de hoy.
- Que el derrumbe espectacular del Muro de Berlín en 1989 y la increíble desintegración de la Unión Soviética como nación en 1991, no se consiguió con invasiones extranjeras, ni sabotajes violentos, ni rebeliones masivas, con la sola excepción de Rumania, país en el que una minúscula élite de tropas especiales capturó y ejecutó al dictador Nicolai Ceausescu. Que una ruidosa invasión de las ideas de libertad, democracia, sentido real del progreso, del consumo y de la economía de mercado fueron las armas que dieron el tiro de gracia al mundo comunista en Europa. Simplemente, porque eran ideas más poderosas que las armas de un ejército y que las tácticas represivas de cualquier policía política.
Si todo, o por lo menos gran parte de lo anterior, es cierto, la oposición cubana radicada en el extranjero no tiene otra alternativa que usar las ideas que sirvieron a Boris Yeltsin, Yelena Boner, Lech Walesa y Vaclav Havel para precipitar la muerte del comunismo en sus países de origen. Activistas muy conocidos que están dentro de Cuba como el Dr. Oscar Elías Biscet, actualmente en prisión, José Luis García Pérez (Antúnez), a mediados de abril de 2009 en huelga de hambre, Marta Beatriz Roque, Vladimiro Roca, Héctor Palacios, Osvaldo Payá y tantos otros, son los Yeltsin, Boner, Walesa y Havel cubanos. Apoyarlos en su propósito de democratizar Cuba desde adentro no es un asunto de preferencias, sino de principios. La noche del 4 de noviembre de 2008, un héroe norteamericano, ex prisionero de guerra, llamado John McCain, se enteró de su derrota electoral. Entonces dijo: "hasta hace un momento Barack Obama era mi contrincante, ahora es mi presidente". No lo dijo por cortesía, lo dijo por principios. Por eso Estados Unidos es el país más próspero y poderoso del planeta.
La historia obliga casi siempre a romper los estereotipos políticos y las pasiones que subyacen como frenos en la conciencia de las naciones. Cuba fue la primera tierra a la que llegaron los españoles al mando de Cristóbal Colón, en 1492. También fue la última en independizarse de España en 1898. La primera gran rebelión contra la Corona española se produjo en 1868, más de medio siglo después de los estallidos independentistas ocurridos en el resto de América Latina. Y fracasó. Cuba fue el único país del Hemisferio Occidental en caer en manos del comunismo totalitario real. En noviembre próximo se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín y en diciembre, 18 años de la desintegración de la Unión Soviética. Cuba, sin embargo, no ha podido deshacerse del régimen comunista que la ha gobernado durante 50 años, como no pudo deshacerse de España durante más de cuatro siglos.
Si este inventario histórico doloroso no ayuda a los cubanos, a los de allá y a los de acá, a entender las limitaciones políticas que ataron la isla durante 406 años a España, y otras muy parecidas que la han atado durante 50 años al castrismo, nada ayudará a Cuba a convertirse en un país normal, en un futuro cercano.
Hay que enterrar las consignas petrificadas por el nefasto paso del tiempo. Sólo dos cañones infalibles ayudaron a las naciones que vivieron bajo la bota comunista: la inteligencia política y la vocación democrática. No fue golpeando la pared con la cabeza, año tras año, que los alemanes derribaron el humillante Muro de Berlín, símbolo de un sistema en el que nadie quería vivir.
El único pronóstico posible, arriesgado pero
posible, es que los hermanos Castro utilizarán otra vez su postura
habitual de no ceder, porque ceder significaría perder el poder. En
un artículo publicado a sólo horas del anuncio sobre la eliminación de las
restricciones, Fidel Castro dijo que su gobierno "no extenderá jamás
sus manos pidiendo limosnas. Seguirá adelante con la frente en alto,
cooperando con los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe,
haya o no Cumbres de las Américas, presida o no Obama los Estados
Unidos". Una agria reacción, con el título de Del
bloqueo no se dijo una palabra. Y con el tiempo, Barack Obama perderá interés
en esa cercana y pintoresca isla tropical, en la que un día hubo unos
misiles nucleares soviéticos apuntando hacia Estados Unidos.
(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de
la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
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