

No es necesario seguir adelante con esta discusión tonta. Lo ha confirmado un histórico moderno del comunismo, el comandante sandinista Tomás Borge, actual embajador de Nicaragua en Perú. No hay socialismo del siglo XXI, es sólo un seudónimo, el socialismo es uno solo.
Así, textualmente, lo declaró Borge al periódico nicaragüense El Nuevo Diario. Por supuesto, es posible encontrar lunáticos que se amparan en la teoría romántica, como el sociólogo alemán Heins Dieterich, militante de la vieja escuela marxista, que aseguró al Diario Co Latino de El Salvador que el socialismo del siglo XXI "busca la justicia social y la profundización de la democracia real, participativa para la gente".
Es bueno destacar que Dieterich ha sido asesor de Hugo Chávez y es profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de la Ciudad de México. Esto, dicho con respeto, ayuda a entender por qué algunos estudiantes no pueden distinguir entre el carácter narcoterrorista de las guerrillas de las FARC y los ideales de justicia social.
Borge, al menos, es realista, por no decir honesto. ¿Acaso conoce Dieterich algún modelo socialista de tipo autoritario sobre la faz de la tierra, antes o ahora, que haya permitido la "profundización de la democracia real", o que haya conseguido la "justicia social"?
Está claro que el socialismo de hoy día está dividido en dos, el socialismo democrático real de Lula da Silva, Rodríguez Zapatero, Tabaré Vázquez o Michelle Bachelet y el socialismo autoritario y fanático de Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales. El primero podría ser calificado como mínimo de socialismo moderno. Sus defendores no sólo usan la democracia para llegar al poder, si no que una vez en el gobierno respetan los principios democráticos y se valen de fórmulas exitosas para el bienestar de la sociedad. El otro grupo, obviamente, también se vale de la democracia para llegar al poder, pero una vez arriba respeta muy poco los principios democráticos y la emprende de manera autoritaria contra quienes piensan diferente, a la vieja usanza marxista-leninista. Además, como en el caso de Chávez, existe el propósito innegable entre sus líderes de permanecer aferrados al poder el mayor tiempo posible, mediante el gastado ritual de recitar un rosario de consignas en nombre del pueblo, diariamente.
Por suerte, el grupo de los socialistas democráticos reales, Zapatero, Bachelet, Lula, ha conseguido éxitos sociales y económicos que se pueden tocar con la punta de los dedos. Para ello, no sólo han utilizado fórmulas socialistas en política sino también mecanismos capitalistas que han servido históricamente para la creación de riquezas. El segundo grupo, no. Este segundo grupo hostiga al sector privado hasta desalentarlo y anularlo, con lo cual se anula la verdadera productividad de las naciones. ¿Acaso alguien puede afirmar que la Venezuela gobernada por Chávez durante los últimos 10 años es mejor que la anterior? Por supuesto que no.
De modo que de la afirmación de Borge se desprende la idea de que el llamado socialismo del siglo XXI, el que defienden los chavistas, sólo usa la democracia para llegar al poder, en lugar de emprender revoluciones armadas violentas, como antes. Una vez en el poder va en busca del control del Estado sobre la sociedad, inclusive sobre los bienes de producción y servicios, y con ese control reprime a la sociedad misma, como ha hecho Chávez. No hay que olvidar que el gran modelo revolucionario del caudillo venezolano es Cuba y Fidel Castro, modelo que tiene la hoja de críticas más antigua y extensa en América Latina dentro de los expedientes de Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Pax Christi y otras muchas organizaciones internacionales de derechos humanos.
Por si todo lo anterior fuera poco, se debe entender
que las naciones que emprendieron el aterrador experimento
marxista a lo largo del siglo XX, no fueron invadidas ni atacadas.
Ellas mismas renunciaron al marxismo-leninismo como base del socialismo,
ante la evidencia de su fracaso. La Unión
Soviética no fue un país pequeño acosado por el imperialismo,
fue el país con más población de la Tierra, una gran potencia mundial
en lo militar y lo económico, e inclusive en el campo científico-técnico.
Pues bien, la Unión Soviética no sólo renunció al
marxismo como ideología socialista, también se desintegró como
nación..., voluntariamente.
(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo
de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
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