
El Exilio Cubano en Otra Trampa
Hay que empezar por el principio, para evitar confusiones. Los exilios son
víctimas, y las dictaduras victimarias. Así ha sido a lo largo
de la historia. Este es también el caso del exilio cubano de Miami,
víctima de una dictadura que se hizo del poder hace 50 años,
en Cuba. Pero como lo es para las señoritas de buenos modales, también
para los exilios no basta con ser decentes, hay que parecerlo. En medio de
la controversia provocada por el concierto del cantautor colombiano Juanes
en La Habana, ciertos sectores del exilio cubano han caido en otra trampa,
una más de las muchas que ha tendido la inteligencia cubana en estas
cinco décadas o que ha nacido de la propia ignorancia política
de algunos círculos de exiliados.
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Una gran parte de ese exilio ha manifestado respetuosamente su desacuerdo con
la decisión de Juanes de hacer tratos con el Ministerio de Cultura de
Cuba para el concierto, el mismo ministerio que censura a artistas y escritores,
y por haber aceptado compartir el escenario con el oficialista cantautor cubano
Silvio Rodríguez en la Plaza de la Revolución, escenario de importantes
discursos de Fidel Castro, que han tenido resultados catastróficos para
el pueblo de Cuba. Esa parte del exilio, además, ha dejado claramente
sentado que es un derecho de Juanes ir a Cuba y cantar allí. Ese grupo
entiende con claridad meridiana que las actitudes estridentes, extremistas
y parecidas a las de una dictadura, son fórmulas fallidas para enfrentarse
a una dictadura, porque son fórmulas ajenas a las víctimas. Saben
perfectamente que la única actitud limpia de una víctima es no
parecerse a su victimario, entre otras cosas, para no perder el prestigio que
siempre tiene una víctima.
En este grupo de figuras públicas inteligentes están el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner y los cantautores Willy Chirino, Albita Rodríguez y Amaury Gutiérrez, entre otras personalidades. Eso no quiere decir que simpaticen con la idea de Juanes de cantar en Cuba, ni tampoco que crean siquiera que Juanes simpatiza con el régimen de La Habana. Quiere decir solamente que respetan la decisión de un artista, porque saben que lo peor que puede pasarle a una víctima es convertirse en victimario de un artista que canta canciones de paz y amor.
He leído con suma tristeza que en Miami un grupo del exilio quiere realizar una manifestación con martillos, para destruir discos de Juanes. No voy a cometer la grosería de decir que eso es una campaña orquestada por alguno de los más de 200 agentes e informantes que la inteligencia cubana tiene desplegados en territorio de Estados Unidos, cifra revelada por varios desertores de esos servicios. No voy a ser tan grosero. Pero, ¿a quién beneficia una manifestación de anticastristas destruyendo piezas de algo que la mayoría de los mortales considera hermoso? A los hermanos Castro, a la élite del régimen represor de La Habana, a los servicios de inteligencia cubanos que juegan con ciertos sectores del exilio como si esos sectores fuesen sus mascotas.
Hubiese preferido enterarme de que se organizó en Miami una exposición de pintura o fotografías sobre la represión en Cuba, y que a ella fueron invitados Juanes, Olga Tañón y Miguel Bosé, por cierto, firmante este último de una carta de protesta por el fusilamiento de tres jóvenes y el encarcelamiento de 75 disidentes cubanos en la primavera de 2003. O tal vez una muestra de cine en la que se exhibieran los documentales Conducta impropia, sobre los campos de concentración para jóvenes cubanos en la década de los 60, y Nadie escuchaba, sobre el drama de los prisioneros políticos en Cuba.
O un gigantesco homenaje póstumo a Reinaldo Arenas, el escritor encarcelado y humillado por el régimen, con la presencia de Javier Bardem, el actor español que lo interpretó en la película Antes de que anochezca, y también con la asistencia, por supuesto, de Juanes, Tañón y Bosé, y de otras muchas figuras públicas que ayudan a forjar opiniones en ese indetenible movimiento de las ideas. Bardem es también firmante de la carta de protesta de 2003.
El castrismo ha gastado millones de dólares para atraer simpatizantes, durante cinco décadas, mediante campañas espectaculares de relaciones públicas y promoción de sus ideas. Es inconcebible que no hayamos aprendido esta lección, especialmente después de la experiencia ganada en el fragor de la derrota, tras el caso del niño Elián González.
Para un grupo de víctimas, es imposible prever una trampa de los poderosos e inescrupulosos servicios de inteligencia cubanos. Pero es absurdo tenderse uno mismo su propia trampa.
Los exilios son víctimas, las dictaduras victimarias.
(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo
de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
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