

El Rocky Mountain News cerró sus puertas, la impresa y la digital, en febrero de 2009 tras 150 años de vida; la cadena Tribune, propietaria de los diarios Los Angeles Times y Chicago Tribune, y del canal de televisión KTLA entre otros muchos medios, se declaró en bacarrota en diciembre de 2008; el Seattle Post-Intelligencer, se trasladó totalmente a Internet en marzo de 2009, luego de 146 años de historia; en abril de 2009, el legendario periódico Christian Science Monitor hizo lo mismo, después de haber puesto papel y tinta en las manos de sus lectores internacionales durante 101 años. A mediados de 2009, habían clausurado sus operaciones tradicionales 105 periódicos estadounidenses. A principios de 2010, aproximadamente 20 mil periodistas de Estados Unidos, de todas las razas y colores, se encontraban en las filas del desempleo. Terrible, pero nada nuevo. Desde 2001, cuando no había crisis económica, 105 mil empleados de periódicos han perdido sus empleos. ¿Acaso ha muerto el periodismo en esta ruidosa región del mundo?
El desplome de las audiencias de los medios tradicionales ha hecho pensar a muchos que la profesión periodística agoniza en medio de una auténtica pandemia. En el pasado, el entusiasmo por las nuevas crónicas que había que contar, inundaba las salas de redacción. Hoy reina el pesimismo. Para muchos se trata del mismo sentimiento que experimentaron los monjes copistas, cuando Johannes Gutenberg los desplazó de sus empleos al inventar la imprenta en 1436. ¿Es Internet el equivalente a la invención de Gutenberg? Y si lo es, ¿provocará la muerte del periodismo?
Creo con absoluta sinceridad que el periodismo no está muriendo, sino las plataformas por donde había rodado hasta ahora esta apasionante profesión. Si las audiencias se están trasladando a Internet, entre otras cosas, para leer crónicas, reportajes, entrevistas, artículos de opinión y para participar con sus propios comentarios, entonces, en honor a la verdad, debemos decir que el periodismo se está enriqueciendo. Comprendo, la pregunta que sigue es ésta: si se está enriqueciendo, ¿por qué hay 20 mil periodistas desempleados en Estados Unidos? La respuesta es también elemental: las plataformas de que estamos hablando, periódicos y revistas -radio y televisión están en la crisis por otras razones parecidas, no las mismas-, están a la caza de nuevos modelos de financiamiento en Internet. Más temprano que tarde, los encontrarán. Desde hace mucho, vivimos días en los que resulta imposible pensar en el futuro, y en el presente, sin saber exactamente cómo financiar lo que queremos hacer.
Para tener una idea más clara del asunto, debemos comparar la crisis de desempleo con otras industrias. Para tranquilidad provisional de los periodistas, hay otras industrias peores. Cifras de la Oficina del Censo y de varios expertos revelan que en 2001 había 414 mil empleados en los medios de Estados Unidos, y en 2009 había 309 mil. Esto significa un declive de 25.4 por ciento. En la industria automotriz, sin embargo, la caída ha sido de 33 por ciento, de un millón 300 mil empleados en 2001 a 850 mil en 2009. El empleo en la industria de la alta tecnología, que se supone que es la punta de lanza del presente y el futuro, el declive ha sido de 11 por ciento, de 6.6 millones de empleados a 5.9 millones, en el mismo período. Es decir, esta última industria está mejor que la de los medios en materia de conservación de empleos, pero el mundo mediático está mejor que la industria automotriz.
En un intercambio de ideas con mis amigos y colegas Manuel Gayol Mecías, escritor y editor del suplemento cultural digital Palabra Abierta, y Roberto Alvarez Quiñones, ex integrante del equipo de editores de La Opinion de Los Angeles, compartía mi punto de vista de que la prensa, es decir lo impreso, no morirá del todo, pero se convertirá con el tiempo en un placer de minorías, como ocurrió con la poesía. Me atrevo a decir que ese fenómeno quedará totalmente definido dentro de unas tres o cuatro décadas, cuando las generaciones que leen lo cotidiano en papel hayan desaparecido. Como ya sabemos, hace mucho tiempo que los jóvenes no leen en papel.
No hay que olvidar que ha comenzado el debate sobre un nuevo ángulo de este tema: el desarrollo del Kindle y del iPad, concebidos para leer libros, revistas y periódicos. Estos nuevos aparatos hoy son caros y están en su prehistoria, pero muchos de nosotros hemos tenido el privilegio de ver la prehistoria y la consolidación, por ejemplo, del teléfono móvil, en el que también se puede leer. Si hemos visto ambas cosas, la prehistoria y la consolidación del móvil, significa que eso ocurrió en un plazo muy corto, unos 20 años. Me causa curiosidad el hecho de que, a pesar de esa consolidación, el teléfono de pared no haya desaparecido. Tal vez pasarán una o dos décadas antes de que esto ocurra. ¿Quiénes estamos colgados todavía del teléfono de pared, aun cuando usamos los móviles? Los que crecimos con él. ¿Cuántos jóvenes lo usan? Casi ninguno. Lo mismo podría ocurrir con la prensa. O quizás no. Hemos pasado tanto tiempo con lo que sale de la imprenta en las manos, que quizá pensamos que es la única manera de transmitir lo escrito. Olvidamos a veces que mucho antes se escribió en piedras y en papiros. Para ser más precisos, no tenemos ninguna referencia escrita de la Edad de Piedra. Todas las crónicas que hemos disfrutado de aquella época, están pintadas o esculpidas en las cavernas. ¿Quién puede asegurarme que las próximas crónicas de lo cotidiano no aparecerán publicadas en tercera dimensión, en las puertas cristalinas de futuros refrigeradores y hornos de micro-ondas? ¿En los parabrisas de los coches? ¿En el espejo del baño a la hora de afeitarnos, con publicidad incluida? Tanto para estos últimos ejemplos ultramodernos, como para regresar a la Edad de Piedra si fuese necesario, se necesitan periodistas.
A finales de febrero de 2010, el diario The New York Times -¿acaso podría ser otro?- anunció que sus ejecutivos estaban debatiendo intensamente un modelo de financiamiento en el que podría intervenir la publicidad y el pago por leer en Internet, simultáneamente. Se abrirán áreas digitales que estarían disponibles sin costo alguno para el lector, durante cierto tiempo. El pago del lector comenzaría a partir de cierta cantidad de visitas. Interesante y diferente a lo que proponen otros medios. El Times dijo también que el modelo final estará listo después de muchas pruebas e investigaciones rigurosas.
Muchos otros experimentos se están haciendo actualmente,
inclusive dentro de organizaciones periodísticas que operan sin fines
de lucro. Más
temprano que tarde se encontrará el modelo de negocios apropiado.
Insisto, no se puede prescindir de los periodistas en la era de la información.
Ya está definido que el llamado "periodismo ciudadano",
el que hacen voluntariamente algunas personas al enviar fotos y datos a los
medios, es y será algo muy complementario,
pero jamás sustituto del trabajo periodístico. ¿Cuántos
periodistas se necesitan para satisfacer las necesidades de mil 730 millones
de internautas que hay en el mundo? ¿Para suministrar el contenido
que necesitan 234 millones de sitios web que existen hoy día? Muchos,
muchos periodistas. Es cuestión de paciencia.
(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de
la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
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