


Una manifestación del Movimiento Nacional Socialista en Los Angeles el pasado sábado 17 de abril de 2010, habría resultado un espectáculo pintoresco, y hasta risible, de no ser por las implicaciones que ha tenido el discurso de este grupo neonazi que proclama la superioridad blanca por encima de otras razas y culturas, y por sus puntos de vista acerca de uno de los episodios más degradantes en la historia de la humanidad: el holocausto judío.
Frente al Ayuntamiento de Los Angeles estuvieron unos 50 miembros de este grupo de ultraderecha con cascos negros sobre sus cabezas, como los que usaban los soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, y la swástica que caracterizaba al nazi-fascismo de Adolfo Hitler. Allí cantaron el "Sieg heil" y acusaron a los inmigrantes de robar empleos a los blancos y de cometer crímenes. No fue un día fácil para ellos. Unos 500 ciudadanos de diversas razas hicieron frente al grupo, exigiendo que los neonazis se fueran de Los Angeles. La Policía tuvo que desplegar su equipo antimotines para evitar males mayores. Cinco antinazis fueron arrestados por lanzar piedras a estos simpatizantes de la presunta superioridad blanca.
El joven inmigrante ecuatoriano Marcelo Lucero fue asesinado el 8 de noviembre de 2008 en Long Island, Nueva York, en medio de un asalto realizado por siete jóvenes que aquel fatídico día se dedicaron a cazar inmigrantes. El juicio a los asaltantes de Lucero aún está en marcha, y son muchos los que creen que estos jóvenes blancos fueron alentados, precisamente, por el discurso racista de los neonazis.
El ídolo de este grupo, George Lincoln Rockwell, fundó el Partido Nazi de Estados Unidos en diciembre de 1959, luego de haber creado en marzo del mismo año la Unión Mundial de Nacional Socialistas por la Libre Empresa. Rockwell encabezó la ayuda que su partido ofreció al Ku Klux Klan en la década de los 60, para enfrentar al entonces creciente movimiento de derechos civiles. Posteriormente, Rockwell consideró que el Klan había envejecido y no estaba en condiciones de defender con éxito el argumento de la superioridad blanca. Su mensaje básico era mantener la segregación racial. Sin embargo, elogió al fundador de la Nación del Islam, Elijah Muhammad, como líder de la "gente negra de Hitler", y a Malcolm X, a quien calificó de "verdadero dirigente de la América negra". No hay que olvidar que Hitler tuvo a los árabes de aliados en el norte de Africa durante la Segunda Guerra Mundial. Pero Malcom X no se dejó engañar por los elogios de Rockwell y le advirtió que su discurso racista podría alentar a los supremacistas blancos a cometer actos violentos contra miembros del movimiento de derechos civiles, que en aquel momento calificaba su lucha de cívica y no violenta. Rockwell fue asesinado el 25 de agosto de 1967 por John Patler, hijo de inmigrantes griegos, que fue expulsado del Partido Nazi en marzo de ese mismo año. Patler había comenzado a leer libros de marxismo, después de lo cual creó fricciones entre los miembros del partido. Por ello fue expulsado.
El Partido Nazi, sin embargo, no es el único defensor de la supuesta supremacía blanca. Las Naciones Arias es otro grupo de este tipo. Los Skinheads (cabezas rapadas) igualmente son parte del movimiento neonazi de Estados Unidos. A este último grupo se atribuyen no menos de 37 homicidios desde 1988 y se calcula que está formado por aproximadamente 3.500 miembros en 40 estados. Y no hay dudas, estos grupos se entrecruzan, se abrazan y santifican la violencia como mecanismo de poder racial con un lenguaje público ofensivo hacia los afroamericanos, los judíos, los latinos, los asiáticos y los homosexuales. No es nada exclusivo de Estados Unidos. Alemania, Gran Bretaña, Australia y otros muchos países albergan grandes grupos de neonazis y cabezas rapadas.
Alguna gente cree que el Ku Klux Klan, el grupo racista más antiguo de Estados Unidos, está muerto. No es así. El Klan, que comenzó sus actividades en diciembre de 1865 en el sur del país, está formado hoy día por unos 150 grupos y un total de aproximadamente ocho mil miembros a nivel nacional. En su momento culminante, en 1924, el Klan tuvo seis millones de miembros. Aun se recuerda a esta organización por linchar negros y matar a activistas de derechos civiles.
Si estos grupos tienen todos estos antecedentes violentos, ¿por qué reciben permiso oficial para marchar públicamente con su discurso de odio? Buena pregunta. La respuesta: están protegidos por la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantiza la libertad de expresión. Claro, sólo en lo referente a su argumento de la superioridad blanca. La Primera Enmienda no los protege, por ejemplo, si deciden proponer el linchamiento de personas o la discriminación en el empleo.
Hay preguntas que se me antojan demoledoras para estos grupos. Si la superioridad de ellos es real, ¿por qué ninguno de sus líderes está vinculado a la exploración espacial como lo está el costarricense Franklin Chang-Díaz, veterano astronauta de la NASA y pionero en el estudio sobre las posibilidades de vida fuera de la Tierra? Si son tan inteligentes, ¿por qué ninguno de ellos es parte de las grandes investigaciones científicas de nuestra época como, por ejemplo, lo es el mexicano Mario Molina, ganador del Premio Nobel de Química por sus trabajos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts? Si son tan diestros en el uso de las armas, ¿por qué ninguno de ellos ha logrado ocupar el cargo de jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, como el general afroamericano Colin Powell?
Hay que hacer estas preguntas a todos estos grupos,
muy especialmente al Ku Klux Klan, últimamente aliado de los neonazis, y al Partido Nazi
de Estados Unidos, en cuya página de Internet hay una copia lista
para descargar en formato pdf de Mein Kampf (Mi lucha), la obra maestra y
funesta de Adolfo Hitler.
(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de
la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
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