
Fidel Castro Obsesionado con Barack Obama
Como si fuese víctima de un senil trastorno sexual, Fidel Castro se ha obsesionado con el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Al principio lo calificó de "honesto", "sincero" y "noble". Unos días después, lo acusó de "compartir el genocidio contra los palestinos". Ahora ha dicho que el carismático mandatario estadounidense "va perdiendo su virginidad" en relación con la política de Washington hacia Cuba. ¿Qué hay detrás de esta nueva patología del anciano dictador?
¿Quiere probar la firmeza del nuevo presidente, con presiones, como hizo en el pasado con Jimmy Carter y Bill Clinton? ¿O quiere quitarle a Obama de la cabeza esa peregrina idea de tener relaciones normales con Cuba?
Durante su medio siglo de protagonismo político, Castro se acostumbró a tenerlo todo. Todas las libertades, sólo para él; todas las propiedades, sólo para él; todos los poderes, sólo para él. Su mayor escudo para justificar represiones, censuras, fusilamientos y confiscaciones, ha sido precisamente la posibilidad de tener un enemigo poderoso a sólo 180 kilómetros de distancia.
Eso de que Obama haya dicho a la periodista María Elena Salinas, de la cadena Univisión, que estaba dispuesto a reunirse con el general Raúl Castro "siempre y cuando Cuba esté también dispuesta a desarrollar las libertades personales en la isla", parece haber desatado la ira del mayor de los Castro. O tal vez era, precisamente, la frase que el líder comunista estaba esperando para cerrar su luna de miel con el nuevo rostro de Washington, para separarse definitivamente de la Obamanía. En la misma entrevista, Obama dijo que el patrocinador y alumno de Castro, Hugo Chávez, había "impedido el progreso" de América Latina.
No se debe descartar la idea de que Castro, en su senilidad, haya pensado que Obama, por sus antecedentes liberales, se iba a convertir en un aliado del eje La Habana-Caracas-Managua-Quito-La Paz. Que tal vez viajaría a Cuba para pedirle consejos, como hace Chávez. Eso habría sido el broche de oro para el cierre de la larga carrera política de Castro, justamente en el 50 aniversario de su revolución. En cuanto descubrió que Obama, con toda su carga de izquierdas, también sabe de derechos humanos y libertades fundamentales, y está dispuesto a exigir esos valores al castrismo, el veterano comunista pasó a la ofensiva. Chávez hizo lo mismo.
Experto en las oscuras conspiraciones del ajedrez político, Castro quiere ganar con cualquiera de las dos fórmulas. Si Obama estuviese dispuesto a convertirse en su aliado, ¡formidable! Sería torpe desaprovechar la enorme popularidad internacional del mandatario afroamericano, siempre que éste no demande condiciones que pongan en peligro la estabilidad del poder castrista. Pero si Obama decide mantener a Estados Unidos como enemigo del castrismo, no tan formidable, pero muy bueno. Con esta última alternativa, el anciano dirigente puede seguir navegando en las aguas que conoce mejor. Quizás por eso y por la entrevista ya mencionada, cambió tan rápidamente de los adjetivos generosos a la condena de Barak Obama.
Mientras tanto, su hermano Raúl Castro envió señales confusas. En lugar de estar donde le correspondía durante los festejos por el décimo aniversario de la llegada al poder de Chávez, es decir, en Caracas, hizo un largo viaje hasta Moscú. Estuvo ausente en las fiestas de la capital venezolana. Pidió a un viejo y leal amigo, José Ramón Machado Ventura, un histórico de la dictadura cubana con el cargo de primer vicepresidente, que lo representara ante Chávez. De Rusia, se fue a Angola, y de allí a Argelia. ¿Algún problema con Chávez? ¿Ofensiva internacional en busca de apoyo ante las exigencias de Obama? ¿Decisión tomada por cuenta propia o sugerida por su hermano mayor? En cualquiera de los dos casos, ¿decisión motivada por la certeza de que con la ayuda del chavismo Cuba no saldrá de su vergonzoso derrumbe, especialmente después del desplome de los precios del petróleo?
Sólo algunos de los que caminan por los sordos pasillos del Palacio
de la Revolución,
en La Habana, saben la verdad. En esos pasillos también se comentan,
de noche y de día, los detalles de la nueva enfermedad de Fidel Castro:
su osbsesión por Barack Obama.
(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo
de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
Memorias de una Revolución en
Bancarrota
El Sino de los Tiranos



